1. Clamores cotidianos
Con solo levantar la mirada de las pantallas de los móviles y su “IA” que nos hacen todo con el mismo “estilo”, encontramos un mundo que clama… Palestina clama paz… Siria clama Paz… El Líbano clama paz… África clama paz, justicia… El desposeído clama ayuda… Los que sufren claman alivio… Los que viven el abandono claman presencia. Los trabajadores suplican salarios dignos, empresarios reclaman leyes para determinadas cuestiones, etc.
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¡Los que no tienen voz, gritan con sus existencias que cambiemos el sendero del mundo!
¡La naturaleza clama que la cuidemos!
La vida clama que sea valorada, respetada, querida, asumida, proyectada…
2. Clamores divinos
El testimonio que nos llega de Jesús, es que su vida es un clamor constante. Desde la anunciación hasta la Parusía, el Evangelio es un clamor, es decir, un grito fuerte y enérgico que quiere romper toda opresión. El Mesías nacido en Palestina, elevó la voz para:
- liberar a Dios de las caricaturas que las religiones se hacen de lo divino: él anunció la salvación gratuita y la religión la hizo premio. Él clamó por el Dios que nos hace protagonistas de la historia, y la religión lo hizo el “dios tapa agujeros. Él proclamó padre/madre y la religión lo hizo un Dios que pone requisitos para amar y sino castiga, reprende, manda males, etc. Él anunció a un Dios que deja en libertad a las personas y la religión lo predica como a “quien hay que decirle que si”(León XIV – Viaje a España, 2026). Jesús compartió la liberadora experiencia que su padre invita, convoca, seduce, etc., y la religión lo presenta como una divinidad que oprime y hasta castra los placeres de la existencia (Alberich Sotomayor, Emilio, 2012)
- liberar al ser humano: En Jesús descubrimos la existencia de un Dios que nos hace libres y nos considera como parte de su propia propuesta (Concilio Vaticano II – DV, 1965), porque el ser humano, si Dios es padre, es hijo antes de cualquier rito religioso: “La Pascua es la muestra más clara que el Padre – Madre no nos abandona. Esta experiencia nos librará de muchos temores y esclavitudes. Posibilita la reconciliación y la caridad con los demás hermanos (1ª Jn. 5, 1). Es un Padre común, amor derramado que nos transforma en hermanos. La oración de este Reino y para este Dios es el Padre Nuestro. Desde esta perspectiva entendemos la fraternidad. Por eso afirmamos que es un Dios para el hombre y que el hombre es para Dios”(Curia, Christian, 2013). Él ubica al ser humano antes que la religión porque el rito está hecho para el ser humano y no al revés.
- oponerse a todo modelo anti humano: Jesús bregó para que lo primordial en las comunidades que lo seguían sea ubicar en el centro de toda acción a las personas, especialmente a aquellas que eran marginadas o excluidas por la sociedades y religiones… ¡El rezaba primero por los demás! ¡Él se acercaba y dialogaba! ¡Él se enfrentó contra el poder político y religioso de su época, especialmente cuando conculcaba los derechos de las personas! ¡Él abrazó a los desposeídos y los sentó en su mesa! Las religiones muchas veces priman sus propias prebendas antes que reivindicar a la humanidad, o anteponen sus cuestiones a las realidades humanas (como pasa en la llamada “oración universal” del viernes santo o para que una oración de los fieles sea considerada litúrgica: Por la Santa Iglesia, Por el Papa, Por los ministros y el pueblo de Dios, Por los catecúmenos, Por la unidad de los cristianos, Por el pueblo judíos, Por los no creyentes en Cristo, Por los no creyentes en Dios, Por los gobernantes, y por último “Por los afligidos y necesitados” (CEA – MRC, 2011)… evidentemente esa expresión religiosa invirtió el modelo propuesta por Jesús.
