Tribuna

¡Somos audaces… somos santos!

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1.     Valor cotidiano

Buceando en la historia de la humanidad nos encontramos con gente muy audaz que, luchando contra el “modelo hegemónico”, se animan a vivir y a proponer un nuevo estilo que rompe el paradigma vigente… ¡Gente tan feliz que impulsaron algo tan diferente! En un mundo triste con la sonrisa lo cambiaron todo. En un mundo viciado por la obsecuencia, son libres. En un contexto de censura y prohibición no balconearon la vida se animaron a más, incluso hasta enfrentarse a esos jerarcas que pusieron todo el aparato de control en su contra. En un mundo donde todo es de un color o de otro, son capaces de hacer flamear la bandera de la dignidad humana como valor supremo… Hay tanta gente audaz que con solo contemplar qué las inspira podemos descubrir que son un poco de aire fresco en esta aventura maravillosa de vivir y convivir. Aunque, por lo general, ante los cambios, la restauración busca evitar la novedad. Así como el frío tarda en irse y en los primeros días primaverales subsiste el “largo invierno”.



2.     Audacia profética: Concilio Vaticano II

A mediados del siglo XX vino un audaz, como inspirado por la misma Trinidad, que nos devolvió el gusto de vivir y creer. Ese hombre fue y sigue siendo Juan XXIII que, además, fue el primer Papa en viajar en tren como se quiere compartir en la foto que acompaña la columna. A pocos meses de su elección como obispo de Roma (28/10/1958), fue capaz de vivir el coraje profético y convocar al Concilio Vaticano II (25/01/1959). ¡Los reformadores lo hacen inmediatamente! ¡Los conservadores se toman su tiempo!

Esa audacia que fue asumida por toda la iglesia como inspiración del Espíritu, duró poco tiempo. Incluso, ya en el mismo Concilio y en sus post tiempos se vivió en la iglesia un período de crisis muy fuerte que muchos llamaron “invierno eclesial”. Concepto acuñado por Karl Rahner (Perea , Joaquín & González Faus, José & Torres Queiruga, Andrés & Vitoria, Javier, 2012, págs. 61 – 67). Ese teólogo alemán, no fue el único que percibió en algunos miembros de la jerarquía cierto temor al espíritu conciliar y que generaban una actitud contraria postulando volver al período “pre” con el talante ultramontano, triunfalista, apologeta, contestatario e intransigente (Spadaro, Antonio & Galli, Carlos María (eds.), 2016).

Después de dicha asamblea hubo desvíos y eso es innegable. Aunque esta situación no fue culpa del Concilio en sí, sino de aquellos que, por distintas razones, lo interpretaron de manera poco feliz. Los que no querían la reforma, utilizaron esos desvíos para justificar su oposición y hacer resurgir la mentalidad de cristiandad medieval (Vidal, José Manuel & Bastante, Jesús, 2013, págs. 49, 120 – 121, 125 – 127, 132 – 135, 141 – 144).

La postura restauradora suscitó un clima de miedo y de prohibición que, con el tiempo, se fue acentuando hasta llegar a situaciones donde los que pensaban distinto, o tenían alguna idea que consideraban “discrepancia”, fueron sometidos a una especie de persecución interna: se los consideró como herejes, heterodoxos, se les sacaba la licencia para enseñar, se investigaba en secreto y a sus espaldas, fueron incluidos en una especie de Índex  del s. XX – XXI para no ser convocados a conferencias, charlas o cursos, y hasta se los despedía de sus empleos sin motivos o sin explicárselos, se les impedía acceder a otros puestos de trabajo, simplemente porque no estaban en esa línea episcopal, a algunos se los nombrada y enjuiciaba en reuniones del clero sin que el “acusado” estuviera delante de ellos…

Así, la primavera que suscitó Juan, que Pablo continuó y que Juan Pablo I quiso llevar a su plenitud, de pronto fue arrasada por el poder y la corriente contraria al Concilio hasta que en marzo del 2013 un aire nuevo volvía a hacer arder el corazón y a encender la llama de la renovación eclesial. Tal es así que se publicaron varios libros y artículos sobre la cuestión, entre ellos uno que se llamaba “Un concilio entre dos primaveras” (Vidal, José Manuel & Bastante, Jesús, 2013).

