“Debemos asegurarnos de que todas las niñas puedan imaginar un futuro en los campos de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas y que todas las mujeres puedan prosperar en su carrera científica”. António Guterres, secretario general de la ONU.
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En este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, Iglesia por el Trabajo Decente quiere poner el foco en la mujer y las nuevas tecnologías digitales. Desde este artículo proponemos una reflexión sobre el ámbito conocido como STEM, en inglés, y CTIM, en español, es decir, el campo de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas. Se trata de un sector laboral en el que las mujeres solo representan el 16%, con el riesgo que ello conlleva de que se sigan produciendo —e incluso incrementando— sesgos de género, por ejemplo, en el desarrollo de los algoritmos de la Inteligencia Artificial.
Esta realidad resulta especialmente preocupante porque la tendencia parece continuar. Muy pocas adolescentes (el 0,7%) desean estudiar en el ámbito CTIM, frente a un 7% de los chicos. Esta diferencia puede traducirse en una reducción aún mayor del porcentaje de mujeres en estas áreas, tanto en los estudios como en el mundo del trabajo.
Las causas son, en gran medida, estructurales: estereotipos de género, ausencia de referentes femeninos en la familia y en la sociedad, desigualdad en el profesorado y una orientación académica que sigue reproduciendo inercias culturales. Resulta significativo constatar que, en ámbitos vinculados a los cuidados, como la medicina o la psicología, el porcentaje de mujeres en la universidad asciende hasta el 70%.
Por eso, en este día queremos animar a niñas y jóvenes a participar en el apasionante mundo de las ciencias y la tecnología. Algo similar a lo que está sucediendo en el fútbol: las mujeres pueden, si quieren y cuentan con oportunidades reales. Para ello recogemos testimonios de mujeres de distintas generaciones (desde los 70 hasta los 17 años) que han disfrutado y disfrutan con sus estudios y su vida profesional, no exenta de dificultades.
Testimonios
Desde los años setenta, cuando Pilar comenzó Ingeniería de Telecomunicaciones en 1972, mucho se ha avanzado. Entonces, el número de mujeres no superaba el 3% en las carreras de ingeniería y algunos compañeros pensaban que estaban allí para “pescar novio”.
En 1985, cuando Gema inició Matemáticas en la rama de computación, el alumnado estaba bastante equilibrado y no se sintió discriminada. Sí reconoce, sin embargo, un fuerte desequilibrio en el profesorado, mayoritariamente masculino.
Esta misma sensación de no sentirse discriminada la comparte Raquel, que comenzó Ingeniería Técnica Superior de Telecomunicaciones en 2001, así como Marina, que inició hace dos años Ingeniería y Sistemas de Datos en la UPM: “La experiencia está siendo bastante positiva. En la universidad no he sentido una discriminación notable por ser mujer”. Ambas señalan que el porcentaje femenino ronda el 30%, habitual en las carreras CTIM. En Ingeniería Biomédica aumenta considerablemente, mientras que en Aeroespacial desciende al 20%.
Otro itinerario que muchas jóvenes recorren es la Formación Profesional. En los grados CTIM, la presencia femenina se sitúa en torno al 10%. Nicol y Samantha, ambas de 17 años, estudian el grado básico de Informática de Oficinas. En su clase hay 13 alumnos y solo 2 alumnas. Señalan que no perciben discriminación, que trabajan en equipo y que están satisfechas con sus estudios.
¿Y en el trabajo? Pilar comenzó su trayectoria profesional en una gran empresa de telecomunicaciones, en un entorno fuertemente masculinizado. “Ni siquiera nos llamábamos ingenieras, pero se nos admitía”. Añade: “No se nos trataba igual que a las secretarias que solían ser ‘las niñas’”. Con el tiempo aumentó el número de mujeres, aunque los ascensos resultaban más difíciles. A igual puesto correspondía igual salario, pero no todos los jefes aceptaban tener mujeres en sus equipos. Son cuestiones que, en parte, aún persisten.
Gema relata que “durante 30 años he trabajado en tecnología. Nunca sufrí discriminación salarial ni contractual, pero en entrevistas me encontré con preguntas discriminatorias sobre mi estado civil o si tenía hijos. A veces el trato era paternalista o machista. Hemos tenido que escuchar ‘¿y las niñas qué dicen?’, refiriéndose a profesionales, o comentarios sobre nuestra apariencia”.
Raquel afirma no haberse sentido discriminada. Destaca que “terminar una carrera tecnológica abre muchas oportunidades laborales; toda mi promoción encontró trabajo rápidamente y el paro sigue siendo mínimo. Los salarios también son más altos que la media”. Subraya además las facilidades para la conciliación: “He tenido jornada reducida, teletrabajo y flexibilidad horaria. Son factores vitales que me han permitido pasar tiempo con mis hijos”.
El camino está abierto. Hoy, trabajar en este campo ofrece ventajas evidentes: bajo desempleo, salarios superiores a la media, posibilidades de conciliación y un sector en constante evolución. Exige preparación y esfuerzo, como en cualquier ámbito profesional, pero es significativo que el porcentaje de mujeres egresadas en estas carreras sea superior al de los hombres: quienes dan el paso suelen culminarlo con éxito.
Basta ya de afirmar que a las niñas no les gustan las matemáticas. Basta de repetir que una mujer no puede ser ingeniera o programadora. Basta de estructuras paternalistas.
¿Te animas?
*Pilar de la Rosa, miembro de la mesa estatal de la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente (ITD)