David Jasso
Vicario episcopal de Pastoral de la Arquidiócesis de Monterrey (México)

Lo que Francia nos dejó ver de León XIV


Los viajes de un Papa suelen producir discursos, fotografías, multitudes y titulares, pero, cuando pasan los días, no todo permanece igual en la memoria. A veces basta una escena, una frase o un encuentro para comprender mejor aquello que quiso decir un viaje entero.



Después de seguir estos días la visita de León XIV a Francia (París, Lourdes y Metz) del 25 al 28 de septiembre, me quedo con tres momentos. No necesariamente los más solemnes y quizá precisamente por eso dicen mucho del Papa que vamos conociendo.

  1. París: hacer espacio

En una ciudad acostumbrada a los grandes escenarios, León XIV comenzó su segundo día visitando la Maison Bakhita, un centro dedicado a la acogida e integración de migrantes y personas vulnerables. Allí dejó una frase que fácilmente podría convertirse en programa pastoral: la historia no la escriben solamente quienes ocupan espacios, sino quienes “hacen espacio”.

Hacer espacio al que llega, al diferente, al que no tiene voz, al que normalmente no aparece en nuestras reuniones. Hay algo profundamente evangélico en esa expresión pues nos hemos acostumbrado a pensar que transformar el mundo significa conquistar posiciones, ganar discusiones o aumentar influencia. León XIV propone otra lógica: abrir espacio para que otro pueda existir.

Y agregó algo todavía más provocador: nadie es tan pobre que no tenga algo que ofrecer y nadie tan rico que no tenga algo que recibir. Quizá la verdadera inclusión comienza cuando dejamos de pensar que unos ayudan y otros solamente reciben.

León XIV preside la Vigilia de Oración en el Stade de France, en Saint-Denis, a las afueras de

León XIV preside la Vigilia de Oración en el Stade de France, en Saint-Denis, a las afueras de París. Foto: Vatican Media

  1. Lourdes: mirar la fragilidad

Al día siguiente, en Lourdes, el escenario cambió completamente. Enfermos, peregrinos, voluntarios, personas cargando historias que probablemente nunca aparecerán en ningún titular. Allí pronunció una de las frases más hermosas del viaje: “Aquí la fragilidad no se esconde”.

Vivimos en una cultura que muchas veces intenta esconder precisamente eso: el límite, la enfermedad, la vejez, el fracaso, la dependencia. Lourdes hace lo contrario, allí la fragilidad ocupa el centro.

Pero León XIV fue más lejos: la fragilidad puede convertirse en lugar de encuentro. Esa es una clave pastoral enorme porque tal vez nuestras comunidades no necesitan parecer lugares donde todos están bien, sino espacios donde nadie tenga que fingir que lo está. Una Iglesia profundamente humana aprende a acompañar las heridas.

  1. Metz: transformar fronteras

El último día llegó Metz, tierra marcada durante siglos por fronteras y conflictos europeos. Allí, recordando a Robert Schuman, León XIV habló del diálogo entre religiones y pueblos y recordó que “más allá de las fronteras, siempre es posible reencontrarse”.

La frase parece sencilla, pero llega en un mundo que vuelve a levantar muros: políticos, culturales, religiosos, digitales e incluso familiares. Las fronteras existen, las diferencias también y el Papa no propone borrarlas, sino evitar que se conviertan inevitablemente en trincheras. Quizá ahí aparece una de las intuiciones más constantes de su pontificado: la diferencia no tiene por qué terminar en distancia; puede convertirse en encuentro.

Después de cuatro días en Francia, podríamos recordar discursos, celebraciones y multitudes. Yo prefiero quedarme con estas tres imágenes: hacer espacio, no esconder la fragilidad y atravesar fronteras para reencontrarnos. Tal vez estemos viendo poco a poco la manera en que León XIV quiere enseñar a la Iglesia a estar en el mundo.

Lo que vi esta semana

Un Papa que parece sentirse especialmente cómodo cuando los grandes temas tienen rostro concreto.

La palabra que me sostiene

Encuentro.

En voz baja

Quizá evangelizar hoy empiece por algo mucho más sencillo de lo que imaginamos: hacerle espacio al otro.