La semana pasada hablaba de la necesidad de una educación superior que enseñe a los alumnos a resolver sus problemas, a investigar y a pensar sobre la realidad de una manera independiente a la IA. Vimos como solamente así, podemos garantizar que cuando se utilice (a lo que, por supuesto, no hay que negarse) se haga con criterio y que la gran capacidad de cálculo que esta tiene y su capacidad para realizar tareas de una manera rápida y eficaz, se utilice al servicio de lo que sea bueno para las personas y no para intereses parciales de unos pocos.
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Para que esto sea así, precisamos que la inteligencia humana esté siempre por encima de la artificial. Esto tiene varias implicaciones. La primera es que la educación presencial y los maestros van a ser más necesarios que nunca. En otras épocas esto era lo normal porque no se podía hacer de otra manera.
Hasta para las cosas más sencillas precisábamos de esa presencialidad. Pero ahora que tenemos esta potente herramienta y que muchos alumnos dejan de ir a las clases porque les puede solucionar casi todo la IA, el maestro que marca la diferencia es más importante que nunca.
Porque la IA no solo falla, sino que es bastante estándar. Lo que encontramos en ella lo puede encontrar cualquiera en cualquier lugar del mundo. Les cuento una anécdota que pasó en una universidad que conozco. Sabiendo que el profesor iba a hacer un examen tipo test, los alumnos les pidieron a la IA preguntas de test para estudiar (o entrenar, según se mire).
El profesor hizo lo mismo para poner el examen (así podía ser más productivo y dedicarse a cosas más importantes para él). Los alumnos no solo vieron con alegría que les preguntaba lo mismo que les había preguntado la IA, sino que sabían que, normalmente, salvo que se lo pidas explícitamente, esa IA pone la respuesta correcta mayoritariamente en la opción b (porque es la que estadísticamente se repite más). Así que, en esta ocasión el porcentaje de sobresalientes y aprobados se incrementó mucho sobre lo normal.
No dar valor añadido
Recurrir a la IA es ser uno más del montón, es no dar ningún valor añadido, es hacer lo que todos hacen y pueden hacer. Es fácil, es sencillo, no necesita de mucho entrenamiento, no es necesario tener grandes conocimientos de nada para conseguirlo.
Por ello se hace imprescindible la Inteligencia Humana. Personas que no necesiten utilizar la IA porque sus conocimientos son elevados. Profesores que pueden poner un examen sin recurrir a su ayuda, profesionales que abordan su trabajo sin necesitarla.
Tal vez ahora, con el deslumbramiento que siempre produce cada nueva tecnología (impulsado, en parte, por quienes ganan dinero con ella) esto no se vea con claridad, pero estoy convencido de que este será el valor añadido que apreciará la sociedad en el futuro. No dejemos de educar y de potenciar el valor de hacerlo todo por nuestra cuenta y utilizar las herramientas solo para potenciar nuestros conocimientos, y no para depender totalmente de ellas.

