De las primeras cosas que uno aprende cuando estudia teología es la tríada que conforma sus clásicas fuentes: la Biblia, la Tradición y el Magisterio -recientemente se agregó la razón humana y el sensum fidelium (el sentir de los fieles)-.
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Las palabras ‘Tradición’ y ‘Magisterio’ generaban polémica entre profesores y estudiantes. Esta, sobre todo cuando se unía a ‘Social de la Iglesia’, denotaba imposición de la autoridad, inflexibilidad, al igual que ‘Doctrina’, sinónimo de algo acabado, ya completo. Por ello, cuando estuve a cargo del Secretariado de Pastoral Social, y en los muchos talleres que impartimos en las parroquias, yo prefería ‘Enseñanza’, que evocaba transmisión dialógica, propuesta incluyente.
Con el vocablo ‘Tradición’ pasaba algo semejante. Y es que de ser el conjunto de verdades reveladas por Cristo y el Espíritu Santo a los apóstoles, que se transmitieron originalmente de forma oral, y que continúa vivo en la comunidad cristiana, terminó por entenderse como algo conservador, tradicionalista. El concepto, por ejemplo, se asocia a las misas en latín y de espaldas al pueblo, a la negación de los cambios litúrgicos y teológicos propuestos por el Concilio Ecuménico Vaticano II, y a posiciones morales que bien pueden considerarse hasta retrógradas y reaccionarias.
Me alegra, entonces, enterarme de que la Comisión Teológica Internacional (CTI) -que nos acaba de regalar Quo vadis humanitas? (¿Hacia donde vas, humanidad?), Pensar la antropología cristiana ante algunos escenarios futuros de la humanidad-, vinculada al Dicasterio para la Doctrina de la Fe, acaba de recibir un nuevo encargo del papa León XIV: profundizar en el concepto de ‘Tradición’.
Al igual que el mismo Dicasterio -cuyos antecedentes se remontan a la Santa Inquisición y al Santo Oficio-, considerado siempre como un freno a las iniciativas audaces, y hasta un perseguidor de teólogos fronterizos, cambió su imagen gracias al papa Francisco, y al nombramiento de su amigo, el ‘Tucho’, Víctor Manuel Fernández, como Prefecto de esa instancia, y pasó a ser un impulsor de la creatividad e innovación teológicas, ahora la CTI buscará quitar a la palabra ‘Tradición’ las ideas de límite, instrumento de control, freno a la maduración de la doctrina.
La CTI acaba de ser renovada, cuenta con 30 miembros de diferentes continentes, y dispondrá de cinco años para enfrentar su encomienda. Por lo pronto, me alegra que por ‘Tradición’ ya no entenderemos algo tradicionalista. Estaremos atentos a sus conclusiones.
Pro-vocación
Y continuando con las buenas noticias. El Dicasterio para la Doctrina de la Fe ha publicado el pasado jueves 22 el documento Venite ad me (Vengan a mí). Consideraciones sobre la transmisión de la fe en el cambio de época. Es tarea de ese ministerio vaticano la oferta de tales textos, pero celebro que este busque desterrar la catequesis moralista y dogmática. Tiene 144 numerales divididos en ocho capítulos, más una introducción y una conclusión. Regresaremos sobre él.
