Fernando Vidal, sociólogo, bloguero A su imagen
Director de la Cátedra Amoris Laetitia y director del Instituto Universitario de la Familia, de la Universidad Pontificia Comillas

Políticos a los ojos de Dios


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Tras una etapa en que hemos cambiado partidos y renovado toda la plantilla de líderes, el estado calamitoso del país ha llevado a que se generalice el clamor de que necesitamos otro tipo de personas, que son un desastre. Incluso los militantes del optimismo sienten su esperanza cansada. El problema no es solo cómo vemos a los políticos, sino cómo se ven a sí mismos.



Necesitamos volver nuestra mirada a Dios y saber cómo Él nos mira. Una sociedad que niega la amistad de Dios, pierde una mirada radicalmente buena sobre el ser humano y sobre cada persona. Sentir cómo te mira Dios, te hace redescubrirte mucho mejor de cómo te crees, te revela valores y una capacidad de amar, pensar y hacer que no creías posible. La mirada de Dios profundiza y expande aquel que crees ser. Creer en Dios te da mucha mayor fe en ti mismo, saca lo mejor de ti, incluso lo que no sabías que eras.

Encerrado dentro de un espejo

Cuando solo tú te miras a ti mismo, vives encerrado dentro de un espejo. Los políticos necesitan –aunque solo fuera como un ejercicio teórico– mirar al mundo, a la gente y a sí mismos, como nos mira Jesús. Esa mirada por sí misma, tan solo nuestro reflejo en su mirada, nos transforma.

Congreso de los Diputados

Pedro, Pablo y el otro Pablo, Inés, Santiago, Irene, Carmen, Isabel, Joaquim y los muchos otros políticos en cuyas manos estamos son mucho mejores de lo que creemos y de lo que ellos se creen. Pueden hacerlo mucho mejor, valen mucho más de lo que demuestra su acción. Les necesitamos mucho mejores de cómo les vemos y se ven a sí mismos. Necesitamos que, aunque sea solo un instante, se miren en los ojos de Jesús. Pedirle a un político que rece es excesivo y casi impropio, pero es que esta vez lo necesitamos de verdad.