Tribuna

León XIV y los derechos humanos sin condición ni deber alguno

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Han resonado estos primeros días del mes de junio de 2026 en plazas, grandes avenidas, palacios, catedrales e iglesias, proyectos sociales, puertos, también en el centro neurálgico del Estado social y democrático de derecho: nuestro Parlamento. Palabras como unión, diálogo, solidaridad, fraternidad, justicia social, migrantes y refugiados, escucha, civilización del amor, bien común, sin fronteras… Una de las grandes protagonistas ha sido la dignidad. No ha faltado en ningún encuentro, oración, celebración eucarística, reunión…



Sin límites, sin recortes, sin recuadro donde tener que amoldarse para ser efectiva. La igual dignidad de todos los seres humanos (‘Magnifica humanitas’, MH, de León XIV, nn. 51-53), de todas las personas que pueblan este planeta Tierra, hijas e hijos de Dios. Dignidad que, una vez más, vuelve a ser cuestionada, reducida, violentada en una sociedad tentada por la Torre de Babel del poder económico, social, político y tecnológico. Y, como viene sucediendo históricamente, son las personas más vulnerables, descartadas, invisibilizadas, las que están en riesgo, las que lo sufren, las que “gimen de dolor”.

Migrantes lanzando flores al mar. Arguineguín

Un grupo de migrantes lanzando flores al mar durante la visita de León XIV al muelle de Arguineguín. Foto: EFE

Especialmente en la tercera etapa de la visita papal: Arguineguín, Las Raíces, la Plaza del Cristo… no solo, pero muy significativamente. Y desde el primer instante, rotundas, sonoras: “La dignidad humana no tiene pasaporte”. Casi imperceptible el aliento de Francisco, su gesto de “qué razón tienes” tan característico. En esas Canarias que siempre quiso visitar, para proclamar la Buena Noticia frente a las personas desterradas, desoladas, esclavizadas durante meses, durante años… en tantas rutas de muerte, con tantos sueños de vida quebrados.

Un camino de ciento treinta y cinco años: la Doctrina Social de la Iglesia y el grito de dolor ante las vulneraciones de los derechos humanos (MH, 28-45)

Son las injusticias estructurales y la dramática situación de los trabajadores de las minas y explotaciones textiles en Gran Bretaña las que alumbran el primer documento social del Magisterio de Roma, ‘Rerum novarum’, y así se ve reflejado en el texto de León XIII. Juan XXIII, en ‘Mater et magistra’, sitúa al Estado como sostenedor y coordinador de las medidas que se lleven a cabo para afrontar la desigualdad y la pobreza; y, en ‘Pacem in terris’, la dignidad, los derechos y la paz necesaria para millones de personas.

La constitución pastoral ‘Gaudium et spes’ nos proporciona la herramienta metodológica para luchar por cambiar la realidad mirándonos en el espejo del Proyecto del Reino de Jesús de Nazaret; Pablo VI, en ‘Populorum progressio’, con un desarrollo necesario para todos los pueblos del mundo, y en ‘Octogesima adveniens’, marcando las estructuras de pecado como causantes del dolor y de la perpetuidad del mismo.

Trabajo y trabajador

Juan Pablo II, de forma magistral y directa, colocando el trabajo como mucho más que la eficiencia, y al trabajador, más allá de ser un producto en ‘Laborem exercens’; haciendo un claro juicio ético del Norte frente al Sur en ‘Sollicitudo rei socialis’ y pidiendo en ‘Centesimus annus’ un mercado bajo los principios morales y la solidaridad.

Con ‘Caritas in veritate’, Benedicto XVI no deja rendija abierta a sistemas económicos que matan y que dañan “globalmente” y Francisco, con las personas y pueblos empobrecidos como corazón de su apostolado, nos propone caminar junto a ellas en ‘Evangelii gaudium’; no esperar más y llevar a cabo acciones contundentes ante la grave crisis ecológica y social en que vivimos, sobre todo las personas últimas y descartadas, especialmente la naturaleza y toda la creación (‘Laudato si’’); pide tierra, trabajo y techo, caridad política y un orden internacional para los derechos humanos en ‘Fratelli tutti’ y, finalmente, un amor concreto hacia la humanidad, que tenga reflejo real en su cada día (‘Dilexit nos’).

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