“Pero los que confían en Dios, siempre tendrán nuevas fuerzas. Podrán volar como las águilas, podrán caminar sin cansarse y correr sin fatigarse” (Is 40, 31).
Empezando el año 2026, vienen muchos pensamientos, ideas y empezar a proyectar, unas semanas para tomarnos un tiempo y pensar sobre ¿cuál es la prioridad de nuestra vida? o ¿cuáles son las principales prioridades de este 2026?
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Renacer como el águila
Cada uno seguro que se tomará su tiempo para priorizar aquellas cosas reales que piensa hacer en este 2026, lo que el texto del profeta Isaías, nos presenta con la imagen del águila, nos ayuda a pensar en aquella fortaleza sobrenatural que trasciende.
Pensemos en el águila que renace una vez en la vida, sus características son volar bien alto, porque representa una perspectiva elevada, superando las circunstancias y problemas, elevándose por encima de la tormenta, no solo sobreviviendo y la renovación de las fuerzas, como una imagen del águila (que se decía que se rejuvenecía al ascender) simboliza una renovación profunda y poderosa que va más allá del descanso físico.
El descanso nos ayuda a rejuvenecer
Es inevitable el agotamiento físico y emocional, por eso muchos nos damos un tiempo de ocio, de descanso tan necesario, para restaurar el espíritu, para que nos ayude a poder enfrentar las dificultades de la vida y del momento presente. Las personas dicen: ¿Qué hizo en vacaciones? Algunos comentan que pasearon, que descansaron, que se relajaron, que leyeron algún libro.
Pero pensemos cuántos de esos días nos ayudó a crecer espiritualmente, no solo una lectura, sino la participación activa de las celebraciones litúrgicas, que es el fundamento de nuestra fe y el alimento para nuestros planes y proyectos de este año.
El contexto del texto de Isaías
El pueblo tiene un contexto de prueba, atraviesa un exilio babilónico para Israel, invitando a una dependencia activa y una fe renovada en la capacidad de Dios para elevar y sostener a sus creyentes en medio del exilio. Pensemos en tantos hermanos migrantes por todo el mundo, con la situación actual, donde la zozobra de sus situaciones les quita el sueño, la paz y la tranquilidad de sus corazones.
En medio de la situación que atraviesan, renacen como águilas, vuelven a volar, con nuevas fuerzas, porque el águila que lleva cada corazón, es un símbolo de la imagen del cristiano, que no se rinde ni se acobarda, resplandece y brilla, vuela alto, con perspectiva de alcanzar nuevas metas y no rendirse.
Se trata, efectivamente, de un maravilloso sueño, una imagen poética poderosa: este pueblo exiliado no está abandonado por su Dios, sino que confía en él y en su futuro cargado de promesa mesiánica que se cumple en la venida de Jesús, el liberador de toda opresión.
El Espíritu Santo, renueva la Iglesia
Así como el águila se renueva, cuando ya cumple su ciclo, porque cambia completamente su plumaje, sus uñas y su pico; así mismo, el Espíritu desciende sobre Jesús en el bautismo, para cumplir su promesa dada, se abren lo cielos y se escucha la voz del Padre, confirmando su misión, “este es mi hijo amado escuchadle” (Mt 3, 16-17).
Como a los verdaderos profetas del Antiguo Testamento, cambió el rumbo de la historia, así como en su momento del pueblo de Israel, ahora lo hace con Jesús y cambia la vida de Jesús y de sus discípulos: “El Espíritu, que es artífice de comunión en el amor, crea entre los hombres nueva fraternidad y solidaridad, reflejo verdadero del misterio de recíproca entrega y acogida propio de la Santísima Trinidad.
El mismo Espíritu llega a ser la ley nueva, que da la fuerza a los creyentes y apela a su responsabilidad para vivir con reciprocidad el don de sí mismos y la acogida del otro, participando del amor mismo de Jesucristo según su medida” (Juan Pablo II, Carta encíclica Evangelium vitae No. 76 (1995)).
El Espíritu Santo en la parroquia San Juan Eudes del Minuto de Dios
El Espíritu Santo, es la tercera persona de la Santísima Trinidad, es el protagonista de la evangelización en la Iglesia actual, es el motor y dinamizador de toda la Iglesia, por eso animó a los apóstoles en el pentecostés, les ayudo a vencer los temores, en especial a la muerte, fueron fuertes en medio del sufrimiento, recordemos que el padre Diego Jaramillo, eudista, nos explica el signo del Espíritu Santo que todos observamos en el centro de la parroquia san Juan Eudes del Minuto de Dios: “En la iglesia parroquial del Minuto de Dios, en Bogotá, hay una escultura que evoca al Espíritu Santo.
Es una paloma, fundida en plata alemana y bronce, que hace pensar en el descenso del Espíritu de Dios, cuando Jesús fue bautizado en el río Jordán. Las alas del ave parecen llamaradas. Son el fuego del Espíritu, que bajó sobre María y los apóstoles, la mañana de Pentecostés (Cf. Hech 2, 1-4). Finas varillas de bronce, a modo de plumas, recuerdan, al moverse, el viento recio que estremeció el aposento donde estaban reunidos los discípulos de Jesús, cuando nació la Iglesia.
Paloma, fuego, viento son símbolos del Espíritu Santo y traen a la mente algunas de sus actividades: Él nos hace hijos de Dios, guía nuestro caminar hacia el Padre, orienta nuestra oración, ilumina nuestra fe en Jesucristo, nos reúne en Iglesia, enriquece nuestro corazón con el amor, derrama sobre la comunidad cristiana una lluvia de bendiciones, vivifica todas las actividades eclesiales: sacramentos, animación y gobierno del pueblo creyente, predicación de la Palabra de Dios… ”(Diego Jaramillo, nuestra vocación en el Minuto de Dios, 1997).
Esta hermosa imagen la contemplamos cada vez que vamos al templo del Minuto de Dios, pensemos que el Espíritu Santo, sigue guiándonos e iluminándonos en todos los tiempos, porque sus alas siguen ardiendo de amor, siguen calentando los corazones fríos, porque sus llamaradas siguen siendo significativas para todos nosotros que visitamos este templo, que el Espíritu Santo está en el centro de la Iglesia, porque sigue guiándonos a nosotros hoy en día, pensemos que esa lluvia de luz se derrama en cada uno de nosotros y nos renueva por dentro para sacar adelante los proyectos que él quiere para nosotros hoy.
Por Wilson Javier Sossa López. Sacerdote eudista del Minuto de Dios