3.     Audacia pastoral: dejar caer estructuras caducas

Después de un largo proceso de reflexión desde fines del s. XIX con los movimientos de renovación hasta el Concilio Vaticano II, ha cursado mucha agua bajo el puente y hemos pasado de la Ministerialidad de todos los bautizados, a una eclesiología neoclericalista que todo lo controla y agobia.

Estamos viviendo un período de decadencia de un modelo eclesiástico. Los signos evidentes son las divergencias en las concepciones eclesiásticas, la forma de vivir y celebrar el misterio que anunciamos. Estamos inmersos en una pastoral disociada, porque creyendo y celebrando la salvación, anunciamos que el ser humano para alcanzar la gracia de la vida beatifica tiene que hacer determinados ritos y en períodos específicos, pagando así el don recibido.

Es urgente una transformación en la pastoral desde una cosmovisión teologal. Ella es el servicio que brindamos a todos los seres humanos para que, respondiendo libre y progresivamente, se realice la comunión con Dios, es decir, la santidad. Al ser una misión, en un período y cultura específica, es necesario el aggiornamento.

En otras jurisdicciones canónicas, cuando se hacen diagnósticos de la situación eclesial, suelen detenerse únicamente en aspectos foráneos (La gente ya no cree como antes – los padres no se comprometen – las familias están cada día peor – la juventud está pérdida – el mundo perdió el rumbo, etc.). Sucumbiendo en un juicio condenatorio de lo que no encaja en las estructuras evaluadoras… La Trinidad y los acontecimientos nos invitan a pensar, si esas organizaciones son justamente las adecuadas, porque lo decadente no tiene autoridad para evaluar lo adveniente (CELAM – DA, 2007) (# 100, 365).

Imagen VN Somos Audaces I

4.     Poca audacia: señales de las heridas pastorales

Avizoramos que la pastoral de la Iglesia, en varios lugares, sigue siendo la misma que la del s. XVI… tenemos una reflexión teológica y litúrgica fruto del Concilio Vaticano II y, por otro lado, una estructura eclesiástica basada en instituciones fundadas por Trento. Hemos visto y oído que muchos presentan “nuevos” programas catequéticos o de reflexión domiciliaria, sin tener en cuenta la vida de la gente, contradiciendo la más rica tradición evangelizadora y catequística. En la pastoral vocacional la oración por las vocaciones, sólo lo hacemos por las que llamamos de especial consagración como si la vocación y consagración bautismal fuera de segunda. Estamos en el siglo de la formación y de la información, pero cuando reformulamos la de los miembros de la comunidad eclesial, miramos desde modelos del siglo XVI o según las ideas de alguien que da la directiva, repitiendo que no es necesario formarse porque lo dijo algún ordinario del lugar. Muchas personas piensan, creen y sostienen que la metodología no es necesaria porque lo importante es, para ellos, el contenido… sin darse cuenta que el método elegido ya es contenido (De Vos, Frans, 2019).

Atisbamos que los responsables de la pastoral eclesiástica, en todos sus niveles, nos conformamos con lo ya recibido y lo seguimos repitiendo, sosteniendo ideas poco felices, que no surgen de una meditación profunda de la Palabra de Dios, sino de tradiciones no de la Tradición eclesial (CEC, 1997) (#83; 1200 – 1021) y, lo más inquietante, es que se quiere volver a esas costumbres (CELAM – DA, 2007) (# 100, 365) (Francisco – EG, 2013)(# 26, 27, 43).

