Editorial

Las heridas de la reconciliación

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El Gobierno de coalición entre PSOE y Unidas Podemos ha presentado el anteproyecto de ley de Memoria Democrática. Entre otras medidas, contempla la resignificación del Valle de los Caídos, el conjunto monumental propiedad del Estado y levantado durante la dictadura, en el que están enterradas más de 30.000 víctimas de los dos bandos. Un mausoleo que cuenta con una basílica, una abadía, una escolanía y una hospedería.



El plan de Moncloa pasaría por promover la salida de los monjes benedictinos tras su oposición a la exhumación de Francisco Franco, crear un cementerio civil, así como poner en marcha un centro de interpretación y pedagógico, a la vez que respetar el templo y la cruz que corona el enclave. Según ha podido confirmar Vida Nueva, no se trata de un proyecto definitivo ni, mucho menos, cerrado. Es más, desde el Ejecutivo confían en contar con la Iglesia para desarrollarlo.

Más allá de los intereses ideológicos y electorales que puedan salpicar la norma, lo cierto es que para la Iglesia supone una oportunidad para distanciarse aún más si cabe de toda sombra de nacionalcatolicismo. Y no solo eso, sino también para reivindicarse como una institución que no entiende de bandos, sino de reconciliación y búsqueda de la paz, desde el tándem de la justicia y la misericordia, en aras de la cultura del encuentro que promueve el papa Francisco.

Futurible diálogo

Así lo ha demostrado con la exhumación de Franco, y también a pie de fosa, colaborando con las familias que quieren recuperar a sus familiares para acompañar un duelo incompleto. De la misma manera, cabe esperar que, en un futurible diálogo, Moncloa reconozca su contribución y no quiera instrumentalizar a los obispos y presentarles como enemigos de la democracia o de la modernidad.

Lamentablemente, la tramitación de la norma no llega en buen momento, con una pandemia sin controlar de fondo y un clima de polarización que complica promover el consenso parlamentario que sería deseable si lo que se busca es alcanzar la reconciliación entre los españoles. Si de lo que se trata es de cerrar heridas, abordar estas cuestiones requiere de una intervención quirúrgica precisa, milimétricamente cuidada, puesto que sobre la mesa de operaciones, antes que la ideología, todavía se remueve el dolor de un pueblo.

Al igual que está sucediendo con el coronavirus, la ciudadanía ha dado desde 1978 una lección de ejemplaridad en su transición a la democracia frente a una clase política que parece anclada todavía en la dinámica del frentismo. De no mimar cada uno de los pasos que se den en los próximos meses, se obtendrá precisamente todo lo contrario a lo que se busca, o lo que es lo mismo, en lugar de hacer justicia y sanar, ajustar cuentas.

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