Tribuna

Pobre samaritana y los otros

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Pobre cananea, y pobre María Magdalena y, hasta pobre María. Estos días, leyendo el comunicado del Vaticano sobre la negativa a autorizar que los laicos puedan hacer la homilía en las celebraciones litúrgicas, según pidieron los obispos alemanes, he pensado en las mujeres antes citadas.



Su presencia, acciones, y palabras en el evangelio son el resultado de la libertad de Jesús para la escucha, para el diálogo, para fiarse de las mujeres, en definitiva. Si estas mujeres, estas exactamente, vivieran ahora entre nosotros ¿las dejaría hablar la Iglesia o las sometería a las normas hechas por hombres?

La cananea que ayudó a Jesús a descubrir la universalidad de su misión; la samaritana que, tras hablar y escuchar a Jesús se convirtió en la primera evangelizadora; María Magdalena, enviada por el propio Jesús a comunicar lo nuclear de nuestra fe que es la resurrección de Cristo; la propia madre de Jesús, María que, en el contexto de una comida de boda, empujó a su propio hijo a iniciar su actividad… Todo lo esencial en el evangelio está en manos de Jesús y de mujeres no todas judías, como para resaltar que para él todas contaban.

Los otros a los que me refiero en el título, son los discípulos que, enviados por Jesús regresan contentos de su primera misión en solitario. Eran tan laicos como ellas, porque Jesús no ordenó a nadie y, sin embargo, a ellas y a ellos les confió extender el reino. ¡Vaya confianza tenía Jesús en su gente y, sobre todo, vaya libertad que gastaba! Supongo que, si los discípulos no estaban ordenados, tampoco la Iglesia los dejaría hablar hoy.

‘Samaritana’ (1919), de Julio Romero de Torres, retrató a Jesús y lo pintó para su madre

‘Samaritana’ (1919), de Julio Romero de Torres

Las mujeres del Nuevo Testamento

El Nuevo Testamento está lleno de laicos y laicas que hablaban y daban a conocer el mensaje del evangelio y, por lo que vemos, no debieron hacerlo tan mal viendo dónde hemos llegado. El cómo hemos llegado y qué hemos perdido por el camino, es otro tema.

A la Iglesia católica alemana, tan peculiar desde el siglo XVI, hay que agradecerle que ponga encima de la mesa temas que otras no se atreven a tocar. A su estilo, a su velocidad, y en su contexto hace lo que cree que debe de hacer y plantea cuestiones desde una madura reflexión y analizando la situación actual.

No se trata de usurpar funciones a nadie, ni de hacer de este tema una cuestión obligatoria para todas las comunidades. Sin embargo, puede haber pequeñas comunidades donde esta práctica de la homilía hecha por laicos ni provocaría escándalo, ni significaría una ruptura. ¡Qué miedo a ver los cambios como sinónimo de ruptura!

La pena es que las respuestas a ciertas cuestiones no se dan desde una opción y visión pastoral, sino que en la Iglesia sigue girando todo en torno a la “potestas” y a la” autoritas” del misterio sacerdotal, o lo que viene a ser el clericalismo de siempre.

Las homilías de hoy

Al paso que vamos y, teniendo en cuenta que ya el 80% de las comunidades católicas en el mundo solo pueden celebrar la eucaristía cada dos, tres y hasta cuatro años, sí años, cuando puede ir un sacerdote, ¿no habría que tener ya algunas cuestiones pastorales superadas?

Por otra parte, escuchando algunas homilías, queda demostrado que la imposición de manos no es garantía para que estas, las homilías, tengan algún provecho para quienes las escuchan. Hay una serie de factores que influyen en la preparación: la meditación del texto, conocer y tratar a la comunidad, los conocimientos bíblicos, vivir la Palabra en el contexto actual… Todo esto no solo lo pueden y deben hacer los sacerdotes, sino también los laicos.

No se trata de rebelarse, se trata de que algún sector eclesiástico debe darse cuenta que, laicos y laicas, somos adultos en la fe con lo que eso conlleva. El Sínodo de la Sinodalidad ha permitido a muchos laicos descubrir que saben pensar y, respecto a este tema, ¿qué dice el número 27 del Documento Final? Una pista: el Documento insiste en que se debe ser mucho más sensible al papel y el protagonismo de los laicos y, en especial, de las mujeres en la predicación y el lenguaje de la Iglesia.

Toca pensar desde la libertad del evangelio y, ya que Jesús no puso obstáculos, aprovechar y escuchar a la cananea, a la samaritana, a María Magdalena, a María y a los discípulos. Todos, ellos y ellas, sin ordenar. A ver si aprendemos a leer el Código de Derecho Canónico a la luz del evangelio y no al revés. Podría ayudar…