Tribuna

De la buena semilla al propósito: Talento, don y carisma según Dios

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En estos días, he comprendido que vivir una experiencia profunda nos lleva a situarnos desde nuestro talento en la vida, por ejemplo, la semilla que se siembra en buena tierra, es una manera para comprender que la mayor alternativa del ser humano es tener un propósito o un proyecto, esto nos permite recordar, que los dones, los carismas y las gracias fueron dadas por Dios, para servir a los demás y triunfar, sabiendo siempre que la honra final es para el Creador.



La pregunta que nosotros nos plantemos en este pequeño escrito es: ¿Para quién sembramos? y/o ¿Para quién tejemos?

El fútbol, es un ejemplo de juego colectivo

Pensemos un momento en el fútbol como deporte colectivo y en pro de un fin: ganar. Pero podemos tener el mejor jugador, que quiere hacer todo, pero si su talento no es compartido, no pasa el balón, no juega en conjunto, no tiene visión de equipo, entonces su gran talento es desperdiciado o no puede verse reflejado en el valor de pasar el balón.

La semilla sembrada al borde del camino

La parábola de la semilla nos ayuda a comprender el verdadero fin del ser humano: lo sembrado al borde del camino, es la semilla que no se sitúa en el buen terreno, porque vive al borde, no puede ser comunitario, porque su vida no se encuentra en dar fruto sino vivir al borde del camino, el la orilla de su vida. A pesar que tiene la técnica, no puede echar raíces porque vive al límite en todo y llegan los pájaros que aprovechan el momento y se comen la semilla. Aunque la parábola nos explica sobre del reino de Dios, pensemos en los proyectos, que por vivir pensando en muchas cosas, tiende a perder su enfoque, su verdadero centro. Vivir a la orilla es vivir espontáneamente, sin un plan o una brújula, tiende a vivir al límite. ¿Cuántas personas viven por vivir? ¿Cuántas personas conocemos sin un proyecto?

¿Cuál es la relación entre la semilla y el sembrado?

La semilla es el potencial en bruto es el talento natural o don sobrenatural, el sembrado es el proceso de desarrollo y el talento es la capacidad que se materializa en la vida. Todo está en relación con la vida, no existe ninguna persona que no tenga un talento o don, todos somos seres humanos que Dios ha puesto en la creación para sembrar, no para vivir al borde del camino ni de la vida. Debemos vivir enfocados en un propósito. Si la tierra es buena, la semilla de talento germina y fructifica. Si la tierra es árida, por más talento que invirtamos, no vamos a ver los resultados. ¿Nos rodeamos de personas positivas y talentosas?

El talento con disciplina que nos forja

El talento, debe estar acompañado del esfuerzo y el saber orientar la vida, porque tener una habilidad técnica, un intelecto brillante, creatividad o una gran capacidad para resolver problemas complejos no es una simple coincidencia; es una herramienta de diseño puesta en tus manos con un propósito claro. Sin embargo, el talento por sí solo no es suficiente. El verdadero éxito se construye cuando decides pulir ese potencial a través del esfuerzo diario, la rectitud y la disciplina en el tiempo. Por eso, todo es de paciencia, si siembras algo, debe darse su tiempo para que germine, para que de fruto. Así pasa con el talento, un equipo de fútbol, requiere de trabajo constante, disciplina, estructura y juego constante para perfeccionar seguramente se estrategia.

Feligreses MD

Buscar la raíz y la razón de ser

El papa León XIV, nos invita a “buscar el triunfo en tus proyectos profesionales o académicos es completamente válido y necesario. El problema empieza cuando permitimos que el ego o el aplauso del entorno nublen nuestra perspectiva. La sabiduría comienza al entender que somos los administradores de nuestras capacidades, no los autores”. Cuando trabajas con honestidad y dedicas tus victorias a la fuente superior, te liberas de la presión del orgullo y de la ansiedad por el reconocimiento externo.

Tejer almas para Dios

El mejor ejemplo es el del Siervo de Dios Rafael García Herreros, que una vez se encontró con la señora Anita de Laguna, ella tejía en su maquina de coser, él la observó y le dijo: “Anita, te invito a que dejes de tejer para el mundo y empieces a tejer almas para Dios”. Me quede pensando que nosotros muchas veces tejemos para nosotros, porque trabajamos para nuestros pequeños proyectos personales, tejemos para los demás porque no  la pasamos en la vida, pensando en el bien del “otro”…está bien, pero seguro que no llena el corazón tanto como trabajar y poner le talento al servicio de un proyecto mayor: que es el reino de Dios.

La invitación con el Siervo llega a lo más profundo del corazón, porque es a tejer realmente almas para Dios, esto es desgastarnos en el servicio en pro de evangelizar y ganar almas para Dios. Utilizar todos los talentos y dones para tejer en una comunidad, ganando más personas para Dios.

¿Para quién tejes?

La respuesta sigue abierta, porque tejemos para los demás, pero el hoy se nos invita a “…dar el máximo en tus tareas de hoy, lidera con el ejemplo y haz crecer tus metas, manteniendo siempre tus pies en la tierra y tus prioridades claras” Papa León XIV.


Por Wilson Javier Sossa López. Sacerdote eudista del Minuto de Dios