Tribuna

¿Quién vende hoy las armas a los terroristas?

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Durante la primera audiencia general después de su viaje a Irak, a pocas horas de su regreso, el 10 de marzo de 2021, el papa Francisco formuló una pregunta muy específica, de esas que sacuden conciencias: “¿Quién vende hoy las armas a los terroristas, que están realizando masacres en otros lugares, pensemos en África por ejemplo?”.



El Pontífice reveló que, entre las ruinas y las cicatrices que han dejado cerca de cuatro décadas de guerras en este país de Oriente Medio, se le pasó por la cabeza un interrogante: “¿Quién vendía las armas a los terroristas?”. “Es una pregunta que yo quisiera que alguien respondiera”, propuso con firmeza.

Ha pasado un mes desde que Francisco lanzó este potente e inédito mensaje al mundo, interpelando a los fieles de su Iglesia, a las sociedades y a la política mundial con preguntas profundas e ineludibles para el destino de toda la humanidad. Pocos han comprendido que el futuro del planeta depende en buena medida de si las personas, la política o el poder económico deciden aceptar y responder a estas preguntas,  y de la forma en la que se dispongan a hacerlo.

Nunca antes, en el bimilenario camino de la Iglesia, se vieron imágenes tan sobrecogedoras como las de un papa delante de un montón de escombros, como los de las ‘Cuatro iglesias’ que dan nombre a la plaza de Mosul,  rezando por todas las víctimas de la guerra. Lo que queda de Mosul, que una vez fue la segunda ciudad más grande del país, y es una de las más antiguas de la humanidad, se encuentra bajo las ruinas provocadas por lo que los especialistas militares llaman “la mayor batalla urbana desde la II Guerra Mundial”.

Preguntas incómodas

Y sobre los escombros y los cascotes, Francisco encarnó al líder servidor que da testimonio con su presencia, que no se refiere a sí mismo sino a los demás, con cariño y cuidado, evocando esperanza y confianza desde la destrucción y la desolación. Aspiraciones humanas fundamentales, aunque los habitantes de la antigua Mesopotamia ya habían perdido incluso la costumbre de evocarlas.

La catequesis del miércoles 10 de marzo es un auténtico examen de conciencia para fieles y gobernantes, ya que el papa Francisco les puso ante el espejo del Evangelio y les pidió coherencia. No es casualidad que lanzara esa pregunta durante la audiencia general, donde más se cristaliza el concepto de Iglesia en salida, que va al encuentro de las problemáticas del mundo, en busca de las periferias. La catequesis es el encuentro en el que el pastor reparte también consejos a su rebaño, ejerce de guía espiritual, sacude además conciencias, hace preguntas incómodas.

En este extraordinario condensador del magisterio de Francisco que son las audiencias generales, es donde mejor se materializa la cercanía de la Iglesia a las necesidades y problemas, incógnitas y dilemas del Pueblo de Dios, donde –por expresarlo en un lenguaje coloquial– “se aprende a ser cristiano”. No se dirige a círculos políticos restringidos, tampoco a las élites de ningún tipo, sino que habla a todos y pide a los fieles que sean ellos los que lleven el Evangelio al mundo que tanto lo necesita.

El Papa Francisco, en Mosul, durante su viaje a Irak

El Papa ofrece su testimonio, su “liderazgo por el ejemplo”, a su Pueblo. No predica de arriba hacia abajo, sino que involucra a todos, habla desde la autoridad que da el testimonio.

“¿Quién vendía armas a terroristas?”. Es la pregunta del Papa que mostró al mundo durante su visita en Irak, que hay un camino alternativo al de las armas: el encuentro, el diálogo, la compasión… Y aún resuena en el aire. La violencia de las armas interpela a la Iglesia misma, que no vive en el vacío sino en la historia, y la obliga a recurrir a su propia tradición de fuerzas espirituales, intelectuales y morales para hacerle frente de manera evangélica. “La respuesta no es la guerra, la respuesta es la fraternidad (…). Es el desafío para el mundo entero: la fraternidad”, dijo también el Papa en su catequesis.

Violencia en Myanmar

Francisco también se ha sumado al gesto valiente de varias religiosas en las protestas por la democracia y la represión violencia en Myanmar. El miércoles siguiente, el 17 de marzo afirmó en la audiencia general: “Yo también me arrodillo en las calles de Myanmar y digo: ¡que cese la violencia! También yo extiendo mis brazos y digo: ¡que prevalezca el diálogo!”.

La denuncia del horror de la guerra y de las armas es un grito recurrente no solo del papa Francisco, sino también de los papas que le precedieron. Hace cincuenta y cinco años, el 4 de octubre de 1965, fiesta de san Francisco de Asís, Pablo VI, se convirtió en el primer papa de la historia que en la Asamblea General de las Naciones Unidas pronunció un rotundo no al lenguaje de las armas. “¡Nunca más la guerra!”, dijo. Tras sus huellas, Francisco marca un hito y un nuevo paso en el camino de la Iglesia por la paz y que sentará precedente para el futuro.

La complejidad del mundo actual se visualiza a diario y es estructural. El confinamiento de gran parte de la humanidad en la primavera boreal del año 2020 paralizó industrias, transporte y servicios de todo tipo, reduciendo en muchos países la actividad económica a lo esencial: la industria que provee y distribuye alimentos y medicinas, y el mantenimiento básico de servicios e infraestructuras, al margen de los servicios de salud y la Administración básica. Sin embargo, la industria armamentística no redujo significativamente su actividad, se continuó, incluso durante la pandemia, vendiendo y comprando en grandes cantidades.

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