¿Sirve, entonces, rezar por el Papa?… es la pregunta que se plantea una amiga, después de leer ‘Matar a nuestros dioses. Un Dios para un creyente adulto’ (PPC 2007), de mi amigo José María Mardones (+). La duda surge por el capítulo segundo, ‘Del dios intervencionista al Dios intencionista’, y su apartado f) ‘El sentido de la oración de petición’.
- Síguenos en Google y añádenos como fuente preferida
- Regístrate en el boletín gratuito y recibe un avance de los contenidos
Ahí Mardones afirma, entre otras cosas, que “necesitamos cambiar nuestra comprensión de la oración, pues esta no puede servir ni para cambiar a Dios, que siempre está de nuestra parte, ni para cambiar la realidad que, en todo caso, la tenemos que cambiar nosotros… (la oración) a quien cambia es a nosotros”. (p.63).
¿Entonces? ¿Tiene sentido orar, en este caso, por la salud del Papa? Veamos.
Si la petición es que el tumor encontrado sea benigno, que ya nunca vuelva más, que el Papa viva 100 años, etc., estaremos cayendo en lo que critica el autor del libro: esperar la intervención divina para modificar la realidad.
Pero si le pedimos al Espíritu Santo que ilumine a los investigadores médicos para que pronto ellos, no Dios, encuentren el remedio contra el cáncer; que ablande los corazones de los gobernantes para que ellos, no Dios, mejoren el acceso de los más pobres a los sistemas de salud; que fortalezca al Papa para que pueda enfrentar con tranquilidad él, no Dios, los tremendos problemas planteados por la Iglesia y el mundo, ya es diferente. Dios nos acompaña siempre, pero no resuelve las cosas que necesitamos solucionar nosotros mismos.
Tendríamos que cuestionarnos, entonces, nuestras peticiones a Dios para que pasemos un examen en la escuela, para conseguir novio, para que los análisis médicos sean benévolos, para que triunfe nuestro equipo favorito, para que no nos despidan del trabajo, para que mi amigo sacerdote sea obispo.
Y, como lo recomienda Mardones, podemos abrir el abanico de oraciones, sin reducirlas a la petición, pues también hay preces de alabanza, de gratitud, de compromiso, de arrepentimiento, de queja, de deseo.
Y si modificamos nuestro lenguaje, todavía mejor. En vez de decir “te pedimos por la paz en el mundo”, sería mejor decir “te encomendamos la paz en el mundo“, además de que podríamos comprometernos a ser promotores de esa paz.
Claro, entonces, que vale la pena rezar por el Papa, encomendar su salud a Dios, y esperar que se siga cuidando como hasta ahora.
Pro-vocación
Allá por el 2019 me encontraba en la vecina ciudad de Saltillo, cuando supe que el Gobierno de Coahuila le otorgaba el ‘Premio Internacional de Poesía, Manuel Acuña’, a la escritora canadiense Anne Carson. Ya desde el 2004, leyendo ‘The Paris Review’, me llamó la atención su comprensión del catolicismo, al que pertenece desde niña: lo concibe como necesidad de búsqueda, de reflexión intelectual y de libertad. Posteriormente leí ‘Nox’, que recomiendo. Celebro el que le hayan otorgado el Premio Nobel de Literatura 2026.
