La Laguna despertaba el 12 de junio y en sus calles comenzaba un peregrinar de gente que iba ocupando sus lugares para recibir al Papa. Esta ciudad sin murallas, Patrimonio de la Humanidad, es una puerta abierta para acoger a todo el que llega. Raro es el vecino que no tiene una vinculación con alguna organización que ayude a los últimos.
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León XIV recorrió el casco histórico en un buggy que, sumado a la poca altura de los edificios, hacía que el contacto con la gente fuera más cercano. Unas 20.000 personas le esperaban en el trayecto de un kilómetro entre el Obispado y la Plaza del Cristo. Eran las 11:38 y el sol empezaba a calentar. El Papa se dirigió a los fieles agradeciendo su presencia y pasó a escuchar los testimonios de cuatro realidades migrantes.
Darwin Rivas, un sacerdote venezolano de 49 años que atiende cuatro parroquias en El Hierro, confesó que, en ocasiones, “quise quedarme en casa, pero me preguntaba qué haría el Señor. Y, al llegar, había siempre un signo de esperanza, una sonrisa agradecida por la que merecía la pena seguir”. Es miembro de la asociación Corazón Naranja encargada de atender a las personas que ingresan en el Centro de Atención Temporal de Extranjeros (CATE) de la isla.
‘Six-seven’
El segundo testimonio fue el del joven senegalés Mbacke Ndiaye, que dio gracias al Papa por no mirar “para otro lado”. “Siga recordando al mundo que detrás de cada inmigrante hay un sueño, una madre que reza y una persona que merece una oportunidad”, le pidió. Pertenece a la Fundación Buen Samaritano, donde halló más que “techo y comida”: “respeto, paciencia”. “Mi compromiso –añadió– es devolver lo que he recibido, trabajar con honestidad y ayudar a mi familia”.
Al final de su intervención recita un poema que es parte de un proyecto teatral: “Bismillah: Historias Migrantes”. La iniciativa pone en escena a quince jóvenes africanos que llegaron a Canarias, donde narran sus vivencias, el peligroso viaje por el océano y su proceso de integración en Europa. Se despide entregando al Santo Padre una camiseta de taekwondo y haciendo el cómico gesto de ‘six-seven’ que fue correspondido por el Santo Padre provocando la risa de los asistentes.
Coincido en el tranvía con Maite, voluntaria de la fundación. Me cuenta que Mbacke es muy popular en el centro y fue romero en el Día de Canarias. Ella pertenece al proyecto MAE (Mujeres de Añaza Emprendedoras), da clases de peluquería y acompaña a mujeres víctimas de violencia de género. Explica orgullosa que, “cuando te metes en esto, recibes más de lo que das. A veces, me llaman mamá”.
Integrado laboralmente
El joven marroquí Khalid Allad (Jalil) compartió que intentó llegar dos veces en patera, que perdieron a 20 personas en el primer intento, y que su padre le prohibió repetir la huida, pero siguió con su empeño. Hoy está integrado laboralmente gracias a la Fundación Don Bosco. “Me ofrecieron un hogar donde vivir. Me enseñaron español, me ayudaron a leer y a escribir mejor y me dieron la confianza para seguir”, explicó.
Jalil realizó un curso de cocina, de monitor de comedor escolar, de cuidador de animales y en la construcción y que, gracias a toda esa formación, una empresa le ofreció un precontrato y pudo obtener el permiso de residencia y trabajo. “Con el empleo, sentí que empezaba a construir mi futuro con mis propias manos”, apuntó. Actualmente se siente feliz trabajando en el Colegio Salesiano donde forma parte del equipo de mantenimiento.
La colombiana Thalia Johana Saldarriaga llegó a la isla sola y fue acogida por Cáritas cuando vivía en situación de exclusión. Ahora, participa como voluntaria acompañando a otras personas y forma parte del proyecto Construyendo Comunidad. Cree que su experiencia puede servir de “puente para otras personas en mi situación”.
Una comunidad orgullosa
En La Laguna la migración está normalizada. Nadie puede negar ayuda a una persona cuando su rostro está deshidratado, su mirada perdida, cuando alguien siente soledad, miedo, desesperación… Las personas están por encima de todo, cualquiera podría ser tu hijo y merece una oportunidad. Los migrantes son vecinos y la comunidad se siente orgullosa de que vayan encontrado su lugar en la sociedad tinerfeña.
Mirar alrededor desmonta los prejuicios de quienes juzgan directamente como delincuente e intruso al que viene, sin pensar en el dolor que arrastra y en lo que puede enriquecer. Aquí te cambia el chip, te descongestionas de la polarización y de los mensajes políticos erróneos. Se respira más limpio. Reinicias y te haces fuerte, porque lo que has visto merece la pena.