- oponerse a modelos hegemónicos: cuando lo anhelado era un rey poderoso, él se hizo niño; cuando el modelo era lo divino “allá arriba”, él se hace palabra y alimento al alcance de la mano; cuando el sistema excluía, él incluía; cuando el modelo era matar a tus enemigos, él se hizo hermanos de todos… pero la religión después establecerá una fiesta en honor a su madre por una guerra en donde ella ayuda a matar gente (Nuestra Señora del Rosario 7/10).
- Clamar contra el dualismo: mientras algunos predicaban una oposición entre lo creado y el Creador, él nos hace comprender que “Dios no actúa desde arriba o desde afuera, sino que, desde dentro, con la más real realidad dinámica, en el proceso evolutivo del mundo, proceso que él hace posible, que él dirige y consuma. No actúa por encima del proceso del mundo, sino en el proceso del mundo” (Küng, Hans, 2010, pág. 35)…y la religión muchas veces se enfrasca en oposiciones, en separaciones, en divisiones.. a menudo, la religión, en su carácter diabólico, separan lo que Dios ha unido (Boff, Leonardo, 1991).
3. Clamores comunitarios
El Concilio Vaticano II, desde sus orígenes pre asamblea, clamó por una iglesia abierta al mundo para discernir los signos de los tiempos y “sacar el polvo imperial que, desde Constantino, se ha pegado en el trono de Pedro” llegó a decir Juan XXIII (Madrigal, Santiago, 2009).
Yves Congar consideró que la palabra clave del CVII que clama contra el modelo “monárquico”, es colegiabilidad (Schikendantz, Carlos, 2001, pág. 68). No es una palabra novedosa en la historia de la Iglesia. La enseñanza de la colegiabilidad es la que pone el acento y la primacía en lo comunitario. El Concilio de Constanza de 1414 a 1418 habla de la Colegiabilidad y afirma: “En cuanto debidamente reunido en el Espíritu Santo, formando un concilio general y representando a la Iglesia católica, el sínodo recibe directamente su poder de Cristo. Y a él, por tanto, deben obediencia, en todo lo referente a la fe, a la superación del mencionado cisma y a la reforma de esta Iglesia en su cabeza y en sus miembros, todos, en cualquier estado y dignidad, incluido el papa (Küng, Hans, 2004, pág. 275)”. El Concilio Vaticano II restablece esta idea de Colegiabilidad y corresponsabilidad del colegio episcopal en la conducción de la Iglesia (LG. 21 – 23): la comunidad de fe como corresponsable de la comunión, de la celebración y de la conducción.
Por tal motivo, la iglesia que se inspira en los clamores divinos y humanos, grita en voz alta contra todo ghetto.
4. Un clamor necesario
Necesitamos ser comunidades que claman…
- Ubicando al ser humano como el centro de la acción evangelizadora, porque la iglesia se considera “servidora de la humanidad” (Pablo VI – Discurso de clausura CVII, 1965).
- Contra la mentalidad de ghetto o de casta que aún predomina tanto en clérigos como en laicos, porque para que exista un sádico debe existir un masoquista (Fromm, Erich, 2004).
- Por la unión entre los gozos, esperanzas, anhelos, búsquedas de las personas, como gozos, esperanzas, anhelos, búsquedas de las comunidades (Concilio Vaticano II – GS, 1965) (#1).
- Por un debate interno para no preguntarnos más sobre nosotros mismos que en los demás, para seguir consolidando un modelo reinstaurado por el eje polaco – alemán, de ser una “potencia conservadora, defensora de lo establecido” afirmada Karl Rahner (González Faus, José; Torres Queiruga, Andrés y otros, 2012)
- Contra la mentalidad de “resistencia” que se niega a toda reforma y apertura.
- Contra todo modelo hegemónico que “se ha institucionalizado de tal forma que ahoga ya en su planteamiento toda creatividad y actividad” dice Josef Othmar Zöller.
