Redactor de Vida Nueva Digital y de la revista Vida Nueva

¿Hay algo más que deporte en unos Juegos Olímpicos de invierno?


Compartir

Los Juegos

Los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026, celebrados del 6 al 22 de febrero, de nuevo en Italia, han destacado por ser la primera edición en la historia del olimpismo en ser coorganizados oficialmente por dos ciudades. Fueron inaugurados con una espectacular ceremonia en el clásico estadio de San Siro en Milán bajo el concepto de ‘Armonía’, y por las pistas ha pasado la élite mundial de los deportes de nieve y hielo en los icónicos paisajes italianos.



Durante estas semanas de competición, potencias como Noruega, la anfitriona Italia y Estados Unidos se han posicionado en lo más alto del medallero, regalando a los aficionados actuaciones memorables y nuevos récords en disciplinas como el esquí alpino, el patinaje de velocidad y el snowboard. A esto se ha añadido alguna que otra noticia poco edificante…

Por otro lado, ha destacado la propuesta pastoral de la diócesis de Milán que con el lema “For Each Other” ha desplegado un ambicioso proyecto pastoral y cultural para acompañar los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Milán-Cortina 2026. Teniendo como centro la Basílica de San Babila donde se han celebrado misas multilingües y se ha venerado la Cruz Olímpica, han querido transformar el evento deportivo en una genuina oportunidad educativa y comunitaria con un programa —impulsado principalmente a través de la Fundación de Oratorios Milaneses (FOM)— con decenas de iniciativas distribuidas desde finales de enero hasta mediados de marzo. Diálogos interreligiosos, jornadas deportivas inclusivas en la prisión de Bollate han sido algunas de las ideas más novedosas.Para el arzobispo Mario Delpini, la misión de este proyecto ha sido asegurar que la justa deportiva no se quede solo en el rendimiento y las medallas, sino que demuestre que el deporte es un lenguaje universal capaz de unir, incluir y cuidar a los más vulnerables de la sociedad.

Medallas Olimpicas Altar

El monaguillo

De medallas puede presumir un monaguillo polaco. Una de las grandes revelaciones de estos Juegos ha sido el joven saltador de esquí Kacper Tomasiak, quien a sus 19 años ha hecho historia para su país. Tomasiak se convirtió en el primer saltador de esquí de Polonia en ganar tres medallas en una misma edición de los Juegos Olímpicos de Invierno. Se vuelve a casa con una medalla de plata en la prueba individual de trampolín normal –voló 107 metros–, seguida de un reñido bronce en el trampolín largo individual. Finalmente, logró una segunda medalla de plata en la emocionante competencia de “súper equipo” en trampolín largo junto a su compañero Paweł Wąsek, consolidándose como una nueva estrella internacional del deporte invernal.

El deportista es lector activo y monaguillo en la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús en Bielsko-Biała, en la diócesis de Bielsko-Żywiec. Su párroco Marcin Aleksy destacó Kacper nunca se avergonzó de su fe: servía en el altar a pesar de los entrenamientos y la Copa del Mundo. De hecho ya se ha fotografiado en Milán con el alba de acólito y sus medallas. “Rodeemos con nuestras oraciones al lector de nuestra diócesis, el saltador de esquí Kacper Tomasiak, que mañana comenzará a competir en los Juegos Olímpicos de Invierno. Querido Kacper, así como tú llevaste el incienso ante el Señor, ¡que ahora Él te lleve lejos y a salvo! P. D.: ¡Estamos muy orgullosos de ti y te agradecemos tu testimonio de fe!”, rezaron en su diócesis destacan que en la última procesión del Corpus era el turiferario.

Images

El saltador de esquí polaco Kacper Tomasiak

El patinador

Hay otra participación, la del patinador estadounidense Maxim Naumov en los Juegos, que ha trascendido lo deportivo para convertirse en un acto de fe y memoria. Al iniciar su programa en Milán, el reafirmó su identidad espiritual mediante la señal de la cruz al estilo ortodoxo, un gesto que marcó el tono de su actuación no solo como una exhibición atlética, sino como una conexión con lo sagrado. Este rito inicial simbolizó el refugio de Naumov en sus creencias tras haber perdido a sus padres, ambos campeones mundiales de patinaje, en un trágico accidente aéreo apenas un año antes, según ha recogido la revista ‘America’.

La narrativa de Naumov ha destacado por una profunda resiliencia espiritual que desafía el dolor de la pérdida. El patinador ha manifestado que su capacidad para seguir adelante nace de una fuerza interior que sustituye el miedo por el amor, sintiendo la presencia casi mística de sus padres cada vez que pisa el hielo. Esta convicción de que existe algo “más allá del aquí y ahora” permitió que su interpretación del ‘Nocturno n.º 20’ de Chopin fuera descrita como una calma sobrenatural, transformando la pista de hielo en un espacio de comunión entre lo terrenal y lo eterno.

Finalmente, la noticia resalta cómo el momento del ‘kiss and cry’ –el rincón donde los patinadores esperan ante la cámara hasta conocer su puntuación–, donde Naumov lloró abrazando una fotografía de su infancia, convirtió el evento en una oración pública y colectiva. Su actuación fue percibida por la audiencia mundial no como un espectáculo televisivo, sino como una experiencia espiritual auténtica y un rito de duelo compartido. En esos minutos, el patinaje de Naumov se elevó a la categoría de plegaria, logrando que el público experimentara una conexión humana y trascendental que superó cualquier narrativa técnica o patriótica de la competición. Testimonios…

Maxim Naumov Patinador Ortodoxo