¿Es verdad eso de que “la Iglesia no teme a la historia”?


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El anuncio

La semana pasada, el día 4 de marzo, entre las audiencias del papa Francisco estaba una con los trabajadores y colaboradores del Archivo Secreto Vaticano. Una institución vaticana que conserva algunos de los documentos más importantes de la historia de la Iglesia. A pesar de los frecuentes expolios, en los lineales siguen llegando muchos documentos de los pontífices y, concluidas las guerras europeas, el tesoro que guardan para la posteridad es incalculable.

Fuera de toda duda el valor de esos archivos, en la cita se hizo un anuncio interesante. Cuando se cumplan 81 años de la elección de Pío XII, es decir el 2 de marzo de 2020, se abrirá de un modo íntegro a los investigadores toda la documentación relativa al pontificado de Eugenio Pacelli. Una decisión que adelanta el prudencial periodo de ‘resposo’ de los documentos conservados y que incluye todo el pontificado. Francisco recordó que la reserva en algunos casos ya se había levantado y que las instituciones vaticanas de archivística llevan años trabajando “en un proyecto común de inventario y preparación de la abundante documentación producida durante el pontificado de Pío XII, parte de la cual ya hicieron consultable mis venerables predecesores san Pablo VI y san Juan Pablo II”.

Por citar el caso del último papa citado, Juan Pablo II, en 2002 ya puso a disposición de los estudiosos todo lo referido con las relaciones con Alemania durante el periodo entre 1922 y 1939, cuando Pacelli era Secretario de Estado vaticano. El propio papa polaco, de cara al jubileo del 2000 quiso dar pasos respecto a las relaciones entre judíos y católicos a partir de la documentación histórica.

El motivo de fondo esgrimido por Bergogio: “La Iglesia no tiene miedo de la historia; al contrario, la ama y le gustaría amarla más y mejor, ¡como Dios la ama!”.

El Pontífice

Como recordaba Miguel Ángel Malavia en su crónica de esta audiencia, Pío XII frecuentemente ha sido sospechoso de ser de una manera, especialmente a través de su silencio, condescendiente con el régimen nazi. Sospecha, que como el periodista recuerda, “jamás se dio en vida de Pacelli” y que fue creciendo como una bola de nieve especialmente a partir de la obra de teatro llamada ‘El vicario’, de Rolf Hochhuth, estrenada en 1963.

Desde entonces muchos han desarrollado sin límites la tesis de complacencia de Pío XII con Hitler que presenta Hochhuth. Incluso asociaciones judías compraron la tesis descontextualizando la labor pastoral y diplomática secretario de Estado, primero, y papa, después. Aunque bien es cierto que la mayoría de los sectores del judaísmo oficial se han mostrado muy satisfecho de este nuevo gesto de Bergoglio y esperan profundizar en la historia de este pontificado que tuvo que alentar la reconstrucción de una Europa arrasada por la guerra más sangrienta que ha vivido el Viejo Continente.

Los archivos mostrarán errores de visión y cálculo, como es de suponer, de Pacelli y sus colaboradores. Pero no encontraremos al un Papa que va de la mano del negacionismo más caricaturesco. La reconstrucción de los hechos del Holocausto, algunos historiadores se han empeñado en ello dejando de lado los prejuicios contra Pío XII, puede contar con alguna novedad aunque la mayoría de la documentación ya se ha estudiado, al menos parcialmente –de hecho en la red se encuentra parte de la documentación del Vaticano durante la II Guerra Mundial–.

Los fieles

Esta etapa, aunque se refiera expresamente al archivo de los pontífices, pueda seguir aportando luz a las historias de compromiso cristiano de quienes arriesgaron su vida por evitar las masacres de los judíos. En una Europa tensionada por la hostilidad de los bloques ideológicos creados como respuesta a las continuas crisis que se han sucedido en las primeras décadas del siglo XX, hubo testimonios ejemplares de cristianos que han vivido hasta el fondo los valores del evangelio. También en lo que a la defensa de los judíos se refiere. Ahí está como muestra, la cantidad de judíos que acuden cada día a la tumba de Schindler en el cementerio cristiano del Monte Sion a las afueras de Jerusalén y le honran dejando una piedra sobre la sepultura –como queda también reflejado al final de la película de Steven Spielberg sobre su lista–.

No solo la política y las conspiraciones se acumulan en los 85 kilómetros de estantes del Archivo Secreto Vaticano. Las historias (en minúscula) de caridad, de vidas entregadas, de radicalidad evangélica… se alternan con crímenes y escándalos. Ahí precisamente cobra sentido también la frase de Francisco: “La Iglesia no tiene miedo de la historia; al contrario, la ama y le gustaría amarla más y mejor, ¡como Dios la ama!”.