La revista
De vez en cuando en la revista francesa ‘Paris Match’ sorprende con alguna entrevista al cardenal Robert Sarah, algunas fotos escandalosas del Vaticano –como las de la piscina de Juan Pablo II– o retratando al arzobispo emérito de París Michel Aupetit paseando con una teóloga moralista… En el último número, un amplio reportaje del periodista Arthur Herlin repasa las razones que llevan a León XIV a visitar Argelia. Un histórico viaje que, para el medio francés se mueve entre la espiritualidad y la diplomacia.
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León XIV realizará una visita sin precedentes a Argelia, del 13 al 15 de abril, convirtiéndose en el primer pontífice de la historia en pisar suelo argelino (algo que ni Juan Pablo II ni Francisco hicieron). Por ello, la revista destaca que este viaje es, a partes iguales, una visita oficial de Estado y un peregrinaje profundamente personal.
El principal motor personal de este viaje –y que puede haber allanado otros motivos u obstáculos– es la profunda conexión de Prevost con san Agustín. El pontífice no solo es un agustino, sino que ha sido durante 12 años prior general de la Orden de San Agustín. Además, no renuncia a esa identidad ni la esconde, ha basado gran parte de su pontificado en las enseñanzas del santo, citándolo más de 110 veces en su primer año. Por llo, la visita a la ciudad de Annaba (la antigua Hipona, donde san Agustín fue obispo y murió en el año 430) no es casual. León XIV viaja a la tierra natal de su “padre espiritual”, considerándolo un puente ideal entre el cristianismo y el islam, ya que san Agustín es sumamente respetado en el país como un hijo ilustre de Argelia. Esto evita los roces de un enfoque “occidental” o “colonial”.
El artículo también señala la importancia espiritual de Charles de Foucauld, el ermitaño asesinado en el Sahara argelino en 1916. Foucauld representa el enfoque actual de la pequeña Iglesia católica en Argelia: una misión basada en la fraternidad silenciosa y la convivencia con los más pobres, en lugar de la predicación y la búsqueda de conversiones en un país que es 99 % musulmán.
Tras estas dos figuras, existe una maquinaria diplomática importante. En este sentido el reportaje marca tres ejer:
- Acercamiento histórico: El presidente argelino, Abdelmadjid Tebboune, visitó el Vaticano en julio de 2025, siendo el primer jefe de Estado argelino en hacerlo en 26 años.
- El rol del cardenal Vesco: El viaje fue impulsado por el arzobispo de Argel, Jean-Paul Vesco, quien conoce bien el equilibrio local y sabe que el diálogo debe basarse en el respeto mutuo, jamás en el proselitismo.
- Contexto geopolítico: En medio del reciente conflicto irano-estadounidense de febrero de 2026, se espera que la voz del Papa en la región sirva como un llamamiento fuerte a la paz.
Ahora bien, el artículo subraya dos temas sumamente delicados que probablemente quedarán fuera del discurso y de la agenda oficial por cuestiones políticas. Uno de ellos es la situación de los cristianos conversos perseguidos ya que tras la “Década Negra” (la guerra civil de los años 90), decenas de miles de argelinos (principalmente bereberes en Cabilia) se convirtieron al protestantismo evangélico. Hoy suman unos 156.000 fieles y sufren una dura represión gubernamental, con el cierre de 47 iglesias y fieles obligados a reunirse en la clandestinidad. Hablar de ellos sería diplomáticamente muy peligroso para el Papa, pero no hacerlo supone una “amnesia” obligada.
