Más de 1.300 sacerdotes, de los 1.585 con misión pastoral, han participado el 9 y 10 de febrero en ‘Convivium’, la primera asamblea presbiteral celebrada en la Archidiócesis de Madrid en su siglo largo de historia. La mera convocatoria y la masiva respuesta es reflejo de la necesidad de encuentro y escucha entre el clero madrileño. Asimismo, tal y como los propios curas han manifestado en las conclusiones, se ha visibilizado la fraternidad existente entre la diversidad del territorio eclesiástico más grande de España.
- A FONDO: ‘Convivium’: más pastores y más rebaño, menos burocracia y soledad
- REPORTAJE: Párrocos en la antípodas, pero con un mismo corazón
- EN PRIMERA PERSONA: Madrid, una diócesis viva, por Juan María Laboa
- OTRA MIRADA: Hemos sido muchos, pero hemos sido uno, por Manuel María Bru
- ENCUESTA: Necesitamos curas cercanos y que sepan escuchar
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No se trata de un detalle menor, sobre todo teniendo en cuenta cómo en algunos foros se ha intentado esbozar un relato de fractura y división, cuestionando a la vez el crédito de sus más recientes pastores. La abrumadora respuesta, no solo en el auditorio de la Fundación Pablo VI, sino en todo el año de preparación y en las reuniones por grupos de edad, supone un respaldo a la autoridad y liderazgo del cardenal José Cobo, aglutinando en torno a esta iniciativa a todas las sensibilidades y carismas. Ese diálogo previo, en el que se ha hablado sin tapujos ni filtros, es lo que ha permitido que Convivium no haya sido un acontecimiento puntual, sino parte de ese proceso de conversión sinodal que está generando ya un cambio de dinámicas y estructuras.
Con estas coordenadas, los curas madrileños han puesto sobre la mesa las preocupaciones que les acompañan en su día a día y que no son otras que la sobrecarga de trabajo, o mejor dicho, el peligro de poner el foco en labores administrativas, de gestión y burocráticas, en detrimento del acompañamiento pastoral. De la misma manera, han verbalizado su alerta sobre el peligro de caer en el individualismo y la soledad, con todas las derivas personales que conlleva, además del riesgo de ideologizar la fe, encerrarse en los cuarteles de invierno frente a una sociedad secularizada y reducir su vocación a ser únicamente ministros del altar.
En medio, y no aislados
Frente a ello, no cabe buscar soluciones en consejos de ‘coach’. Cuando se tiene a Jesús de Nazaret como centro y a los apóstoles como referentes, no hay mejor espejo donde los curas de hoy pueden y deben mirarse. Es el antídoto para no caer en un liderazgo autoritario y erigirse en verdaderos servidores que trabajan para, por y desde la comunidad, en corresponsabilidad con los laicos y religiosos que también son discípulos misioneros. Como bien apunta León XIV en la carta dirigida al clero madrileño, “no es momento de repliegue ni de resignación, sino de presencia fiel y de disponibilidad generosa”. Es decir, hacer realidad el significado de ‘Convivium’: ‘vivir juntos’ en medio, y no al margen, de la Iglesia. En medio, y no aislados, del mundo.