La relación del Hijo con Padre que habita en los cielos, nos coloca en la situación del camino con el rostro social de Jesús. Es una mirada retrospectiva de una relación del hombre con Jesús y con la sociedad, hemos hablado en artículos anteriores del desarrollo social sostenible y el “tejido social”.
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En este caminar volvemos a lo fundamental o esencial, como se ha dado en nuestras comunidades a partir de Jesús: la posiblidad de transformar la sociedad desde sus raíces más profundas, porque el hombre nuevo no vendrá por discursos poéticos o bonitos, sino por seguir el verdadero camino, la verdad y la vida en abundancia que nos da Jesús.
En estos días, comenzamos el camino cuaresmal, es una camino de gracia, de penitencia, de refelxión profunda… escuchando unas palabras del padre Bernardo Vergara, eudista, que quiero retomar hoy porque me parecen iluminadoras para este comienzo cuaresmal: “Que sea la oportunidad para agradecer, de corazón, a mis hermanos la oración en procura de mi pronta recuperación.
Pienso que el Señor me está dando más vida para abonar el terreno en donde debo sembrar más bien humano y así poder sembrar, con confianza infinita, nuevos frutales para obtener de los mismos frutos, que, gracias a Dios he recogido en esta cosecha frente a contingencias que suceden en la vida”. Pensaba en nuestras fragilidades de todos nosotros, en aceptar que somos limitados y que cumplimos ciclos hermosos en la vida y que cosechamos lo que sembramos en la vida.
Citando tambien las palabras y la propuesta del padre provincial del Minuto de Dios, German Gandara, eudista, que nos decía: “Un tiempo de gracia para regresar al Corazón de Jesús, dejarnos transformar por su amor y renovar nuestra vida… de la mano del papa León XIV y la espiritualidad de San Juan Eudes, viviremos esta Cuaresma como un verdadero camino de conversión: Volver a lo esencial, profundizar en la oración y Ccrecer en el amor que se hace servicio”. Como antesala para profundizar sobre lo esencial de nuestra espiritualidad, sobre el corazón de Jesús que palpita de amor por nosotros y por nuestras comunidades a las que servimos.
El rostro de la voluntad del Padre (Jn 4, 34)
La autoridad de Jesús es la seguridad de su palabra, pero también la fuerza de su propia vida, porque hace realidad la Palabra del Padre. Su alimento cotidiano es “hacer la voluntad del Padre” (Jn 4,34) en la palabra y en la acción, en la enseñanza que ofrece y en la salvación que realiza entre los hombres.
El rostro de Jesús: El camino (Jn 14, 6a)
Jesús es el único puente entre la humanidad y Dios, siendo el medio para obtener la reconciliación y la salvación. Jesús no dijo que les mostraría un camino o que simplemente allanaría un camino; dijo que Él mismo es el camino. En el Evangelio de Mateo leemos que la misma tarde en que le dijo estas palabras a Tomás, Jesús lloró amargamente y suplicó tres veces a Su Padre: “Si es posible, que pase de Mí esta copa” (Mt 26, 39). La copa del sufrimiento, de la cruz, del sacrificio de la vida misma, no tenemos otro camino, Jesús es el camino que nos lleva al Padre, a veces el camino se hace pesado, por las cargas de la vida, otras veces, el camino se hace suave y llevadero porque el camino mismo nos da muchas enseñanzas de personas humildes y sencillas, que están abiertas al obrar de Dios en su vida.
El rostro de Jesús: La verdad (Jn 14, 6b)
Él representa la revelación absoluta de Dios y la realidad de la fe, en contraste con la falsedad del mundo. Parece como si la mayoría de las personas en nuestro momento cultural actual le dieran un gran valor a creer que la verdad es relativa: “tu verdad” es tu verdad y “mi verdad” es la mía. A veces tenemos una mirada miope de la realidad o incluso a veces disfrazamos la verdad con arandelas que no ayudan a crecer en torno al rostro de Cristo. Cristo es la verdad no tenemos que hablar de cosas que no son, sino de la verdad contenida en el evangelio, la verdad revelada, la verdad de la vida eterna, la verdad de ser mejores, la verdad como búsqueda del corazón humano todos los días por alcanzar la verdad de Jesús.
El rostro de Jesús: La vida (Jn 14, 6c)
Jesús es la fuente de la vida espiritual, la resurrección y la vida eterna. la Vida misma abrió el camino para que tuviéramos vida a través de Su muerte. Debido a que Jesús entró voluntariamente en una tumba, allanó el camino (el único camino) al otro lado de la tumba para todos los que creen en Él.
En fin, Jesús es el camino, la verdad y la vida (Jn 14, 6). En nuestro censo profundo, en este sentido más profundo y más importante, todas y cada una de las afirmaciones que Jesús hace en el evangelio de Juan son verdaderas. Incluso aquella en la que dice antes que Abraham existiera, yo soy.
El rostro de Jesús: “Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no caminará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn 8, 12)
Es una afirmación fundamental de Jesús que representa la guía, verdad y salvación frente a la oscuridad del pecado y la confusión espiritual; esta palabra es tan cargada y tan hermosa que los cristianos le dirigieron inmediatamente como una de las designaciones favoritas de Cristo. Recordemos que un mosaico de Jesús, “el Pantocrátor” (del griego “todopoderoso”), es el Señor del Universo. Sostiene frente a él un libro abierto muestra a Jesús con un libro en la mano izquierda, simbolizando su poder absoluto y su papel como juez y redentor y muestra la página donde están escritas esas mismas palabras en griego y latín: “Yo soy la luz del mundo”.
Una invitación hoy
Está Cristo majestuoso, sentado y bendiciendo el universo, típica del arte bizantino y románico. Generalmente situado en el ábside o tímpano de las Iglesias. Pensado un poco en esta imagén, llegan muchas imágenes, entre ellas, la Palabra de Dios, que muestra el camino, que nos sostiene y nos da la claridad en momentos de oscuridad, rostro y su mirada están cargadas de luz, muestran paz y nos invita a leer su mensaje.
Somos el rostro de Jesús hoy: “un libro abierto”
Nuestro libro está abierto, sigue escribiendose en el corazón de la humanidad, nada está concluido, el camino está abierto para todos lso que queremos seguir el verdadero libro de la vida que está contenido en Jesús, su corazón está abierto para que todos volvamos a lo esencial: el amor de Dios.
Por Wilson Javier Sossa López. Sacerdote eudista del Minuto de Dios
