Enrique Lluc
Doctor en Ciencias Económicas

Nacionalidad ¿De donde? (y II)


Sigo repasando casos reales que pueden acercarnos a la compleja realidad de la nacionalidad. Algunos son conocidos por casi todos. Padres ghaneses emigrantes en España, él nace en España, es español y juega en la selección española mientras que su hermano lo hace en la de Ghana. Para las estadísticas españolas es nacional y no aparece como nacido fuera del país.



Sin embargo, muchas personas lo perciben como extranjero por el color de su piel y la procedencia de sus padres. El caso de otro miembro de esta selección es muy similar ya que es hijo de madre de Guinea Ecuatorial y padre marroquí. En esta ocasión, a lo ya nombrado en el anterior ejemplo, se une que su religión es la musulmana, lo que puede producir un problema mayor.

Una mujer hija de británico y española. Nace y realiza toda su vida en España, pero sus padres deciden en su momento optar por la nacionalidad británica porque consideran que es lo mejor para su hija. Ella nunca se la cambia porque no le ofrece mayores problemas, aunque se considera española y toda la vida la ha hecho aquí. Para las estadísticas es británica aunque nació en España.

Migrantes. Regularización Foto: EFE

Personas de diferentes nacionalidades. Foto: EFE

Otra mujer, hija de español y venezolana, que tiene la nacionalidad española desde su nacimiento. Aunque nace en Venezuela y vive allí hasta que acaba sus estudios universitarios, decide entonces venir a España para asentarse aquí con su marido. Tiene aquí sus hijos y lleva muchos años integrada en el país. A pesar de ello mantiene el acento venezolano y muchas personas la consideran como tal. En las estadísticas aparece como española nacida fuera de España.

Prioridad nacional

Podría seguir poniendo ejemplos diferentes de personas que nacen en un país, tienen una nacionalidad diferente a su lugar de nacimiento y viven en un tercer país. Cuando hablamos de “prioridad nacional” ¿A qué estamos refiriéndonos? ¿Por qué tienen que estar unos por delante de otros? ¿A quien consideramos nacional y a quién no? Si hablamos de arraigo ¿Cuántos años son necesarios para tenerlo? ¿Es diferente la cantidad de años considerada según la nacionalidad que se tiene? ¿Qué sucede con las personas que han nacido en España de padres extranjeros?

Las preguntas se acumulan y la casuística es elevada. Con frecuencia, además, la realidad es distinta de la percepción que tiene la gente. Algunos consideran emigrantes a personas que nunca han emigrado (segunda y tercera generación) y no consideran emigrantes a personas que sí que lo han hecho (ya sea por su nacionalidad, por su aspecto externo o por su cultura).

Las clasificaciones son, cuanto menos, complicadas. La confusión que se crea es elevada. Solo me queda recordar a San Pablo y a nuestra fe que simplifica todo esto de una manera muy humana “ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gál. 3,28). Ojalá estas palabras resuenen en el corazón de quienes nos gobiernan.