Tribuna

Ecumenismo 2026: ¿qué está produciendo el diálogo intereclesial?

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El ecumenismo no produce titulares explosivos. Es lento, con avances que suenan a burocracia eclesial: declaraciones conjuntas, comisiones de diálogo, acuerdos sobre el bautismo. Pero algo ha cambiado en estos dos años. Los frutos, aunque discretos, tienen peso específico.



Roma-Constantinopla: el diálogo que mira hacia atrás

La relación entre católicos y ortodoxos sigue siendo un baile cortesano. Gestos, sí. Avances teológicos, pocos. En mayo de 2025, el patriarca Bartolomé viajó a Roma para la toma de posesión del papa León XIV. Meses después, el 29 de noviembre de 2025, ambos firmaron en Estambul una declaración conjunta que volvió a subrayar la urgencia del testimonio cristiano común en un mundo secularizado. El gesto fue fuerte; el nudo, el mismo: primado y sinodalidad siguen siendo el terreno donde el diálogo avanza más despacio.

El problema de fondo no ha cambiado: el primado del Papa y su articulación con la sinodalidad. En 2025, el Comité de Coordinación de la Comisión Mixta Internacional Católico-Ortodoxa volvió a reunirse para avanzar precisamente en ese terreno. El trabajo continúa sin grandes titulares: redactar, revisar, volver a redactar. Es el tipo de progreso que no se anuncia, pero que sostiene el diálogo cuando los gestos se agotan.

Pero hay algo —pequeño, pero notable— que sí avanza: la cooperación en terreno. En Ucrania, donde la guerra ha complicado las relaciones entre ortodoxos de Moscú y Constantinopla, algunos proyectos humanitarios han unido a católicos y ortodoxos sobre el terreno. Nada oficial. Redes informales, parroquias locales que comparten recursos para refugiados. En Estambul, un sacerdote católico me contó que su diócesis comparte un almacén de alimentos con una parroquia ortodoxa desde hace dos años. “No firmamos nada. Simplemente funciona”, dijo. No aparece en los documentos vaticanos, pero está ahí.

El papa Leo XIV y Bartholomew I, Patriarca Ecumenico de Constantinopla, en Nicea

Católicos y luteranos: el impacto del acuerdo de 2017

En el marco de la conmemoración conjunta de la Reforma (2016–2017), católicos y luteranos dieron pasos significativos: desde la declaración conjunta de Lund (2016) hasta documentos de convergencia como ‘From Conflict to Communion’ y ‘Declaration on the Way’. Fue importante, sí, pero ¿qué ha pasado desde entonces?

Más de lo esperado. En Alemania, varias diócesis católicas han empezado a permitir la intercomunión en matrimonios mixtos, aunque Roma no lo aprueba oficialmente. Es decir: la práctica va por delante de la doctrina. Los obispos alemanes no publicitan esto, pero lo permiten. Es un giro silencioso pero real.

Y algo más concreto: el ecumenismo avanza donde hay formación. Seminarios, institutos y universidades han normalizado cursos compartidos, semanas intensivas y estancias de investigación cruzadas. No suele hacerse en clave épica, pero sí crea un tejido: amistades, bibliografías comunes, y una generación que ya no aprende a pensar la unidad como una excepción.

Anglicanos: el punto muerto de siempre

Con los anglicanos, el diálogo se ha estancado. No por falta de voluntad, sino porque las fracturas internas del anglicanismo son más profundas que las diferencias con Roma. La Comunión Anglicana está dividida sobre la ordenación de mujeres, el matrimonio entre personas del mismo sexo y cuestiones de liturgia. No tienen una posición unificada, lo que dificulta cualquier acuerdo con el Vaticano.

En 2024, la Comisión Anglicana–Católica Internacional (ARCIC III) se reunió en Estrasburgo en mayo, pero el comunicado final tuvo poca repercusión. En 2025, ARCIC III volvió a reunirse en Melbourne (octubre), y el propio comunicado reconocía lo que todos intuían: el ritmo del diálogo se ha vuelto más irregular y depende mucho del contexto eclesial. No es un fracaso; es una señal de que la agenda ecuménica ya no vive solo de grandes encuentros, sino de continuidad institucional.

Pero hay una ironía: mientras el diálogo oficial se enfría, las conversiones individuales siguen existiendo. Desde 2011, Roma estableció los “ordinariatos personales” para anglicanos que quieren unirse a la Iglesia católica manteniendo parte de su liturgia. Hoy hay tres ordinariatos: uno en Inglaterra, otro en Estados Unidos y otro en Australia. Son comunidades pequeñas, pero estables: un ecumenismo que no pasa por comisiones, sino por biografías.

