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Editorial

Consistorio: una Iglesia que mira más allá

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El Vaticano acogió, los días 7 y 8 de enero, el primer consistorio del pontificado de León XIV. Un total de 170 cardenales participaron en esta cumbre, cuyo ritmo reveló mucho más que una cita formal. Y no solo por el hecho de que el purpurado dominico Timothy Radcliffe, una voz profética de referencia, pronunciara la meditación inicial para dejar a un lado cualquier bando y remar juntos en la barca de Pedro.



La apuesta del Papa agustino, por replicar la dinámica sinodal en el Aula Pablo VI, habla de cómo se busca afianzar la escucha dócil del Espíritu a través de la escucha fraterna y la conversación serena entre los pastores. Además, León XIV dejó claro que su apuesta por la colegialidad, por gobernar la Iglesia universal en equipo, no va a ser puntual. Prueba de ello es que los consistorios dejan de ser ‘extraordinarios’ para transformarse en asambleas periódicas y eminentemente consultivas, frente a las convocatorias precocinadas de otros tiempos.

Consistorio

Este cambio paradigmático allana el camino de la Iglesia ‘semper reformanda’ que ya reivindicó el Vaticano II y que se reforzó en esa segunda recepción conciliar que promovió Francisco. De ahí que el Papa norteamericano tomara la exhortación programática de su predecesor, ‘Evangelii gaudium’, como anclaje vigente para ahondar en la urgencia de una Iglesia misionera, en salida, pobre y para los pobres. Los cardenales, con sus votos, reforzaron esta vía de trabajo junto a la sinodalidad, esto es, la participación de todo el Pueblo de Dios en la misión de la Iglesia. De la misma manera, las voces de los purpurados han ratificado la constitución apostólica ‘Praedicate Evangelium’. No solo para que la Curia la aplique más allá del derecho canónico, sino para que sea la base del funcionamiento estructural de las Iglesias locales.

Comunión en la diversidad

Estas inquietudes son las que también han compartido con ‘Vida Nueva’ una decena de cardenales que respaldan los pasos dados por León XIV, comprometiéndose a seguir apostando por una Iglesia que no se esclerotice al estar encerrada en sí misma, sino que sepa estar atenta a los signos de los tiempos para ser esperanza en medio de un contexto internacional desconcertante. Y todo, desde la comunión en la diversidad, afrontando las tormentas internas nostálgicas e ideológicas.

Hay quien esperaba que León XIV enseñara sus cartas en este consistorio, como si no hubiera dado las suficientes señales a lo largo de estos ocho meses de pontificado. El Papa no tiene ases en la manga, sino un programa transparente, con Jesús y el Evangelio como centro, que se materializa en el hoy, tal y como expuso en el consistorio: “Queremos ser una Iglesia que no se mira solo a sí misma, que es misionera, que mira más allá, a los demás”.