Pliego
Portadilla del Pliego, nº 3.468
Nº 3.468

Símbolos para vivir y evangelizar

Son tan importantes en nuestro conocer, que ya los griegos (s. IV a.C.) se preguntaban si nuestra mente reflejaba como en un espejo la realidad exacta de las cosas o si las ideas no eran más que sombras de lo real en el fondo de la caverna. Hay que estudiarlos más.



El fenomenólogo de la religión Juan Martín Velasco (1934-2020) los llama ‘mediaciones’, no mensajeros ni intermediarios pasajeros, pues un ‘médium’ da forma, configura y contiene el mensaje, como los ‘medios’ de comunicación –radio, televisión, prensa escrita–, que tanto ‘median’ e impregnan las noticias que McLuhan (1911-1980) decía: “El ‘medio’ es el mensaje”; y como los conceptos y las palabras que los designan ‘median’ nuestro encuentro con la realidad. M. Heidegger (1889-1976) decía que el lenguaje es la ‘casa del ser’, cuya extensión coincide en cada uno con el número de palabras que domina, y así los filólogos.

‘Mediaciones’ sublimes

De hecho, las palabras son ‘mediaciones’ sublimes, y su sonido literal suele estallar y concitar otras realidades lejanas. Pienso en nuestros nombres, que deberían manifestar lo que somos (o seremos), aunque los apodos y piropos nos ayudan mientras esperamos un nombre nuevo y definitivo grabado en una piedrecita blanca (Ap 2, 17). El Nombre de Dios permanece secreto e impronunciable.

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Cruz sobre una mano. Imagen generada con IA

Pienso también en narraciones históricas, ahora que los políticos rivalizan por el relato. O en los innumerables mitos religiosos orientales, griegos y del Génesis (como la creación). Y pienso en la literatura y el cine, manaderos inagotables de símbolos, como don Quijote y Ulises.

La música, rival de la palabra

También en la comicidad de un chiste bien traído y en los fabulosos cuentos infantiles, que los niños piden una y mil veces escuchar ¡el mismo cuento! seguros de algo siempre nuevo. Y, ¡cómo no!, pienso en las maravillosas parábolas de Jesús. Por eso me estremece la actual abundancia palabrera.

Solo la música parece un destacado rival de la palabra, aunque George Steiner (1929-2020) escribió: “Resulta casi cruel contrastar la riqueza comunicativa de lo musical con los baldíos movimientos de lo verbal”. De paso, aprendemos que la fuerza musical está en su interpretación más que en su partitura, pues interpretar no es descifrar un texto, sino ejecutarlo, vivirlo.

Esto vale para las artes –danza, teatro, etc.– y para la liturgia religiosa, que no desdeña ninguna, incluida la lectura en voz alta, como una verdadera ‘performance’. Todas las artes son maravillosos manantiales simbólicos que nos llevan hacia la belleza, esa chispa divina. Aprendamos mejor el arte de celebrar la liturgia.

Trance simbólico

Hay muchas ‘mediaciones’ verbales, visuales, auditivas, y cualquier realidad –por rara y extravagante que sea– es capaz de lanzarnos más allá de sí misma en un modesto trance simbólico. Así, un rostro personal, único en el mundo, simboliza al ‘otro’ y me obliga a respetar su misterio inasible. Hay que reconocer lealmente que vivimos siempre entre misterios que pueden pasarnos inadvertidos. Hace mucho que recomiendo vivir con atención, “acariciar las cosas por si debajo hay símbolos”.

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Instalación escultórica ‘Tensión entre tu presencia y tu ausencia’, obra de Luis Arturo Giménez Alamán sobre el ‘Cántico Espiritual de san Juan de la Cruz. Foto: Vida Nueva

Mejor que hablar de símbolos y mediaciones será estudiar el ‘dinamismo o potencial simbolizador’ que yace innato en el espíritu humano y se activa constantemente en todas nuestras relaciones, no solo religiosas. Muchas ciencias humanas lo saben y Martín Velasco añoraba un simposio interdisciplinar que reuniera sobre el símbolo a filósofos, antropólogos, sociólogos, teólogos, neurólogos y psicólogos.

“Animal simbólico”

Se diría que, de fábrica, el ser humano lleva en su corazón la referencia a algo más de sí mismo superior a él e invisible; como un estar de puntillas, vertical para mejor levantar la cabeza y distinguir lo inasible. Esta condición hizo decir a E. Cassirer (1874-1945) que el hombre es un “animal simbólico” y otros, no solo teólogos, dicen que nunca coincide consigo mismo y es ‘anagógico’ (sube, no ‘katagógico’, que baja). Lo demuestran tantas víctimas de la vida que soportan su desgracia con una esperanza imposible.

La función simbólica brota de nuestro ser profundo a cada paso. Los más sabios (de ‘sapere’) lo saborean, mientras muchos listos y doctores pragmáticos tal vez ni se enteran, pues solo buscan descifrar los misterios, no vivirlos como una partitura. El mayor riesgo existencial es cegar nuestros manaderos simbólicos y no poder penetrar por las rendijas de lo real.

Ver ‘más allá’

De hecho, el ‘sentido de la vida’ también se percibe y se expresa en símbolos, aunque lo desprecien hoy muchos habitantes de la rica sociedad del bienestar y sea para ellos algo vaporoso. Pocos saben que la vida, si no se da, se pierde (Lc 17, 33), pero vivir sin sentido resulta gravísimo y, por eso, hay que suscitar en jóvenes y adultos ese dinamismo interno que nos deja ver ‘más allá’.

Nos ayudará a ello observar cómo las fiestas y celebraciones populares expresan y refuerzan la orientación vital con ritos, cánticos y danzas; así como atender a la actualidad y a ciertas experiencias menos clásicas, como las señaladas hace tiempo por K. Rahner (1904-1984): “Cuando un hombre conoce y acepta su libertad última, que ninguna fuerza terrena le puede arrebatar (…), cuando probamos diariamente nuestra muerte e intentamos vivir como desearíamos morir, tranquilos y en paz…”.

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La paloma de la paz. Imagen generada con IA

También ayudan ficciones literarias de éxito, largos peregrinajes (como el Camino de Santiago) o acampadas multitudinarias (como en las Jornadas Mundiales de la Juventud, etc.) o la música, el teatro, el cine, áreas obligadas en la escuela elemental. Se diría que ni Trump, ni Putin, ni Netanyahu, ni nuestros políticos de casa, ofrecen más sentido de la vida que la eficacia del progreso –cuando no la guerra– en economía y en buena vida.

¿Y semejante vacío existencial no propiciará un Evangelio que manifiesta a Dios hasta en su ausencia en la cruz? Él nunca es como lo imaginamos. (…)

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Índice del Pliego

LOS SÍMBOLOS SON ‘MEDIACIONES’

SU FUENTE ESTÁ EN EL SER HUMANO

URGE UNA PEDAGOGÍA DEL SIMBOLISMO10

ALGUNA CUALIDAD DE LOS SÍMBOLOS

NO CONFUNDIRLOS CON LOS ‘SIGNOS’

LAS MEDIACIONES RELIGIOSAS

LA FENOMENOLOGÍA ALUMBRA A LA PASTORAL

LA CADUCIDAD DE LAS MEDIACIONES ES EL PROBLEMA

EL MÁS POTENTE SIMBOLISMO RELIGIOSO ACTUAL

EN CONCLUSIÓN