El otro punto delicado, es la ausencia del monasterio Tibhirine dentro del itinerario papal. León XIV no visitará la Trapa donde siete monjes cistercienses fueron asesinados en 1996. Aunque este año se conmemora el 30º aniversario de los mártires de Argelia, se ha omitido esta parada para no reabrir heridas diplomáticas e históricas aún latentes entre Francia y Argelia. Estos son los otros santos de esta tierra…
La entrevista
Dentro de las publicaciones previas que han salido estos días, destaca también la entrevista que el vaticanista Gerard O’Conell le hace en la revista ‘America’ a Diego Sarrió Cucarella, obispo español de la inmensa diócesis de Laghouat y miembro de los Misioneros de África, los Padres Blancos. Para el prelado, la visita papal no busca un impacto mediático masivo, sino que tiene un sentido mucho más íntimo e interpersonal. Por una parte es un aliento a la iglesia local, es una “gracia” y un espaldarazo a una comunidad católica pequeña y discreta. Confirma que ser una iglesia de presencia –basada en la amistad y el servicio– es tan esencial como ser una iglesia multitudinaria.
También es un reconocimiento a Argelia ya que demuestra el respeto del Papa hacia un país musulmán donde es posible la convivencia pacífica, la hospitalidad y el respeto a la dignidad humana. Por ello, el mensaje global puede ser que en un mundo tenso, el viaje propone el camino de la fraternidad, la confianza y el encuentro por encima del poder y la visibilidad.
Y es que, destaca el obispo, la comunidad es sumamente diminuta en un país de aproximadamente 45 millones de habitantes, casi en su totalidad musulmanes. Los cristianos Son apenas unos miles y en su gran mayoría son extranjeros: estudiantes universitarios subsaharianos, migrantes, diplomáticos, trabajadores expatriados y religiosos. También hay un número muy reducido de argelinos conversos.
Por ello, en este ambiente, la diversidad es el gran reto y a la vez la gran bendición de esta iglesia, lograr ser una comunidad unida a pesar de estar formada por personas de tantos países, lenguas y culturas diferentes. Finalmente, a partir del programa se remarca que aunque institucionalmente no hay una línea ininterrumpida desde la época de san Agustín, sí existe una continuidad espiritual. La iglesia actual recoge el testigo y se inspira en figuras históricas como san Agustín, santa Mónica, Charles de Foucauld y los recientes mártires de Argelia.
Repasando la visita, se ve que está cargada de momentos orientados al encuentro y a la unión de esta comunidad dispersa en un país tan vasto. En concreto en la conversación entre el obispo y el periodista surgen reflexiones sobre el programa papal:
- Monumento a los Mártires (Maqam Echahid): El discurso público del Papa al pueblo argelino, que previsiblemente marcará el tono de todo el viaje.
- Gran Mezquita de Argel: Un encuentro clave con representantes musulmanes que da visibilidad a años de relaciones de confianza.
- Basílica de Nuestra Señora de África (13 de abril): Reunión general y cercana con la pequeña comunidad católica.
- Basílica de San Agustín en Annaba/Hipona (14 de abril): Celebración eucarística con un enorme peso simbólico al conectar la realidad actual con la herencia cristiana de la antigüedad.
A diferencia de otros lugares donde el diálogo cristiano-musulmán se da mediante grandes estructuras, foros o declaraciones formales, en Argelia se practica de manera cotidiana. Se basa en la amistad ordinaria, la vecindad, la hospitalidad mutua y la humildad de los cristianos que se saben “invitados” en una sociedad islámica. León XIV, siguiendo la línea del papa Francisco, viene a dar visibilidad, fortalecer y confirmar este espíritu pacífico y silencioso de hermandad diaria, destaca un obispo que ha dedicado una buena parte de su vida a analizar y enseñar este fenómeno.
También se destaca que a nivel nacional, los medios argelinos están cubriendo la visita como un evento histórico, destacando lo que representa para el país: un gesto internacional de paz y diálogo. El ciudadano de a pie reconoce al Papa como una gran figura moral. Por su parte, la pequeña comunidad católica aguarda el momento con profunda alegría y sobriedad, viéndolo como una confirmación de su vocación y asumiendo con humildad la responsabilidad de que esta visita sirva para fomentar la concordia en todo el país. Parece que todo está listo para recibir a León y que su visita dé algo de oxígeno –o viento del Espíritu– a la comunidad cristiana local.


