Editorial

Sacar la cara por los migrantes en los despachos

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Durante su reciente participación en Madrid en el Foro sobre Movilidad Humana, promovido por la Comisión Episcopal de Migraciones, Michael Czerny ha desvelado la minuciosa capacidad negociadora de la Santa Sede para sacar adelante el Pacto Mundial para una Migración Segura, aprobado en diciembre pasado en Marrakech. El subsecretario de la sección vaticana de Migrantes y Refugiados ha detallado cómo esa labor de incidencia y presión permitió que la ONU incluyera de forma explícita derechos tales como la asistencia sanitaria y jurídica.

A menudo se valora la entrega de sacerdotes, religiosos y laicos que, a pie de calle, dan la cara por los migrantes. Pero no menos importante es la labor de esos hombres y mujeres de Iglesia que se mueven entre despachos y reuniones al más alto nivel para promover la cultura del encuentro en la ONU, sensibilizar a los políticos para no utilizar al extranjero como arma electoral o convencer a un Gobierno para que abra un corredor humanitario. Un trabajo tan anónimo como poco gratificante, que merece no solo reconocimiento, sino una mayor dotación de recursos. Por el bien de los últimos.