Henri de Lubac, SJ, fue invitado por el papa Juan XXIII a participar como consultor de la Comisión teológica preparatoria del Concilio Vaticano II. El papa Roncalli, antiguo nuncio en París, conocía bien la trayectoria teológica de este jesuita y, sobre todo, su obra.
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El mismo De Lubac calificó este hecho como “una noticia asombrosa”: “En el mes de agosto de 1960, estando de paso en una villa del Delfinado donde mi compañero tenía que detenerse para confesar a algunas religiosas, en el locutorio en que le estaba esperando, leí en ‘La Croix’ del día la lista de teólogos escogidos por el Papa como consultores de la Comisión teológica preparatoria del Concilio. Figuraba en ella mi nombre, así como el del P. Yves Congar. Eran dos nombres simbólicos…”.
“Juan XXIII –sigue comentando De Lubac– había querido hacer comprender a todos que las dificultades que se habían dado en el pontificado anterior, entre Roma y las dos órdenes jesuítica y dominicana en Francia, debían ser olvidadas”.
Teólogos heterodoxos
Sin embargo, ni siquiera las dudas sobre “su ortodoxia” habían desaparecido. El mismo De Lubac recuerda cómo algunos entendían que “la cosa [ser miembro de la Comisión teológica preparatoria] se explicaría de esta manera: la Iglesia, instruida por las defecciones que siguieron al Concilio Vaticano I ‒que había mantenido al margen a los teólogos heterodoxos‒, hizo venir a Roma a teólogos como Congar, Daniélou, Rahner y De Lubac, haciendo de esta manera todo lo que estaba en sus manos para retenerlos en su seno materno”.
Y añade: “A propósito de la Comisión preparatoria, apuntaré solamente que tuve que intervenir en la defensa de mi propia doctrina, cuyo último episodio fue una amenaza escrita, dirigida al secretario de la Comisión, de pedir mi dimisión al Santo Padre, indicándole la causa”.
Experto en aconsejar
En medio de estos vaivenes, habiendo sido nombrado consultor de la Comisión preparatoria del Concilio, Henri de Lubac comienza la “aventura conciliar”.
De Lubac no fue padre conciliar, sino experto (‘peritus’), y su papel consistía en aconsejar a los padres en los diferentes temas que requiriesen su opinión. Evidentemente, su aportación quedó limitada por esta “mecánica conciliar” que reducía la actuación de los expertos a redactar una nota que un obispo o secretario influyente pudiera presentar en el Aula, con la esperanza de modificar una palabra, una frase…
El mismo De Lubac recuerda aquellos años: “Mi papel no fue considerable. Muchas entrevistas privadas con obispos de diversas partes; algunas intervenciones orales o escritas; sin jugar papel importante en la redacción misma de los textos (salvo ciertos detalles). Buen número de conferencias ‘extra concilium’ a grupos de obispos, durante cuatro años”.
Al margen de los focos
Durante el desarrollo del Concilio, él se mantuvo al margen de los focos periodísticos. Nunca concedió entrevistas ni tampoco daba conferencias por iniciativa propia. ¿Dónde está, pues, la influencia del precursor-perito en el Concilio? Sin duda, en su obra. Muchos padres conciliares habían leído sus libros, y con ellos elaboraron las ponencias que, tras los debates, se convirtieron en temas de algunos textos conciliares.
En los debates sobre la ‘Dei Verbum’ (DV), su nombre apareció explícitamente mencionado en varias ocasiones. El 20 de octubre de 1962, había pronunciado en Santa Marta una conferencia ante los obispos franceses (unos 50) sobre los dos primeros esquemas dogmáticos, ‘De deposito fidei’ y ‘De fontibus revelationis’.
Escritura y Tradición
Comienza su intervención con una observación previa: su crítica nace del rechazo a disociar pastoral y doctrina. Desde ahí explicó el profundo e íntimo lazo que existe entre Escritura y Tradición, y explicitó todo lo referido a Dios y la respuesta positiva que el Concilio debe llevar al hombre de hoy, recordando la necesidad de poner a la persona de Jesucristo en el centro de todo; además de advertir sobre el carácter demasiado escolástico y puramente latino de los textos.
En la sesión plenaria se introdujeron cambios muy significativos propuestos por De Lubac, incorporando la única mención a la Trinidad en el capítulo sobre Dios. Pocos, como él, conocían la exégesis bíblica y patrística. Y también alertó a los padres conciliares frente a la definición del cristianismo como “la Religión del Libro”. El domingo 2 de diciembre, H. de Lubac come en el Gesù y allí se le pregunta acerca de las “dos fuentes”.
Por lo que refleja en su ‘Diario’, la conversación debió resultar muy interesante, pues en él encontramos una buena síntesis de las cuestiones más debatidas: “Hay dos cuestiones diferentes, que el Concilio de Trento afirma: la fuente que es el Evangelio de Jesucristo, y esto no prejuzga el modo exacto de la relación que haya que establecer entre los dos canales que son la Escritura y la Tradición. El Concilio de Trento, con su ‘partim-partim’, ha dejado libre la discusión acerca de la naturaleza de esta relación; en fin, que toda la antigua Tradición, hasta Trento, sostiene que la totalidad del Misterio cristiano está contenida en la Escritura, cuyo sentido es interpretado por la Tradición”.
La ‘Revelación divina’
Tras la publicación de la constitución, apostilla De Lubac: “La constitución DV concede un amplio espacio a la Sagrada Escritura, pero no es, fundamentalmente, un documento sobre la Biblia. Trata de la ‘Revelación divina’ y su primer capítulo, que es la base de todo el resto, se titula ‘Naturaleza de la Revelación’, y esta no es, esencialmente, un libro, sino una Persona: Cristo, mediador y plenitud de toda Revelación. Él es su primera Fuente; es la Palabra viva”.
De Lubac participó ampliamente en la redacción de la DV. Algunas investigaciones sobre la Sagrada Escritura quedaron recogidas en la constitución conciliar: la relación entre AT y NT, el sentido espiritual de la Escritura, la exégesis medieval y el cambio espiritual que se había operado en la modernidad sobre la interpretación de la Escritura. Que la postura de De Lubac sobre la Revelación fue apreciada por Pablo VI, lo prueba el que, en la misa celebrada para agradecer la promulgación de la constitución sobre la Palabra de Dios, De Lubac fue uno de los once teólogos que concelebraron con el Papa. (…)
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Índice del Pliego
HENRI DE LUBAC Y ALGUNOS DOCUMENTOS DEL CONCILIO
- ‘Dei Verbum’ (DV)
- ‘Lumen gentium’ (LG)
- ‘Gaudium et spes’ (GS)
HENRI DE LUBAC, AMIGO DE LOS PAPAS DEL CONCILIO
ÚLTIMOS DÍAS DEL CONCILIO
