Luis Antonio Rodríguez Huertas
Militante del partido Por Un Mundo Más Justo y bachiller en Teología

La IA y la mecha encendida


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(No puedo enviar a publicar este post sin tener un recuerdo lleno de dolor y consternación por las víctimas del accidente de Aldamuz. Ojalá la esperanza encuentre rendijas para colarse en la vida de los que han quedado con vida y sus familiares)



En no pocas veces me he planteado la conveniencia y sentido de ser ‘ludita’ –término proveniente de un movimiento obrero de comienzos del siglo XIX en Inglaterra, inspirado en la figura legendaria de Ned Ludd, que se oponía a aquellas tecnologías o innovaciones que dañasen el trabajo, los derechos, la vida humana o la justicia social–.

Y lo hago desde la triste constatación de que muchos “adelantos” no traen aparejadas mejoras reales, o al menos no para toda la humanidad. Desde ahí surge una pregunta inevitable: ¿qué le han aportado al ser humano determinados avances -como, por ejemplo, el surgimiento y expansión de las redes sociales-, en términos de felicidad social e individual?

Sería muy ingenuo negar las posibilidades y oportunidades positivas que han generado. Gracias a las redes sociales se han derrocado gobiernos totalitarios, se han hecho colectas con fines solidarios, se han reencontrado personas separadas durante años… Pero el progreso humano funciona, en muchos ámbitos, como ocurrió con el descubrimiento de la pólvora: tras un bien aparente e innegable, emergen consecuencias desastrosas.

Inteligencia Artificial Robot Flor Mujer

Conviene recordar que la pólvora se inventó en China con fines alquímicos y espirituales. Con ella se buscaba incluso el elixir de la inmortalidad. Sus primeros usos fueron rituales y festivos. Hasta que se descubrió su potencial destructor.

El resto de la historia, lamentablemente, es conocida.

Por eso me pregunto si no estamos ante otro descubrimiento “cargado de pólvora”.

La inteligencia artificial está trayendo –desde hace tiempo– cosas buenísimas para nuestra humanidad. Y más que vendrán. En el campo de la salud, la medicina, el medioambiente, la ciencia o la investigación. La cuestión es si también puede “estallarnos” y convertirse en algo destructivo.

De hecho, ya sabemos que está generando un consumo ingente de recursos naturales, agrandando brechas de desigualdad e, incluso, favoreciendo comportamientos humanos extremos como el suicidio.

Desempleo estructural

Pero, más allá de estos límites, emergen cuestiones más de fondo: ¿está ya la IA suplantando o manipulando a las personas en la toma de decisiones? ¿Adormece su esfuerzo y espíritu crítico? ¿Mina la democracia? ¿Generan desempleo estructural?

El sábado pasado, la organización política a la que pertenezco desarrolló junto con la Fundación para la Ciudadanía Global una sesión formativa dentro de su Foro Juan Burgos titulada “Hacia una IA ética”, impartida por Tino Rodríguez, que bebía de fuentes como Adela Cortina, Frances Torralba o Sebastián Mora, personas bien conocidas por sus aportaciones en el campo de la ética, la justicia social o la evaluación profunda de los acontecimientos y circunstancias.

Pues bien, en su magnífica reflexión, que recomiendo enormemente ver. Tino subrayó que, en última instancia, las máquinas –y la IA no deja de ser una expresión avanzada de ellas– carecen de inteligencia existencial, de razón cordial y de emoción moral. No comprenden el dolor ni el perdón y, al carecer de arraigo corporal, biológico y sentimental, nunca podrán ser conscientes, como promete el transhumanismo.

En esta línea, el mayor peligro no es que las “máquinas se rebelen” algún día, sino que las personas renunciemos a nuestro pensamiento crítico y nuestra libertad, permitiendo que la IA nos supla donde no debe.

Frente a ello, son necesarias políticas públicas consistentes, educación de calidad y procesos rigurosos y continuos de evaluación ética.Y, como plantea ‘Hipnocracia’, del filósofo italiano Andrea Colamedici –escrito junto a IA y bajo el pseudónimo de Jianwei Xun–, urge también abrir espacios de desconexión digital, como ejercicios de resistencia activa que nos devuelvan a nosotros/as mismos/as.

¿Lo conseguiremos? ¿O algún día nos arrepentiremos de no habernos hecho luditas a tiempo?

Los años lo dirán.

Mientras… la mecha ya está encendida.