Hoy, cuando escribo estas líneas, es un día feliz para la humanidad.
Hoy, nuestra sociedad española se acostará con unos cuantos puntos más de calidad.
Hoy, muchas personas se sentirán dignas y orgullosas de ser humanas.
Hoy, el “ya” del Reino, da un pasito no pequeño en medio de este mundo del “todavía no”.
Hoy, Jesús de Nazaret, el pescador de hombres que vino a construir la civilización del Amor, debe sonreír tiernamente mientras piensa “por fin, buenas noticias, en medio de la oscuridad que parece envolver a mis criaturas”.
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Porque hoy, 500.000 personas se sentirán más libres, más seguras, más acogidas, más queridas…
Porque hoy se ha aprobado que comience la tramitación extraordinaria para regular su situación tras años de miedos, agravios, abusos, explotación, ostracismo.
Por eso hoy es un día para alegrarse.
¿Seremos capaces de verlo así, de ir “al fondo de la cuestión” y de dejar a un lado o para después otras consideraciones?
¿Te alegras o no te alegras, de que se abra la puerta a que estos hermanos/as, 500.000 nuevos pececillos migrantes, puedan subirse al barco de la prosperidad, la plena integración en derechos y deberes, y el futuro esperanzado para ellos y sus familias?
Por supuesto que hay espacio para analizar por qué llega en este momento y de esta manera, si es fruto del enorme y extraordinario trabajo colectivo de la sociedad civil -con la Iglesia, su Conferencia Episcopal, Cáritas y muchas de sus organizaciones entre los puestos más destacados- o si es pura estrategia partidista y un ardid más del Gobierno actual para capear los “temporales” que le acometen por todos lados, dado que lo mismo que hace hoy podría haberlo hecho sin problemas tiempo ha.
Pero incluso aunque así fuera –allá ellas y ellos si se mueven más por cálculos estratégicos que por la búsqueda del bien común y de las personas más necesitadas– nada debería eclipsar la alegría de estos momentos.
Como mucho hay que preocuparse por que la decisión sea efectiva y se cumpla realmente. Son muchísimos los hermanos y hermanas que conocemos (claro, porque todo es distinto cuando se pone rostros, nombres y apellidos, historias cercanas…) a quienes esta medida les abre a un horizonte que parecía lejano y, como bien dice Augustín Ndour, primer firmante de la ILP para la Regularización de personas extranjeras, les supone la misma experiencia que la de dejar de estar en la cárcel. Como el día y la noche.
El medallero
Dicho lo anterior, y como guion de la pobre política que se repite una y otra vez, es triste ver que ahora todas las fuerzas políticas buscan situarse desde sus propios intereses frente a esta noticia. Hay quienes lo usan y usarán para echar más leña al fuego de la crispación social y demonizar a los que estén en el “bloque contrario”, y hay quienes lo usan y usarán para colocarse medallas y salir en la foto, cuanto antes y con más soltura.
Así que, para terminar este post que habla de alegría profunda, se me ocurre cuál podría ser el “medallero” oficial según la mirada que podría intuir de Dios –obviamente, todo categorías humanas, pero que se entienden bien–:
Medalla de bronce a todas las personas –¡más de 700.000!– que firmaron la ILP y que (creo que pocas dudas hay) han sido fundamentales para que los partidos políticos en el parlamento y el Gobierno se hayan ido moviendo hasta el momento actual. A ellas, que quieren el bien de las personas que viven y trabajan entre nosotros, y que deseaban que tuvieran también los mismos derechos y oportunidades… GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.
Medalla de plata a todas las personas y entidades que apoyaron la ILP, que se organizaron para recoger firmas, que empujaron a su gente a hacerlo, que confiaron en el final feliz a pesar de todos los inconvenientes, que fueron muchísimos.
De todos ellos, hoy me gustaría destacar a 6: el citado Augustín, que empujó desde el principio al partido del que formo parte, Por Un Mundo Más Justo, a esta bendita locura; a Jorge Serrano, Director de la Fundación para la Ciudadanía Global, sin duda artífice en un tanto por ciento elevadísimo de que la ILP sobreviviera a tantas “embestidas” de la miseria humana; a Mar Ruiz y Jesús Barcina, también de M+J, quienes, entre los dos solitos, recogieron cerca de 80.000 firmas, convirtiéndose en estímulo para el resto de las personas voluntarias; Antonio Sieira, fundador de M+J, soñador incansable donde los haya y quien ha puesto todo todo todo lo que ha estado de su parte; y Luis Argüello, presidente de la Conferencia Episcopal, cuya mediación, inteligencia y clarividencia han sido imprescindibles en momentos puntuales. GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.
…Y medalla, MEDALLÓN, de oro, a las más de 500.000 personas que día tras día se han seguido levantando, luchando contra viento y marea, trabajando en condiciones durísimas o buscando la forma de hacerlo sin importarles tales condiciones, sólo por soñar con mejorar las vidas de sus familias –siempre amplias–. A vosotras, por estar entre nosotros y haber conseguido que lo mejor del ser humano se haya movilizado, por haber sido una preciosa excusa para hacernos mejores personas, por ser alma esencial de nuestra sociedad vosotras, las preferidas del Señor… GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.
