Tribuna

La tierra está empachada

Compartir

Para contextualizar, al hablar de tierra me estoy refiriendo a nuestro planeta, y con empacho, quiero significar lo que dice el diccionario: “Indisposición causada por comer en exceso y sufrir una digestión difícil”. No es necesario ahondar demasiado para comprobar que es verdad que abunda la contaminación del ambiente. Ese ambiente en el que vivimos, el mismo que recibimos de nuestros antepasados y que le heredaremos a los que vienen detrás. Tal cual se presentan las circunstancias entregaremos un mundo sumamente tecnologizado ¡pero empachado!

Cualquiera que ya cuente sus años con más de tres décadas (y los que llevamos cinco aún más), es testigo de los avances en la inmediatez y variedad de las comunicaciones, en la aparatología que acompañan a las ciencias, en la multiplicación de las marcas y modelos como así también, del hábito de usar y tirar. Consumimos sin preguntarnos de dónde vienen, cómo se fabrican las cosas y tampoco hacia dónde van cuando dejamos de usarlas, doy algunos ejemplos: los envases de plástico, las botellas y frascos de vidrio y las bolsas de nylon; esto se hace más grave cuando se trata de chatarra electrónica, es decir todos aquellos residuos alimentados con energía eléctrica.

De este modo cada persona, en América Latina, aporta casi 700 gramos de basura por día[1] y en un año más de 250 kilos. Basura que no es degradable y que en algún lado es depositada, en un enterramiento sanitario, en los ríos o en las afueras de las ciudades por ilustrar lo que digo, sin considerar la contaminación del aire que producen por ej. las industrias. En palabras del Papa Francisco: Hemos convertido la tierra en un depósito de porquerías[2]. ¡La hemos empachado! Le hemos impuesto un estilo lleno de excesos que no considera sus tiempos de digestión.

Tala indiscriminada

El ecosistema creado por Dios tiene una sincronización perfecta, las plantas sintetizan nutrientes de la tierra que alimentan a los seres carnívoros, que proporcionan gran cantidad de residuos orgánicos que retroalimentan una nueva generación de vegetales. La industria y la tecnología no solo no han sabido establecer estos eslabones sino que han alterado y atropellado al otro. Mirando solo el bienestar y el beneficio financiero y en nombre de la modernidad, por ej. se talan árboles que dejan huérfanos a especies de pájaros que anidan en ellos, a veces se traen otros (las típicas palmeras para hacernos creer que vivimos en Miami), que generan la llegada de otras especies no siempre amigables, con las que están rompiendo equilibrios de los microsistemas ecológicos.

En el lugar de los bosques y especies nativas, que por algo Dios las dispuso así, se desarrollan cultivos que nos dan el dinero para comprar, tirar y volver a comprar; junto con ello, esos cultivos no absorben toda la lluvia que cae y se producen inundaciones o sequías. Es contradictorio también observar que junto con destruir estos bellos lugares, los hombres se van a vivir a las afueras de las ciudades ¡buscando vida serena en la naturaleza!

A esta altura quisiera encontrar remedio o al menos el diagnóstico del empacho que le hacemos padecer a la Tierra. Mirando la parte positiva, es de destacar los buenos avances que logra la persona con el uso de su inteligencia; me da la impresión que es tal la carrera por generar nuevas cosas que nos olvidamos de mirar más allá, de advertir las consecuencias. Creería también que nos olvidamos de mirarnos a nosotros mismos y preguntarnos por la real necesidad de lo que usamos y tiramos; no pocas veces contraemos cegueras que impiden ver las carencias del prójimo. Esas mismas comunicaciones inmediatas impiden la mirada, la voz, el tacto, también la empatía, el sentir con y desde el otro.

Retroceso en las relaciones humanas

Visto de este modo, hay grandes avances tecnológicos y retroceso en las relaciones humanas.  Vivimos en un lugar empachado de basura y anoréxico de cariño. Somos testigos de una generación de alfabetizados digitales y me pregunto si no nos estamos convirtiendo en analfabetos afectivos, cayendo en el peligro de consumir también relaciones humanas.

En la medida que asumamos que estamos de paso, que vivimos con otros, que somos administradores y no dueños, poco a poco ganaremos en respeto por nuestro planeta a quien hay que curar del empacho. Esto me hace acordar a las típicas mujeres de pueblo que con métodos caseros sanan la “Indisposición causada por comer en exceso” y recomiendan hacer ayuno por unos días “hasta que se pase el malestar”. Quizás cada uno debiera ayunar de modo de consumir y desechar un poco menos. Sería el modo de ayudar a la Tierra que debe andar preocupada buscando a una curandera de pueblo.

 

[1] Fuente: Banco Interamericano de Desarrollo, mayo 2017.

[2] Laudato Sí N° 21.