Observamos que las formas de realizar las liturgias se están transformando en ritualismos vacíos o aprovechados para alguna estadística o pugna de sectores, como campo de batalla, para expresar en ellas las disputas teológicas y la lucha entre restauracionistas y reformistas, que deriva en la reinstalación del rito tridentino de manera más oficial en el año 2010 y que se itera una nueva excomunión (DDF – Excomunión FSSPX, 2026).

Consideramos que las quince enfermedades de la Curia Romana que nombrara un ex obispo de Roma hace ya 12 años, se están extendiendo (Francisco – Discurso a la Curia, 2014).

Vemos que las llagas de la Iglesia siguen supurando (Codina, Víctor, 2006).

5.     Nueva Audacia: señales de una pastoral que da Esperanza

Sin embargo, como “solo atravesando la noche se llega a la mañana” (Tolkien, J. R. R., 2017, pág. 310), es que contemplamos, con expectación, que hay muchas personas que proponen y se suman a proyectos solidarios, dedicando tiempo de sus vidas en la promoción humana.

Vislumbramos que la oración de numerosas comunidades sostiene la misión y nutre la vida personal.

Percibimos con gozosa esperanza que surgen expresiones comunitarias que quieren vivir el Evangelio, el Concilio Vaticano II desde la Constitución Pastoral Gozos y Esperanzas con sus principios orientadores, en las diferentes realidades sociales, llegando a las periferias existenciales (Concilio Vaticano II – GS, 1965).

Oteamos con entusiasmo a muchos grupos que con su música nos llevan a profundizar un perseverante anuncio alegre.

Divisamos jubilosos que hay un replanteo en las comunidades que buscan en comunión, piensan con diversidad y en unidad, que celebran con signos de la cultura la presencia del Misterio Sagrado que rodea la vida.

Admiramos con serena profecía que los ministerios laicales tienen un valor sumamente importante y desarrollan o animan a la comunidad.

Con el Apóstol Pablo decimos a viva voz: “Ay de mí, si no evangelizara” (1ª Cor. 9, 16), y continuando la misión de nuestro amigo y redentor, porque el Padre envió al Hijo, él hizo lo mismo con los discípulos (Mt. 28, 19 – 20) y por medio y nuestra respuesta libre la perpetuamos.

Esta transformación nos exige hoy, en esta época, corazones, mentes y estructuras de comunión, diálogo, debate y participación: sinodales. Es menester recuperar métodos de reflexión y análisis, discernimiento, proyección y evaluación para que sea orgánica, planificada, dinámica y abierta, que ya insinuara el Concilio Vaticano II con la Colegiabilidad y comunión.

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Bibliografía

Catecismo de la Iglesia Católica (1997). Obtenido de https://www.vatican.va/
CELAM – DA. (2007). Documento de Aparecida. Buenos Aires: Oficina del Libro.
Codina, Víctor. (2006). Sentirse Iglesia en el invierno eclesial. Barcelona: Cristianismo y Justicia.
Concilio Vaticano II – Gaudium Et Spes (1965). Obtenido de https://www.vatican.va/
Decreto de la Doctrina de la Fe – Excomunión FSSPX. (2026). Obtenido de https://www.vatican.va/
De Vos, Frans. (2019). Metodología Catequística. CABA: Claretiana.
Francisco – Discurso a la Curia (2014). Obtenido de https://www.vatican.va/
Francisco – Evangelii Gaudium (2013). Obtenido de https://www.vatican.va/
Perea , Joaquín & González Faus, José & Torres Queiruga, Andrés & Vitoria, Javier. (2012). Clamor contra el gueto. Textos sobre la crisis en la iglesia. Madrid: Trotta.
Spadaro, Antonio & Galli, Carlos María (eds.). (2016). La Reforma y las reformas en la Iglesia. Madrid: Sal Terrae – Colección Presencia Teológica N° 247.
Tolkien, J. R. R. (2017). El Señor de los anillos. II Las dos torres. CABA: Minotauro.
Vidal, José Manuel & Bastante, Jesús. (2013). Un concilio entre primaveras. De Juan XXIII a Francisco, Madrid: Herder.