¿Era evitable la situación de las residencias de ancianos?


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La jornada

El 26 de julio, día de san Joaquín y santa Ana, padres de la Virgen María se ha consolidado como día de los abuelos. Fiesta litúrgica de referencia para grupos eclesiales como Vida Ascendente no solo Mensajeros de la Paz se han volcado en este colectivo. Como ejemplo, santa Teresa de Jesús Jornet, patrona de la ancianidad, es una buena muestra de la preocupación evangélica.



Una característica que no ha dejado de destacar el papa Francisco para quien los mayores son “el tesoro de nuestra sociedad”, por eso siempre ha lamentado que “vivimos en un tiempo en el cual los ancianos no cuentan”. El propio Papa dijo en la misa de inaguración del pontificado, el 19 de marzo de 2013, que los abuelos deben ser cuidados con amor porque “a menudo se quedan en la periferia de nuestro corazón”.

El descarte social ha sacado las vergüenzas de considerado mundo civilizado tras la gestión de las residencias de ancianos durante la pandemia. Por ello, muchos han criticado el mensaje que el presidente Pedro Sánchez ha trasladado a través de las redes sociales en esta jornada al ser los mayores el colectivo silenciado en las cifras oficiales de la pandemia:

La nota

La Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal ha propuesto, a todas las diócesis de España, la celebración de una Jornada por los afectados de la pandemia, en torno a este fin de semana. Una oportunidad para dar gracias por todo el trabajo y el sacrificio realizado por tantas personas durante el tiempo de la pandemia y rezar de una manera especial por los mayores y las residencias de ancianos. Y a la que a ellos han dedicado un mensaje especial.

La Comisión Episcopal para la Pastoral Social y Subcomisión de Familia y Defensa de la Vida ha preparado este breve mensaje al respecto. “Desde el pasado mes de marzo que se decretó el estado de alarma en nuestro país, por motivo de la pandemia del Covid-19, hemos podido contemplar cómo los más afectados por este virus han sido los mayores, falleciendo un gran número de ellos en residencias, hospitales y en sus propios domicilios. También, nuestros mayores, debido a las circunstancias tan excepcionales, son los que más han sufrido el drama de la soledad, de la distancia de sus seres queridos”, destacan.

Por ello, han denunciado que “en una sociedad, en la que muchas veces se reivindica una libertad sin límites y sin verdad en la que se da excesiva importancia a lo joven, los mayores nos ayudan a valorar lo esencial y a renunciar a lo transitorio. La vida les ha enseñado que el amor y el servicio a los suyos y a los restantes miembros de la sociedad son el verdadero fundamento en el que todos deberíamos apoyarnos para acoger, levantar y ofrecer esperanza a nuestros semejantes en medio de las dificultades de la vida”.

“Allí donde no hay respeto, reconocimiento y honor para los mayores, no puede haber futuro para los jóvenes, por eso hay que evitar que se produzca una ruptura generacional entre niños, jóvenes y mayores. Conscientes de ese papel irremplazable de los ancianos, la Iglesia se convierte en un lugar donde las generaciones están llamadas a compartir el plan de amor de Dios, en una relación de intercambio mutuo de los dones del Espíritu Santo. Este intercambio intergeneracional nos obliga a cambiar nuestra mirada hacia las personas mayores, a aprender a mirar el futuro junto con ellos. Los ancianos no son sólo el pasado, sino también el presente y el mañana de la Iglesia”, concluyen.

Eta deuda llevará más tiempo pagarla que los créditos de reconstrucción europea.