- Contra la cosificación de la gracia, pensando que ella actúa donde nosotros le decimos, porque tenemos que re aprender que ella “actúa también en los ateos” (Karl Rahner) o “de manera solo conocida por Dios” (GS #22).
- Contra la mentalidad apologética que siempre está a la defensiva y no se deja enseñar por un Dios frágil.
- Contra los modelos eclesiásticos que dan seguridad oprimiendo, censurando, cancelando.
- Contra lo “políticamente correcto y obsecuencia”, proponiendo el “evangelio de la provocación” (González Faus, José; Torres Queiruga, Andrés y otros, 2012).
- Contra líderes religioso que piensan que con ellos la comunidad se inicia… para ello es necesaria la memoria agradecida y no olvidarnos del Evangelio y del Concilio Vaticano II:
“De esta forma, el Dios de la revelación que dirige el aggionamento conciliar es el Dios del amor, tan infinitamente manta fuera de si como es eternamente amante en si” (Martelet, Gustave, 1998)
Haciendo memoria agradecida y clamando son su legado, es que recordamos a nuestro querido y venerado Ángelo Roncalli, que iniciando el Concilio Vaticano II, afirmó:
“Nos parece justo disentir de tales profetas de calamidades, avezados a anunciar siempre infaustos acontecimientos, como si el fin de los tiempos estuviese inminente. En el presente momento histórico, la Providencia nos está llevando a un nuevo orden de relaciones humanas que, por obra misma de los hombres pero más aún por encima de sus mismas intenciones, se encaminan al cumplimiento de planes superiores e inesperados; pues todo, aun las humanas adversidades, aquélla lo dispone para mayor bien de la Iglesia” (Juan XXIII – GME, 1962).
Que este nuevo aniversario del inicio del Concilio Vaticano II y de la fiesta del Papa Bueno, continuemos viviendo la eclesiología conciliar para comunicar la alegría del Evangelio y la propuesta del Reino que Jesús nos comparte. Juan XXII, reza por nosotros (lo necesitamos) para ser comunidades que claman y no que hacen silencio cómplice.
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Bibliografía
Alberich Sotomayor, Emilio. (2012). Los contenidos de la catequesis. CABA: Claretiana.
Boff, Leonardo. (1991). Los sacramentos de la vida. Madrid: Sal Terrae.
CEA – MRC. (2011). Misal Romano Cotidiano. CABA: Oficina del Libro.
Concilio Vaticano II – Dei Verbum (1965). Obtenido de https://www.vatican.va
Concilio Vaticano II – Gaudium Et Spes (1965). Obtenido de https://www.vatican.va
Concilio Vaticano II – Lumen Gentium (1965). Obtenido de https://www.vatican.va
Curia, Christian. (2013). Te creo. Una propuesta pastoral desde Jesús. CABA: Claretiana.
Fromm, Erich. (2004). Miedo a la Libertad. CABA: Paidos.
González Faus, José; Torres Queiruga, Andrés y otros. (2012). Clamor contra el gueto. Textos sobre la crisis en la iglesia. Madrid: Trotta.
Juan XXIII – Discurso Apertura del CVII (1962). Obtenido de https://www.vatican.va
Küng, Hans. (2004). Libertad conquistada, Memorias. Madrid: Trotta.
Küng, Hans. (2010). Credo. Madrid: Trotta.
León XIV – Encuentro con las realidades de caridad y asistencia – Viaje a España. (2026). Obtenido de https://www.vatican.va
Madrigal, Santiago. (2009). Tiempo del Concilio. El Vaticano II en los diarios de Yves Congar y Henri de Lubac. Madrid: Sal Terrae.
Martelet, Gustave. (1998). No olvidemos el Vaticano II. Madrid: PPC.
Pablo VI – Discurso de clausura CVII. (1965). Obtenido de https://www.vatican.va
Schikendantz, Carlos (2001). ¿A dónde va el papado? Reinterpretación teológica y reestructuración práctica. CABA: Ágape.

