Editorial

Belorado: detrás de la caricatura

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Casi dos años después de que la comunidad de clarisas del monasterio burgalés de Belorado decidiese renegar de la Iglesia, generando un cisma inédito hasta la fecha, las siete mujeres que forman parte de este grupo excomulgado han sido desahuciadas del recinto. Esta resolución es fruto de una causa que ha demostrado que, desde que decidieron romper con Roma, también dejaron de ser las administradoras de los bienes a su cargo. Aunque a priori los motivos de su escisión eran ideológicos, pronto se puso al descubierto que la quiebra económica por una errada gestión, sumada a cantos de sirena preconciliares sedevacantistas, estarían detrás de la deriva.



La sobreexposición mediática de las protagonistas y su huida hacia adelante las ha metido en una espiral de procesos judiciales, lo mismo por una presunta venta ilegal de obras de arte que de lingotes de oro, y a la par ha ofrecido una mirada distorsionada de una vida contemplativa que nada tiene que ver con su proceder. Máxime cuando, a estas acusaciones, se suma la investigación policial por presunto trato degradante a las clarisas ancianas que convivían con ellas.

Desahucio de las monjas clarisas del monasterio de Belorado (Burgos)

La orden de su expulsión es fruto del laborioso trabajo que ha realizado el equipo del comisario pontificio y arzobispo de Burgos, Mario Iceta, que ha afrontado esta crisis con la audacia y discreción que se requiere. Una labor que ha realizado mano a mano con la Federación de Clarisas Nuestra Señora de Arantzazu, legítimas administradoras de Belorado, que siguen haciendo frente a los desmesurados gastos y deudas que siguen arrastrando las exmonjas.

Trasfondo financiero

Más allá de la teatralidad de lo acontecido, este caso pone una vez más sobre la mesa la importancia de la formación y el acompañamiento integral, así como un liderazgo sano, en la vida contemplativa. La compleja gestión de cualquier comunidad y sus propiedades exige trabajar en red y en sinodalidad, tal y como se refleja en la reforma que auspició Francisco para los hombres y mujeres del ‘ora et labora’. Pero no solo eso. Aun cuando este particular cisma tiene un trasfondo financiero, el argumentario tridentino se fue forjando en paralelo, alimentándose en lo cotidiano de cuantos susurraban a la abadesa y a sus compañeras comentarios malintencionados sobre la supuesta deriva modernista del Vaticano.

Con sus gallinas apadrinadas y sus casullas a la venta en ‘Wallapop’, Belorado puede que sea una caricatura doliente, tanto de la clausura como de la Iglesia, pero detrás de los garabatos de este retrato desfigurado se identificarían algunos trazos de fondo fácilmente reconocibles, coordenadas polarizadas y polarizantes tan reales como la sentencia de desahucio.