Evangélicos y pentecostales: conversaciones exploratorias

Aquí es donde el panorama se complica. Los evangélicos no tienen una estructura central, lo que hace casi imposible un diálogo institucional. Pero desde 2006, cuando el entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio empezó a reunirse con pastores pentecostales en Buenos Aires, el acercamiento ha seguido otro camino: relaciones personales y trabajo conjunto en terreno. En 2014, unos 200 líderes evangélicos lo visitaron en el Vaticano, un gesto impensable décadas atrás.

Lo interesante fue que no hablaron de teología. Hablaron de migración, pobreza, narcotráfico. Cosas concretas. Y acordaron trabajar juntos en proyectos sociales. No es ecumenismo teológico, es ecumenismo de acción. Hay quien lo ve como un retroceso doctrinal, otros lo ven como pragmatismo necesario.

En América Latina, donde evangélicos y católicos comparten los mismos barrios, el ecumenismo de acción ha crecido en silencio: bancos de alimentos compartidos, centros de rehabilitación de adictos, escuelas comunitarias. Proyectos pequeños, pero sostenidos. Sin grandes declaraciones, pero con presupuestos compartidos entre parroquias católicas y congregaciones evangélicas.

¿Y el resto? Coptos, asirios, reformados…

El diálogo con las Iglesias orientales antiguas (coptos, armenios, asirios) sigue siendo cordial pero marginal. No hay grandes avances doctrinales, pero tampoco retrocesos. El Vaticano mantiene relaciones estables con el Patriarcado Copto de Alejandría, especialmente en temas de persecución de cristianos en Oriente Medio, pero sin tocar temas teológicos profundos.

Con los reformados (calvinistas) hay menos actividad aún. La Alianza Mundial de Iglesias Reformadas mantiene contacto con el Vaticano, pero sin reuniones regulares. En 2025, no hubo ninguna reunión formal. El diálogo está en pausa, no cancelado, simplemente suspendido.

En Asia y África, donde el cristianismo crece rápidamente, el ecumenismo adquiere matices locales menos visibles en Occidente: competencia por fieles, pero también cooperación frente a gobiernos autoritarios o conflictos interreligiosos. En Filipinas, India y Corea del Sur, las conferencias cristianas asiáticas han logrado más unidad práctica que muchos diálogos europeos. Y en el África subsahariana, pentecostales y católicos rivalizan por convertir, pero colaboran cuando hay persecución.

¿Está funcionando el ecumenismo?

Depende de qué se espere. Si se busca la reunión institucional de todas las Iglesias cristianas, no. Eso no va a pasar, al menos no en las próximas décadas. Pero si se mide el ecumenismo por la capacidad de trabajar juntos, de reconocer el bautismo mutuo, de formar teólogos en universidades compartidas, entonces sí, hay avances.

Lo que ha producido el diálogo en estos dos años no son grandes declaraciones, sino cambios de fondo: estudiantes luteranos en facultades católicas, intercomunión discutida y a veces tolerada en Alemania, proyectos sociales conjuntos en Latinoamérica, redes humanitarias en Ucrania. Son cosas medibles, no retóricas.

El ecumenismo de 2026 no es el de 1960, cuando se firmaban declaraciones históricas. Es más modesto. Menos visible. Pero quizás más duradero. Porque lo que se está construyendo no son monumentos doctrinales, sino puentes prácticos. Y esos, al final, son más difíciles de desmantelar.

Conclusión: el ecumenismo que nadie celebra

No habrá una gran reunión donde católicos, ortodoxos, luteranos, anglicanos y evangélicos firmen un acuerdo de unidad. Pero tampoco importa tanto.

Lo que está pasando es otra cosa: una lenta integración en lo cotidiano. Estudiantes que cruzan fronteras confesionales, parroquias que colaboran en terreno, normas que se flexibilizan sin anunciarlo. Es un ecumenismo sin confeti, sin fotos oficiales. Pero es el que deja huella.

Y quizás eso sea lo más realista que el diálogo intereclesial puede ofrecer hoy: no la unidad, sino la convivencia. No el acuerdo total, sino el trabajo compartido. No una Iglesia única, sino una red de Iglesias que, poco a poco, aprenden a no ignorarse.


*Ersun Augustinus Kayra es escritor e investigador independiente con base en Estambul. Publica sobre convivencia religiosa, vida pública, ética y ecología, con especial atención a las “micro-escenas” urbanas del día a día. Ha colaborado en medios internacionales como National Catholic Reporter (EarthBeat), Plough, Stimmen der Zeit, Le Verbe y Le Devoir.