Fernando Vidal
Director de la Cátedra Amoris Laetitia

2027, el Jacobeo de la sinodalidad


La sinodalidad es la gran esperanza para este cambio de época que vivimos y la aportación decisiva que la Iglesia puede hacer para profundizar en las democracias. Pero el papa León XIV nos advierte que la sinodalidad solo se aprende practicándola, y necesitamos popularizarla con experiencias, imágenes y formas que hagan sencillo comprenderla, interiorizarla y hacerla carne.



El Camino de Santiago ofrece un símbolo universal que nos permite comprender la sinodalidad. Nos hace a todos peregrinos, todos caminamos como iguales con nuestros cuerpos y vidas. La sinodalidad se hace a pie junto al otro, conocidos y personas nuevas, sin divisiones ni polarizaciones, unidos en la sencillez, con la mirada alzada al horizonte. Juntos discernimos la ruta y nos ayudan las flechas amarillas de la tradición. Comulgamos con la Creación.

Mujeres. Camino de Santiago

Dos mujeres realizan el Camino de Santiago. Foto: EFE

Las motivaciones iniciales son diversas, hay encuentros improbables. Es el Camino de los encuentros, de conversaciones de corazón, escucha, confidencias, confianzas y mucho silencio. La solidaridad, compartir lo sencillo, alentar en el cansancio, aprender del otro.

La peregrinación mueve las fuentes existenciales y bebe del más profundo manantial. La peregrinación compostelana es clásicamente trinitaria: el Padre es Origen, Creador y Horizonte, Cristo es el Camino, el Espíritu camina con y en nosotros.

Peregrino en una peregrinación

Los caminos van convergiendo desde inicios muy distantes. El Camino sinodal requiere constancia, tolerancia, humildad, conciencia de fragilidad… Se pasa por todo los estados de ánimo. Hay roces y reconciliaciones, hay tramos solos y grupales, hay meditación y celebración, se reúne el pasado milenario y el futuro. Eres un solo peregrino y somos juntos una peregrinación.

Hay dudas, abandonos, comunión intergeneracional… Los caminos de Santiago son una metáfora viva que ayuda a comprender y vivir la sinodalidad. Es posiblemente el símbolo viviente que más puede ayudarnos a popularizar la sinodalidad. El Jacobeo de 2027 es una gran oportunidad.