Editorial

El sufragio que abre la puerta

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En el proceso de renovación curial, el Papa ha nombrado a dos subsecretarios para que trabajen mano a mano con el cardenal Mario Grech en el aterrizaje de la sinodalidad en el día a día de la Iglesia. La elección de los religiosos Nathalie Becquart y Luis Marín habla por sí sola de una apuesta por la colegialidad en el propio seno de la Secretaría del Sínodo, con el fin de que el organismo sea punta de lanza para episcopados, parroquias, vida consagrada, movimientos… Sobre todo, teniendo en cuenta, que la cita de 2022 tiene como eje la sinodalidad.



Será momento de dar un salto más en los cambios nada desdeñables que Francisco ha introducido en las asambleas celebradas en su pontificado. Baste recordar el giro que supuso proponer una doble cita para la familia porque la relevancia del tema a abordar lo requería. O el impulso dado a la preparación previa para hacer partícipes a todos los actores implicados en la cuestión, como se visibilizó con los jóvenes y con la Amazonía.

También el hecho de que los documentos finales ya no sean textos prefabricados, sino que los elaboren desde cero los padres sinodales. Pero, sobre todo, el empeño para que esos textos aprobados en el aula se conviertan en hoja de ruta para toda la Iglesia, amén de su papel fundamental para iluminar al sucesor del Pedro en las exhortaciones.

Presencia femenina

Entre todos estos pasos, también se encuentra el aumento de la presencia femenina, que ha crecido de forma significativa y que ahora encuentra en la javeriana francesa una punta de lanza. Y es que su responsabilidad como subsecretaria trae consigo el derecho a voto en las futuras asambleas sinodales, convirtiéndose en la primera mujer en la historia de la Santa Sede con tal atribución. Es cierto que este sufragio llega un siglo tarde si se mira fuera de los muros vaticanos.

Incluso habrá quien piense que todo resulta ya insuficiente, pero esta decisión, como oficilizar el acolitado y el lectorado, supone algo más que un cambio de tendencia, al ser una puerta abierta sin vuelta atrás. De hecho, podría no ser el único voto en la próxima asamblea, si se atiende a las reflexiones que tanto las consultoras como el nuevo subsecretario realizan en Vida Nueva. Sobre todo, teniendo en cuenta la ausencia de argumentos para que las superioras generales de las congregaciones no puedan votar cuando ya lo hacen sus homólogos, sean sacerdotes o hermanos.

Aun cuando se trata del Sínodo de los Obispos, no eclesial, y la asamblea no es un parlamento político, si verdaderamente se quiere materializar la corresponsabilidad, la misión compartida y una participación real y efectiva, todo ello debe pasar por dar algo más que voz a la mitad del Pueblo de Dios. El primer voto a favor ya está dado.

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