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Portada Carisma. 200 años del nacimiento del beato Antonio Chevrier, fundador de la Asociación de

Sacerdotes del Prado: 200 años del nacimiento del beato Antonio Chevrier

“Me decidí a seguir a Jesucristo más de cerca para ser más capaz de trabajar en la salvación de los hombres”. Esta es la fórmula de nuestro compromiso que retoma la frase de nuestro fundador tras la experiencia de la conversión. El P. Antonio Chevrier (1826-1879), de la diócesis de Lyon, era ya un sacerdote entregado, pero Cristo le llamó a una adhesión más fuerte con él, para buscar ser como él.



El centro de la espiritualidad del sacerdote es Jesucristo: “Conocer a Jesucristo, amar a Jesucristo, seguir a Jesucristo”. Este es el ideal sacerdotal del P. Chevrier. ‘Exemplum dedi vobis’ (Jn 13,15): este versículo del Evangelio según san Juan muestra para el P. Chevrier la fuente del ministerio de Cristo. Hemos de configurarnos con Él en sus sentimientos, pensamientos, acciones y, sobre todo, vivir su espíritu de servicio y de caridad. Así el horizonte de nuestro ministerio es: ‘Sacerdos alter Christus.’

Una espiritualidad de la Palabra Encarnada

Durante la noche de Navidad de 1856, el P. Chevrier es transformado por la contemplación del Verbo hecho carne que quiere comunicarse a los hombres haciéndose un frágil bebé en la pobreza de un pesebre. Esta conversión tiene dos consecuencias inmediatas en su ministerio: busca una forma de vida sacerdotal más pobre y más cercana a los pobres y comienza a estudiar de manera intensa la Palabra de Dios. Inicia así una manera específica de acercarse a la Palabra de Dios que él llama: el estudio de nuestro Señor Jesucristo o el estudio de Evangelio. Una meditación de la Biblia desde la perspectiva del apóstol que quiere conocer a Cristo para poderlo comunicar a los demás. Una meditación atenta y sencilla para poder narrar quién es Jesucristo. ¿Cómo se conoce a Jesucristo? ¿Cómo llenarse de su Espíritu? Leyendo, estudiando los Evangelios y el conjunto de la Sagrada Escritura. Es un trabajo que nos sitúa como oyentes de la Palabra para acoger las luces que Jesucristo nos ofrece, dejar que transforme nuestra vida y nos haga dóciles discípulos y apóstoles. En la oración de cada día este estudio se va haciendo vida.

Somos sacerdotes diocesanos que vivimos nuestra vocación pradosiana en medio de nuestro presbiterio, entre los compañeros sacerdotes de nuestra diócesis. Pero nos sentimos llamados a responder a una llamada particular de Cristo según un carisma reconocido por la Iglesia en un instituto secular clerical de derecho pontificio.

Los tres “todos” del P. Chevrier

Nuestro carisma tiene una concreción singular en lo que hemos venido a llamar los tres todos.

  • “Conocer a Jesucristo es todo”. En el corazón está la contemplación de Cristo, rostro de Dios que ha venido a comunicarnos el querer de Dios. “Haz, oh Cristo, que yo te conozca y que te ame”.
  • “Tener el Espíritu de Dios es todo”. Estamos llamados a ser como Cristo, no solo de manera exterior, sino sobre todo dejando que su Espíritu more en nosotros. Este Espíritu de Dios, como en la Virgen María, hace nacer y crecer a Jesús en nosotros. Cada mañana los pradosianos son invitados a comenzar su jornada con una oración al Espíritu Santo.
  • “Lo único necesario es anunciar el Evangelio a los pobres”. Ministros de comunión y enviados a anunciar a todos la Buena Nueva, somos llamados a comenzar por los más pobres. Es una prioridad que permite no olvidar a nadie por el camino. El P. Chevrier hablaba de “pobres, ignorantes y pecadores”.

Hay muchas iniciativas para el socorro material de los pobres, pero no tantas en las que se proponga ofrecerles a Jesucristo como su mayor riqueza. Y finalmente, porque es nuestra vocación y nuestra vida: “Saber hablar de Dios y darle a conocer a los pobres e ignorantes, eso es nuestra vida y nuestro amor” (C 181). Dios ha querido darse a conocer a todos sus hijos, pero ha dado a los pobres un sentido especial para reconocerle y aprender de Él. Los primeros en acudir al pesebre son los pastores, pobres por múltiples motivos. Jesús se siente enviado a anunciar la Buena Noticia a los pobres y da gracias a Dios porque ha tenido a bien que sean ellos los que conozcan los misterios del Reino. El Padre Chevrier habla de ellos como “los amigos de Dios” (C 114) y reconoce en ellos el sentido espiritual que hace que le conozcan y le amen: “Dios ha puesto en ciertas almas un sentido espiritual y práctico que encierra más sentido común y espíritu de Dios que cuanto hay en la cabeza de los más grandes sabios. Testigos, algunos buenos campesinos, algunos buenos obreros, y buenas obreras, mujeres que comprender inmediatamente las cosas de Dios y saben explicarlas mejor que muchos otros” (VD 218).

Hacer la catequesis para los pobres es un don de Dios; la oración cobra una importancia singular porque hemos de pedirle que nos lo conceda; y el Estudio de Evangelio lo que nosotros ofrecemos como colaboradores de la obra de Dios: “Aplicaos bien a la oración y a fundamentar vuestra vocación de catequistas de los pobres” (C 114).

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