Editorial

La piedad popular iguala

Compartir

El tirón de la piedad popular, lejos de aflojarse, se consolida en España de norte a sur. Así lo refleja el hecho de que, por primera vez en cincuenta años, un grupo de laicos haya decidido retomar las procesiones en San Sebastián. En paralelo, Las Tres Mil Viviendas, el barrio sevillano de menor renta neta media anual por persona de todo el país, estrenaba su propia cofradía con más de cien nazarenos: la Hermandad de Bendición y Esperanza, con sede en la parroquia de Jesús Obrero del Polígono Sur. Esta transversalidad permite fusionar en una misma agrupación a personas con inquietudes y procedencias diversas, de distintas generaciones y perfiles, bajo una misma devoción: acompañar a Jesús de Nazaret en su pasión, muerte y resurrección.



Sin duda alguna, la piedad popular se ha erigido como algo más que una pastoral de primer anuncio. El trabajo que viene realizando la Iglesia en estas últimas décadas está dando fruto para que esa atracción inicial, que nace de la emoción de contemplar una imagen de un Crucificado o de una Dolorosa, pueda encauzarse hacia un encuentro personal con Jesucristo, forjando un itinerario de formación que permita, a su vez, conformar grupos de vida cristiana, arraigados tanto en la hermandad como en la parroquia de la que forman parte.

Este proceso de crecimiento en la fe puede que nazca por una invitación de un amigo a tocar una corneta, porque hacen falta costaleros o por herencia familiar. Cualquier motivación es una oportunidad para encaminar al niño, al joven y al adulto a que redescubran que la Iglesia es su casa, una comunidad con la que procesionar en lo cotidiano, tanto hacia el interior como al exterior.

Ensayos de procesión en Torrelaguna (Madrid)

Porque otro de los pilares de este “gran patrimonio”, como define León XIV a la piedad popular, se encuentra en la dimensión caritativa de cada una de las hermandades, que ha dejado de ser un anexo limosnero. En este sentido, resulta imprescindible poner en valor el papel que jugó el fallecido cardenal arzobispo de Sevilla, el franciscano Carlos Amigo, que lideró la transformación integral de las cofradías para hacerlas más Iglesia, más sociales y, también, más igualitarias.

Sin mujeres

Lamentablemente, cuarenta años después de que tomara la profética decisión de que varias mujeres procesionaran por primera vez como nazarenas en Sevilla, todavía hoy ellas no gozan de igual dignidad que ellos, tanto a pie de calle como en los órganos de gobierno. A la vista está, tras la decisión ratificada por la cofradía principal de la localidad valenciana de Sagunto de vetar su participación. Si la piedad popular no discrimina entre ricos y pobres, jóvenes y ancianos, tampoco debería hacerlo entre mujeres y hombres.