¿Qué ‘Odisea’? ¿La de Homero o la de Christopher Nolan? ¿La del siglo VIII a. C. o la de 2026? ¿La del poema épico griego o la de la superproducción cinematográfica? ¿Odiseo, Ulises o Matt Damon?
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He visto la última adaptación cinematográfica del regreso a casa del héroe griego Odiseo. Ese regreso paradigmático que llevó a la RAE a aceptar el término “odisea” como un viaje largo en el que abundan las aventuras, tanto adversas como favorables, para el viajero. Porque la vida no es otra cosa que una odisea: un camino continuo, un pasado que nos acompaña y un hogar que nos espera.
Vuelta a los clásicos
Es curioso cómo se vuelve, una y otra vez, sobre los clásicos. En un mundo que muestra a diario el “síndrome de Adán” —ese que padecen quienes creen que la historia comienza con ellos y que todo lo hecho por sus antecesores debe ser desechado—, se leen y se releen obras que algunos consideraban ya obsoletas. Desde que el hombre es hombre, sus verdaderos problemas —los profundos, los existenciales, los de verdad— han cambiado muy poco. Y muchos de ellos aparecen en ‘La Odisea’: el amor, la verdad, la fidelidad, el respeto, la identidad; en definitiva, la vida.
Que alguien lea un libro, vea una película o escriba una carta es hoy una verdadera odisea. Y todo ello ocurre, paradójicamente, en la época con menor analfabetismo, mayor acceso a la información y más tiempo de ocio de la historia. Resulta más agradable sumergirse en el “semidiós” del algoritmo, que nos entretiene durante treinta segundos; más fácil leer un post y mostrar ante un público desconocido que eso me gusta, me encanta o me divierte; más sencillo escribir un WhatsApp sin puntuación ni tildes, que sería lo de menos si, al menos, tuviera contenido, vida y alma. Pero, tristemente, es así. Quizá se perdieron en el mismo abismo las palabras esdrújulas y el corazón; los poemas y la reflexión sobre la vida.
Leer y ver ‘La Odisea’
Los cantos de sirena han cambiado de escenario: ahora son virtuales. Las guerras han cambiado de armas: ahora son frías, diplomáticas y políticamente correctas. Las casas ya no son hogares a los que regresar: ahora son bienes especulativos y pisos turísticos. Por todo ello, es recomendable leer y ver ‘La Odisea’, la que sea: la que nos haga reflexionar y nos ayude a recorrer la odisea de nuestras propias vidas.
