La luna
Hace un año, el Lunes de la Octava de Pascua, el papa Francisco se iba de este mundo sin ver cumplida una de sus aspiraciones: que todos los cristianos celebrasen las pascua el mismo día. Y eso que buena disposición para ceder lo que fuera ante las iglesias orientales no le faltaba. Y es que cada primavera, millones de personas en todo el mundo celebran la Pascua de Resurrección, la festividad más importante del calendario litúrgico cristiano. Ahora bien, en el mundo, se da una curiosidad histórica y astronómica fascinante: católicos y protestantes suelen celebrarla un día, mientras que los cristianos ortodoxos la festejan semanas más tarde.
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Para comprender esta pluralidad de fechas, no hay que buscar grandes diferencias teológicas profundas, sino mirar al cielo y a los calendarios de la antigüedad. Todo comienza en el año 325 después de Cristo, durante el Concilio de Nicea. En aquella época, los líderes de la cristiandad primitiva querían unificar la fecha de la celebración y separarla de los cálculos del calendario hebreo –que sigue celebrando su pascua–. Para ello, establecieron una regla astronómica estricta que todavía sigue vigente en la actualidad. Dictaminaron que la Pascua se celebraría siempre el primer domingo después de la primera luna llena que ocurriera en o justo después del equinoccio de primavera. La fórmula era clara e igual para todos, pero el problema que surgió siglos después no tuvo que ver con la luna, sino con la forma en la que los seres humanos medimos el tiempo.
Durante más de mil años, toda la cristiandad utilizó el calendario juliano, instaurado por Julio César. Sin embargo, este sistema tenía un pequeñísimo margen de error astronómico: consideraba que el año duraba exactamente 365 días y un cuarto. Ese diminuto desfase provocó que, con el paso de los siglos, las fechas del calendario se fueran atrasando con respecto a las estaciones reales del sol. El equinoccio de primavera ya no caía el 21 de marzo astronómico, sino varios días antes. Para corregir este desajuste, el papa Gregorio XIII introdujo en 1582 el calendario gregoriano, que es el que utilizamos de forma civil en casi todo el mundo hoy en día. Este cambio dividió la forma de calcular la Pascua.
Por un lado, la Iglesia católica y, posteriormente, las confesiones protestantes adoptaron el nuevo calendario gregoriano. Para ellos, el equinoccio de primavera quedó fijado inamoviblemente en el 21 de marzo de este nuevo sistema. A partir de esa fecha, observan el ciclo lunar para encontrar el primer domingo de Pascua, que siempre caerá entre el 22 de marzo y el 25 de abril.
Por otro lado, las Iglesias ortodoxas (como la griega, la rusa o la copta) decidieron mantener el antiguo calendario juliano para sus cálculos litúrgicos, preservando intacta su tradición ancestral y asegurando, además, que su Pascua siempre se celebre estrictamente después de la Pascua judía. Como el calendario juliano lleva actualmente 13 días de retraso respecto al gregoriano, cuando los ortodoxos marcan el 21 de marzo en su calendario para buscar el equinoccio, para el resto del mundo occidental ya es 3 de abril.
Al aplicar la misma regla de la luna llena pero desde puntos de partida distintos en el calendario, los ortodoxos acaban celebrando su Pascua habitualmente entre una y cinco semanas más tarde que los católicos y protestantes. Solo en aquellas ocasiones en las que la danza de los astros hace que las lunas llenas caigan en fechas muy específicas del mes, ambos calendarios coinciden y toda la cristiandad celebra la Pascua el mismo domingo, un fenómeno de sincronía que ocurre de vez en cuando.
El calendario
La fecha de la Pascua no es solo un evento aislado en el calendario cristiano; funciona como el centro de gravedad de casi todo el año litúrgico. El desfase entre el calendario juliano y el gregoriano provoca una fascinante reacción en cadena que altera la celebración de muchas otras festividades a lo largo de los meses. Para entender este impacto, ya que algunas celebraciones del año dependen no de la fecha sino del día de la Pascua florida.
