Pliego
Portadilla del Pliego nº 3.167
Nº 3.167

Cuaresma 2020: Salvados por la paciencia de Dios

La denominada “parábola de la higuera estéril” (Lc 13, 6-9) puede ayudarnos durante este tiempo de Cuaresma a identificar concretamente nuestra viña y nuestra higuera, a considerar por dónde andan hoy nuestros juicios y lógicas, nuestra manera de abordar la realidad y de tomar decisiones, las herramientas y los medios que utilizamos para alcanzar nuestros fines.



La Cuaresma es, sin duda, un tiempo privilegiado de conversión. Sin embargo, más que de afrontar tal vez con cierta desgana una obra que puede parecernos titánica, quizá se trate de descubrir con mayor hondura, al hilo de la Palabra, la vida abundante de ese Reino que ya está entre nosotros, y de ponernos con humildad de parte del Dios paciente.

Antes de entrar en la parábola propiamente dicha, vamos a detenernos en los versículos precedentes, que nos permitirán contextualizar el relato y comprender el alcance del mensaje que Jesús pretende transmitir a sus oyentes.

Jesús está en camino, subiendo hacia Jerusalén, y algunos le traen “rumores de muerte”… Vienen a contarle la noticia de una masacre cometida por Pilato, que había asesinado violentamente a unos galileos mezclando de manera sacrílega su sangre con la de los sacrificios a los ídolos. A propósito de la cuestión, Jesús evoca el recuerdo de otra calamidad: el derrumbamiento de la torre de Siloé, en Jerusalén, que provocó la muerte de dieciocho hombres.

En este texto emergen dos maneras posibles de morir: por un lado, la violencia desatada, y, por otro, la casualidad, es decir, el hecho de encontrarse de manera accidental en el lugar y en el momento incorrectos. Jesús rechaza de plano una interpretación de la desgracia aleatoria, basada en cargar las tintas sobre la responsabilidad personal de la víctima: “Señor, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?”, preguntarán los discípulos a Jesús al encontrarse con un ciego de nacimiento (Jn 9, 2). “Ni él pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de Dios” (Jn 9, 3).

Jesús apremia a sus oyentes a salir de la zona de confort de las explicaciones fáciles y les obliga a ir más lejos: los galileos masacrados y los hombres abatidos por la torre de Siloé no eran más pecadores que el resto de sus contemporáneos. Podríamos imaginar que eran peregrinos fervorosos que habían hecho el esfuerzo de ir a Jerusalén desde Galilea, ciudadanos honrados que pasaban por la calle, en sus idas y venidas, quizá camino del trabajo, justo en el momento en que una torre se derrumba. Su muerte no fue una venganza divina para poner en evidencia la culpa.

¿Por qué murieron, entonces? Jesús no entra en esa vía de razonamiento… Lo que le interesa aquí no es explicar las causas de ciertos acontecimientos que ya pertenecen al pasado, sino apuntar el valor que encierran esos hechos para encarar el futuro: “Si no os convertís, todos pereceréis del mismo modo” (Lc 13, 5).

“Todos pereceréis del mismo modo”, no como resultado de vuestras opciones personales, sino más bien –y esto parece mucho más grave– como víctimas pasivas de las circunstancias, ya sean los políticos crueles, las construcciones mal proyectadas o cualquier otra situación azarosa. A estas alturas de su evangelio, Lucas ya ha dejado constancia de dos anuncios de la Pasión: “El Hijo del hombre debe sufrir mucho” (Lc 9, 22), “el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres” (Lc 9, 44). El evangelista subraya en la persona de Jesús una firme decisión de afrontar las consecuencias de su misión: “Sucedió que como se iban cumpliendo los días de su asunción, él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén” (Lc 9, 51).

Este Jesús que sube a Jerusalén ha decidido cómo quiere vivir y asume poco a poco cómo va a morir. Su llamada a la conversión es una invitación urgente a cambiar de punto de vista; más que de una conversión moral, que señalaría hacia la culpa, se trata de una transformación interior que desestabiliza y hace cambiar de perspectiva, con la incomodidad y la inseguridad que ello puede suponer. Jesús llama a elegir la vida, a ponerse de parte de la vida. Es precisamente en este contexto donde se sitúa la parábola de la higuera, que va a brindar a la consideración de los oyentes una tercera vía de muerte: la inercia.

Pero ¿por qué prestar oído a estos “rumores de muerte” al comenzar la Cuaresma? Tal vez, porque un cristiano adulto sabe bien que su existencia está abocada a la Vida, pero constantemente tocada por la violencia y por la inercia… Esto es válido para nuestra vida personal, pero también para la vida de nuestra Iglesia, de nuestras comunidades, de nuestro país, de nuestro mundo… “Si no os convertís –nos dice Jesús al comenzar la Cuaresma–, todos pereceréis de la misma manera”, víctimas de la violencia, de la pasividad, de las circunstancias…

Atentos a la invitación a la conversión que vuelve a resonar en nosotros, quizás hoy sea un momento idóneo para preguntarnos qué rumores de muerte nos acechan en este momento: ¿inquietudes familiares o comunitarias?, ¿un quebranto de salud, que me angustia porque limita mis fuerzas y mi actividad profesional o pastoral?, ¿el fracaso de algún proyecto, que me reenvía a mi incapacidad de hacer las cosas tan bien como quisiera?, ¿un golpe a mi auto-imagen, que me ha humillado delante de los demás y de mí mismo?…

El Señor, que viene para comunicarnos su vida plena, viene también para hacerse cargo de nuestras zonas de muerte, para hacerlas salir de las sombras que nos impiden verlas y de los silencios que no nos dejan nombrarlas. El Señor llega con paciencia, se toma todo el tiempo que nosotros necesitamos, pero no negocia sobre lo esencial: la llamada a la conversión, que es una exhortación urgente a hacer opciones por la vida, a empeñarse por la vida. (…)

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Índice del Pliego

INTRODUCCIÓN

CONTEXTO (Lc 13, 1-5): RUMORES DE MUERTE…

LA HISTORIA DE LA PARÁBOLA (Lc 13, 6-9)

  • La viña y la tierra
  • La higuera
  • Dos miradas, dos lógicas
  • Dos juicios, dos decisiones
  • El hacha y la azada
  • Varios futuros posibles

LA HISTORIA LENTA DE NUESTRA CONVERSIÓN

  • Ir entrando en la lógica de Dios
  • Ser conscientes de los rumores de muerte… y elegir la esperanza
  • Integrar la diversidad
  • Dar fruto… respetando los ritmos y los tiempos
  • Creer en las posibilidades inéditas… a pesar de los resultados negativos
  • Ponernos de parte del Dios paciente
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