Fernando Vidal, sociólogo, bloguero A su imagen
Instituto de la Familia de la Universidad Pontificia Comillas

El género del poder


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En gran parte, la fuerte especulación que existe alrededor del género, es una reacción contra el género como una herramienta del poder. La profusión de siglas para definir distintos tipos de géneros (en este momento las siglas son LGBTQQIAPO: Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transgéneros, Queer, Question –aquellos que dudan–, Intersexuales, Asexuales, Poliamor y Omnisexuales) es una respuesta a la deslegitimación de la dualidad sexual de lo masculino y femenino. Ciertamente siempre han existido casos de ambigüedad sexual, pero ¿a qué se debe ese movimiento de alteración de género? Nuestra hipótesis es que es una reacción contra el poder; en parte, el género tradicional está deslegitimado. 

Esa deslegitimación del sexo procede de la injusticia histórica entre lo masculino y lo femenino. En el proceso de liberación y despliegue de lo femenino, lo masculino ha tenido también que revisarse. El varón busca qué significa lo masculino toda vez que lo liberas del poder que monopolizaba. El varón no solamente tenía poder sino que simbólicamente encarnaba el principio de autoridad. Ser masculino era un principio de jerarquía.

Los abusos han sido tantos y tan profundamente arraigados que podemos afirmar que lo masculino ha sufrido una debacle. Como consecuencia, ha habido un vaciamiento de lo masculino. ¿Qué significa ser varón? ¿Hay alguna función o tarea asociadas, o simplemente es un modo singular de hacer lo mismo? El problema no es la desconexión entre el sexo y el género, sino cuál es el contenido de la propia idea de género. Aunque el imaginario popular se nutre todavía de los campos simbólicos tradicionalmente asignados a lo masculino y femenino, existe una intensa especulación que pone en duda esa división tradicional de papeles.

#MeToo

Solamente sorprende la virulencia de las posiciones postduales a quien ignore la violencia silenciosa que existía en la injusticia entre varones y mujeres. El movimiento #MeToo ha puesto de manifiesto cómo hasta hoy en día la mujer es explotada, dominada y alienada tanto en países empobrecidos como en los centros más prestigiosos de Occidente, como es el caso de los campus universitarios estadounidenses o la industria del cine y televisión.

La sociedad actual percibe con una presión inusitada la injusticia de género y cómo el género ha sido un instrumento del poder para el control de la población. Hasta los varones han sido controlados mediante un tipo de masculinidad, la que les ha llevado a morir en las trincheras de las guerras o a deslomarse en trabajos de jornadas sin fin. La liberación de la mujer necesita la liberación del hombre.

Es tan fuerte la sensación de poder que hay detrás de la experiencia de género, que ese malestar se expresa mediante la ruptura de la dualidad intersexual en nuevos géneros, cambiando de género a libre disposición, inventando nuevos géneros, negando incluso la existencia de género (asexuales) o desvinculándose de la necesidad de plantearse un género. Hay una separación de la propia carnalidad sexual, un idealismo extremo que da forma al género según la imaginación y formas.  

Contorsionismo de género

Ante la agobiante experiencia del género como poder, se recurre al poder del género, a imprimir sobre el género un poder de manipulación y alteración exponencial, un dramático patetismo que moldea el género sin límite de ideación, un contorsionismo de género que es pura expresión de impotencia para vivir plenamente su más profundo significado. El poder individualista y culturalista sobre el género recorrerá todas las opciones que se puedan imaginar.

Como ese movimiento de alteración del género se presenta como una reacción contra el poder de los géneros tradicionales, la política aplica la doctrina de la protección de minorías. Esa política de protección de minorías no solamente garantiza los derechos individuales de libertad de expresión y no exclusión social por razones relacionadas con el sexo. También busca establecer el derecho de género –la libre elección de cualquier tipo de género que el individuo exprese– como un derecho fundamental. En consecuencia, también se busca el establecimiento de la teoría construccionista de género como doctrina política que afecte a todas las políticas transversalmente, muy especialmente a las políticas de familia.

Todo gira alrededor del poder y en la lucha por el poder, las posturas se enconan y radicalizan todavía más. Los construccionistas interpretan que las reacciones dualistas –casi todas de origen religioso– para defender las políticas tradicionales, no hacen sino confirmar que el género es una herramienta de poder y control social. Hay que salir de la espiral del poder. 

Celebración de la semana del orgullo gay en Brasil 24 junio 2017

Veo esa imaginación de otros géneros posibles como una fuga de un dualismo en el que hay gente que se siente encerrada. Si bien precisamente es ahora cuando la femineidad puede expresarse con mayor libertad, la masculinidad se haya en una encrucijada, y no puede haber femineidad plena sin una masculinidad que haya encontrado su ser.

Para dialogar sobre género y abordar el fenómeno del construccionismo de género –el género puede ser construido de cualquier modo que la imaginación y voluntad especulen–, necesitamos, como primer paso, superar la manipulación del género como una herramienta de poder. Y eso es algo que exige una honda revisión y conversión en el seno de la propia comunidad católica.