Desde sus primeras expresiones, el cine se ha apropiado de la figura de María entrelazando aspectos estéticos y narrativos, antropológicos y teológicos. Género dentro del género, las películas sobre apariciones marianas u otras mariofanías que cuestionan la percepción colectiva de lo sagrado, se prestan con especial significado a la evocación de cuestiones y sensibilidades de su tiempo.
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Al dar voz al rostro y carne de la María de los Evangelios, el medio cinematográfico transmite una imagen de lo femenino y del papel de la mujer en la Iglesia y en la sociedad. Así, la representación del o la vidente es explicativa del sentimiento religioso y social, tanto cuando se inspira en apariciones reconocidas, como cuando su vida se ve sacudida por apariciones ficticias de María.
Prueba de ello es el ‘apparition’ drama más exitoso de la época dorada de Hollywood, referencia imprescindible para la producción posterior. Basada en la novela de Franz Werfel ‘La canción de Bernadette’ (1943), dirigida por Henry King, hace un amplio uso de soluciones probadas para sugerir la presencia de lo sobrenatural, mezclando efectos de luz y viento con el apoyo de música no diegética. Como en la iconografía votiva, Jennifer Jones, en el papel de Bernadette, está filmada de perfil o de rodillas mientras mira en dirección a una presencia fuera de campo.
Para visualizar cuál es la prerrogativa de la joven vidente, King recurre a la subjetividad de la mirada de la “pastorcita” con la que el espectador experimenta la mirada de la Señora, interpretada por la actriz Linda Darnell. La imagen etérea, en sintonía con el sentimentalismo de la devoción popular, encuentra plena correspondencia en el retrato de Bernadette. En el rodaje, Jones tenía veinticuatro años, diez más que su personaje, pero su actuación, en nombre de una inocencia humilde y feliz, le valió el Oscar a mejor actriz principal.
Será la búsqueda de nuevos modelos femeninos lo que alimentará, también en el cine, las reticencias posconciliares hacia las manifestaciones devocionales del culto mariano. El renacimiento, en el cambio de milenio, coincide así con una renovación radical de la imagen de María, afectada por las batallas feministas. A raíz del fértil diálogo entre las teologías y los estudios sobre la mujer, se intenta sacar a la luz elementos de la “auténtica” María bíblica escondida por corrientes ideológicas y por la cinematografía reduccionista.
Hay otro denominador común en la atención crítica a la relación entre religiosidad y secularización. El estreno singular y paralelo en salas de dos de las reinterpretaciones más personales del fenómeno es en 2018.
Historia de una refugiada
Con ‘Troppa grazia’, Gianni Zanasi escenifica el encuentro entre Lucía, madre soltera y escéptica (Alba Rohrwacher), y una decidida Virgen María (la actriz judía Hadas Yaron), a quien la protagonista confunde con una joven refugiada. Cuando se da cuenta, Lucía corre al psiquiatra. El encuentro con María le ayudará a redescubrirse a sí misma y a su ética profesional. La evolución empieza por el reparto, en contraste con la antigua cultura desjudaizante, hasta las elecciones estilísticas y narrativas. Zanasi renuncia a la música y atmósfera etérea, apostando la historia de una refugiada. En la película, la relación entre María y Lucía se pone de relieve con precisos movimientos de cámara que las muestran juntas en el mismo encuadre. El que María se muestre solo a Lucía refuerza las posibilidades cómicas del tema.
La Mariología de la liberación exalta el poder subversivo de la figura de María, la primera en profetizar el advenimiento del Rey del que acabará con la injusticia, como se promete en el ‘Magnificat’. En ‘Troppa grazia’ el discurso sobre María refleja la revolución contra el poder político y económico, la maternidad vinculante, la conciencia ecocrítica y la defensa del medio ambiente. En armonía con las Mariologías feministas, Zanasi restituye a María una feminidad ni cursi ni dulzona, sino presente en un cuerpo sexuado. Reinventa la figura de la vidente en una sociedad en crisis que también expresa la necesidad de crecimiento y renovación moral y espiritual.
Apariciones marianas
En 2018, el retrato de una humanidad frágil, dividida entre la duda, la idolatría, el miedo al futuro, a la espera de nuevas revelaciones, se tiñe de nuevos matices con ‘L’Apparition’ de Xavier Giannoli, que reinterpreta la experiencia evocando preguntas ya planteadas por Esteban Larraín en su ‘La Pasión de Miguel Ángel’ (Chile 2013). La película francesa se centra en el contraste entre la dolorosa búsqueda de pruebas e “imágenes de la verdad” que impulsa a un periodista agnóstico, implicado en la investigación canónica en torno a una supuesta aparición mariana, y lo que, por su naturaleza, permanece invisible a los ojos y a la razón. El circo mediático, las mentiras y las mistificaciones no contaminan la sinceridad de la fe de Anna, la adolescente que encarna hasta el sacrificio la misión de la que se cree investida. La figura de la vidente, en observación, se duplica aquí en un final que sitúa a una María moderna en un campo de refugiados en la frontera con Siria, habiendo huido de su vocación, pero capaz de crear una nueva imagen de maternidad y servicio a los demás.
El cine del tercer milenio redescubre la figura de María como modelo de solidaridad y de plenitud humana y femenina, conectándola con nuestro intento de dar sentido a las angustias y dificultades de un presente incierto.
*Artículo original publicado en el número de julio de 2024 de Donne Chiesa Mondo. Traducción de Vida Nueva
