Es la pregunta que muchas veces me he hecho, creo que estos últimos días, me ha interpelado en lo más profundo de mi corazón, he meditado sobre los signos de Dios en nuestra realidad, he contemplado que la misma historia nuestra tiene vestigios de Dios, a veces un poco nublados por el paso del tiempo, otras veces un poco más claro, pero es el mismo Dios obrando en la vida de todos los seres humanos, nada se queda sin ser una obra de Dios.
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San Agustín conceptualiza el conocimiento de Dios a través de “dos libros”: la creación (la naturaleza/la vida) y la Biblia (la Sagrada Escritura), una idea que sugiere que Dios se revela tanto en la obra física como en la palabra revelada.
¿Qué es el pecado para san Agustín?
El pecado nos impide leer correctamente el libro de la creación, mientras que las Escrituras guían al creyente hacia la verdad. Estos días, el evangelio de san Juan, ha sido enfático en mostrarnos a Jesús como “el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6), porque se considera una declaración mesiánica central que utiliza conceptos profundos de la tradición judía para expresar la misión de Jesús (Cfr. Sossa, Wilson, Los 7 yo soy de Jesús, ed. San Pablo, 2025).
Interpretar la acción de Dios
Dios obra en la creación, en la vida diaria, en la naturaleza, en la historia personal, en la historia de nuestros pueblos, en la lucha diaria de cada persona que se levanta con un propósito para vivir, una intención que tiene como fin dejar que Dios hable, porque “Si los predicadores se callan, las piedras gritarán” (Lc. 19,40).
La creación misma (las piedras) manifestará su mensaje y gloria, pues la venida de Jesús y la verdad divina no pueden ser detenidas por el silencio humano, porque Dios escribe derecho en renglones torcidos. Recordemos que este es un dicho atribuido a Santa Teresa de Ávila, expresa que Dios puede cumplir su plan incluso a través de las imperfecciones humanas y los eventos caóticos de la vida.
Dios vence nuestras resistencias
Dios sale vencedor siempre, nosotros podemos retar a Dios, gritar o querer rendirnos en la vida, pero Dios siempre nos inquieta, nos desestabiliza, nos desacomoda; es el obrar de Dios en la vida de cada uno de nosotros.
La fe es un acto de la voluntad, es el punto de partida para dar el paso o el salto, no es que dudes, sino un salto para vencer los miedos y temores que no es un salto al vacío, es una salto o riesgo de encontrar algo mejor.
¿Por qué necesitamos la fe hoy?
Porque la fe implica cierto movimiento de abandono, de renuncia, pero al mismo tiempo, la esperanza en que recuperaremos lo perdido, ya sea porque “Dios proveerá”, en esta vida o en otra, o en todo caso, la esperanza o certeza de una dicha basada en nuestra dignidad y no en estímulos sensibles externos.
Por Wilson Javier Sossa López. Sacerdote eudista del Minuto de Dios