Tribuna

Las mujeres de la Biblia: Ester

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En el texto bíblico del libro de Ester hay que distinguir entre la versión hebrea y la griega. Esta última ha incorporado algunas partes que “completan” el texto hebreo (y que en las Biblias suelen presentarse en letra cursiva), como el sueño de Mardoqueo, el texto del decreto del rey, oraciones de Mardoqueo y Ester y la presentación de Ester ante Asuero. Una curiosidad es que en el texto hebreo nunca se menciona a Dios.



La historia que cuenta el libro de Ester comienza con la caída en desgracia de la reina Vasti por haber desobedecido una orden del rey Asuero (identificado con Jerjes I de Persia). Esto provoca que el rey ordene buscar por todo el país una candidata idónea para ocupar el puesto de Vasti. Así entrará en escena Ester, una joven huérfana judía adoptada como hija por su primo Mardoqueo.

Los nombres Ester y Mardoqueo son las formas persas de nombres de dioses mesopotámicos: Istar (“estrella”: es la representación de Venus) y Marduk. Ester, una joven hermosa y muy atractiva, es presentada además con un nombre típicamente hebreo: Hadasá, “mirto”.

Una vez convertida en reina, Ester desempeñará un papel fundamental en la corte, colaborando decisivamente en la salvación de su pueblo, cuya destrucción había sido decretada por Asuero a instancias de Amán, el principal dignatario de la corte. Pero lo hará al modo “femenino” –tal como se concibe en la Biblia–, es decir, desde la debilidad, la sumisión y aprovechando sus virtudes y cualidades, entre ellas la belleza (“[el rey] vio a la reina Ester de pie en el patio, quedó embelesado”, Est 5,2) y la piedad.

En efecto, gracias a su influencia sobre el rey, Ester consigue desarticular los planes asesinos de Amán para exterminar a los judíos acusándole ante Asuero en medio de un banquete: “El perseguidor y enemigo es ese malvado, Amán” (Est 7,6). La escena se prolonga en un trágico e irónico malentendido para el primer ministro: “Cuando el rey regresó del jardín a la sala del banquete, Amán estaba reclinado sobre el diván donde se recostaba Ester [para suplicarle por su vida]. Al verlo, el rey exclamó: ‘¡Y se atreve a violentar a la reina en mi propio palacio!’” (7,8).

Mujeres de la Biblia: Ester

El final de la historia representa un giro de 180º en la situación: Amán, que quería aniquilar a los judíos, es ahorcado, junto a su familia, en la misma horca reservada para Mardoqueo; este ocupará el puesto de primer ministro del desaparecido Amán, y los judíos pasarán a cuchillo a esos enemigos que los iban a exterminar a ellos (el decreto inicial de Asuero decía: “Ordenamos que todos los que os han sido indicados en las cartas de Amán [=los judíos], nuestro jefe de gobierno y casi segundo padre, sean exterminados por la espada de sus enemigos, sin piedad ni compasión, junto con sus mujeres e hijos”, Est 3,13f).

Este cambio de situación de los judíos, de “suerte” (pur), es lo que hace que este libro bíblico se relacione con la fiesta judía de Purim (“suertes”), en la que se lee festivamente en las sinagogas. De hecho, es costumbre que, cada vez que se menciona el nombre de Amán, los asistentes profieran abucheos y usen matracas, como para borrar ese nombre; y cuando suena el de Mardoqueo, vítores.

Asimismo, la tradición permite que ese día de fiesta se pueda beber hasta que ya no se pueda distinguir entre “¡maldito sea Amán y bendito sea Mardoqueo!” Como se ve, y a pesar de su importancia, Ester ha vuelto a desaparecer de las celebraciones, una discreción que la asemeja en gran parte a ese Dios que conduce la historia, a pesar de que su nombre ni siquiera aparezca…

*Artículo original aparecido en la revista Religión y Escuela