David Jasso
Vicario episcopal de Pastoral de la Arquidiócesis de Monterrey (México)

¡Cuidado con la pastoral de escritorio!


Hace unos días me llamó la atención una indicación del papa León XIV a los obispos latinoamericanos: no pastorear desde detrás de un escritorio. Parece una recomendación demasiado sencilla y, sin embargo, quizá por eso mismo necesitamos volver a escucharla.



Los problemas de una institución grande suelen llegarnos ya procesados y convertidos en informes, estadísticas, formularios, reuniones, presentaciones, diagnósticos e indicadores, siendo todo eso muy necesario.

Yo mismo paso buena parte de mis días entre reuniones, documentos y procesos pastorales. El problema comienza cuando confundimos el informe sobre la realidad con la realidad misma. Esto me recuerda al papa Francisco que dijo en Evangelii Gaudium que “la realidad es más importante que la idea”. (EG 231).

Una estadística puede decirnos que aumenta la soledad y otra cosa es sentarse con una persona sola. Un estudio puede mostrarnos que los jóvenes se alejan de la Iglesia y otra cosa es escuchar a uno explicar por qué se fue. Un diagnóstico puede señalar que una periferia está creciendo y otra cosa es caminarla.

Centro Studi Internazionale Papa Leone XIV

León XIV en su audiencia con el ‘Centro Studi Internazionale Papa Leone XIV’. Foto: Vatican Media

Hoy el escritorio ya no es solamente un mueble. También puede ser el teléfono móvil, la computadora e incluso la inteligencia artificial. Nunca como en esta época, habíamos tenido tanta información disponible sobre las personas, pues podemos consultar datos, estudiar tendencias, conocer comportamientos, analizar territorios y preguntar a una inteligencia artificial casi cualquier cosa. Todo esto puede ayudarnos muchísimo, pero el problema aparece cuando aquello que debía ayudar a acercarnos termina ahorrándonos el encuentro. Podemos saber mucho de alguien sin haberlo escuchado nunca.

Y aquí pastoral y urbanismo tienen algo inesperadamente parecido: ambos necesitan territorio. Un mapa puede enseñarnos una ciudad pero no puede decirnos completamente qué significa vivir en ella. Podemos conocer cuántas personas habitan un barrio, dónde se desplazan, qué edad tienen o qué servicios necesitan, pero para descubrir cómo viven, qué les duele, dónde se encuentran y qué esperan, todavía hace falta caminar. También la pastoral necesita territorio.

Por eso, antes de preguntarnos cómo llevar nuestros planes a las personas, deberíamos volver a hacer algo mucho más elemental: ir a donde están. No se trata de abandonar los escritorios, apagar las computadoras o desconfiar de la inteligencia artificial, sino de recordar para qué sirven. La tecnología puede acercarnos a la realidad, pero nunca sustituir el acto de pisarla.

Tal vez una de las conversiones pastorales más sencillas de nuestro tiempo consista en levantar nuevamente la mirada de la pantalla. Porque hay preguntas que Google no responde, heridas que ningún algoritmo detecta y personas que nunca aparecerán en nuestros indicadores. Están ahí fuera, y para encontrarlas todavía hace falta salir.

Lo que vi esta semana

Que podemos pasar horas hablando de una realidad sin haber estado realmente en ella.

La palabra que me sostiene

Jesús recorría todas las ciudades y aldeas”. (Mt 9,35).

En voz baja

Quizá antes de preparar el próximo plan pastoral habría que hacer algo más sencillo: salir a caminar.