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Misioneros extraordinarios en lo ordinario: Cecilio Arturo Molina, ¡República Dominicana es mi misión!

Compañero de Juan Manuel Febles en El Seybo (República Dominicana) es Cecilio Arturo Molina Ramos. Nacido en 1991 y criado en una familia católica no practicante, su mayor cercanía a la Iglesia llegó al entrar en el Politécnico Santa Cruz Fe y Alegría: “En este lugar conocía a muchas personas que me animaban. Solo veía cómo actuaban y su trabajo dentro de las parroquias. Toda este gente me sirvió de ejemplos en mi camino hacia la Iglesia. Especialmente, vi cómo actuaban en las parroquias las Misioneras de Asunción, que me animaron mucho”.

“También –asegura– le debo mucho a mi amigo y hermano Juan Manuel Febles, Wander; es un gran ejemplo y fue él quien me invitó a la Pastoral Juvenil. Desde ese momento, mi vida ha sido otra”.

El comienzo de un proceso

Con él también entró en Radio Seybo, la emisora de los dominicos (muy significativa en la zona, pues actúa de altavoz en defensa de las comunidades rurales frente a la voraz acción de las azucareras), conociendo al religioso Kike Sariego y a Marlen Hilario, misionera Dominica del Rosario. El primero le invitó junto a su amigo a vivir “una gran aventura”, la de la vocación a la vida religiosa. “Desde ese momento –asegura–, comenzó mi proceso”.

Pero Kike Sariego enfermó y tuvo que irse a España. Eso sí, no se quedó sin referentes dentro de la comunidad fundada por Santo Domingo… “Entonces, encontramos a Miguel Ángel Gullón, otro misionero español, con el cual se abrió un nuevo proceso de acercamiento profundo a la Orden de Predicadores. Fue una gran experiencia que me marcó”.

Una gran aventura

“Desde ese momento –destaca–, aprendí que la vida religiosa debe estar cerca de los más necesitados. Le doy las gracias a Miguel Ángel por guiarme y ayudarme en el momento quizás más difícil de iniciar una gran aventura, que es el inicio. Con él me he preparado espiritual, personal e intelectualmente”.

“Radio Seybo –concluye–me sirvió como casa para mi formación, para mi acercamiento a los más necesitados, para luchar por la dignidad de las personas, para mi vocación. Han pasado algunos años y tengo que decir que no me arrepiento de esta gran aventura, en donde sigo encontrando muchos hermanos valiosos que están ahí, presentes. Igualmente, cuento con la ayuda de Dios, que me fortalece cada día más, y con la de mi familia”.

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