Tenemos por ejemplo el caso de la cuaresma. Mientras que los occidentales la comienzan el Miércoles de Ceniza, los ortodoxos inician su equivalente, la Gran Cuaresma, el llamado Lunes Limpio. Como la Pascua oriental suele ser más tardía, este inicio del ayuno también se retrasa en el calendario civil en esa misma proporción.
También se ve condicionada la Ascensión, que se celebra cuarenta días después de la Resurrección, y Pentecostés, que tiene lugar a los cincuenta días para celebrar la venida del Espíritu Santo, siguen manteniendo ese intervalo exacto. Por tanto, católicos y protestantes celebrarán estas jornadas semanas antes que sus hermanos ortodoxos, siguiendo el ritmo que marcó su primera luna de primavera.
No afceta la luna a otras celebraciones como la Navidad el 25 de diciembre o la Epifanía el 6 de enero. Una gran parte de las confesiones orientales, encabezadas por la influyente Iglesia rusa, junto con la serbia o la de Jerusalén, decidieron aferrarse al antiguo calendario juliano para absolutamente todo su año litúrgico. Como este calendario tiene esos famosos trece días de retraso frente al civil que todos usamos, cuando en sus templos marcan el 25 de diciembre para celebrar el nacimiento de Cristo, para Occidente ya es 7 de enero. En cambio, otras iglesias ortodoxas, como la griega, la rumana o la búlgara, optaron por una solución salomónica. Adoptaron un sistema llamado calendario juliano revisado para sus fechas fijas. Estas comunidades celebran la Navidad exactamente el mismo 25 de diciembre que los católicos y protestantes, compartiendo la alegría en las mismas fechas civiles.
La unidad
Aunque la separación de los calendarios parezca un muro insalvable, mientras las conversaciones ecuménicas dan frutos mayores en este sentido, el firmamento tiene la última palabra. De vez en cuando, los ciclos de la luna y la posición del sol se combinan de una manera tan particular que el desfase de trece días entre el calendario juliano y el gregoriano deja de tener impacto en el cálculo. Así, católicos, protestantes y ortodoxos se encuentran celebrando la Resurrección exactamente el mismo domingo.
Para comprender cuándo ocurre esta coincidencia, debemos recordar una fecha clave. El equinoccio de primavera para el mundo occidental cae el 21 de marzo, pero el equinoccio oficial del antiguo calendario juliano que usan los ortodoxos equivale al 3 de abril de nuestro calendario civil actual. El escenario de separación habitual se da cuando la primera luna llena asoma en el cielo entre el 21 de marzo y el 3 de abril. En ese caso, los católicos y protestantes ya consideran que es primavera y celebran su Pascua el domingo siguiente. Sin embargo, para los ortodoxos, esa luna llena se ha adelantado y todavía ha ocurrido en su ‘invierno’ litúrgico. Por lo tanto, se ven obligados a ignorarla y a esperar todo un ciclo lunar completo, casi un mes entero, para encontrar la verdadera luna primaveral, lo que retrasa drásticamente su festividad.
La la coincidencia se produce cuando la primera luna llena de la primavera es perezosa y decide aparecer en el firmamento después del 3 de abril. Al ocurrir tan tarde en el mes, ambos calendarios coinciden en que, efectivamente, ya han cruzado la frontera de sus respectivos equinoccios. Al mirar exactamente al mismo astro en el mismo momento, ambas tradiciones cuentan los días hasta el siguiente domingo y el resultado es matemáticamente idéntico. Este fenómeno no obedece a un patrón repetitivo sencillo, sino a las peculiaridades de los ciclos lunares, ocurriendo de forma irregular varias veces cada década. Si echamos la vista atrás a nuestro pasado reciente, pudimos presenciar esta hermosa unión litúrgica en los años 2010, 2014 y 2017 o más recientemente el 2025 –aniversario de Nicea–, cuando las iglesias de Oriente y Occidente compartieron la misma fecha festiva. Algo que se remarca de manera especial en la celebración que el Papa preside el día de Pascua en el Vaticano. ¿Será la ocasión para llegar a un acuerdo el próximo 16 de abril de 2028 –o si acaso el 13 de abril de 2031– cuando se una nueva coincidencia la oportunidad para dar el paso?


