En la continuidad de su gira apostólica, el Santo Padre visitó el campus de la Universidad Católica del Uruguay (UCU), emulando la histórica visita que san Juan Pablo II realizó a dicha casa de estudios hace poco más de 38 años.
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Ante el Gran Canciller de la institución, cardenal Daniel Sturla, sdb; el rector, P. Julio Fernández Techera, sj.; obispos, autoridades civiles, profesores y estudiantes de diversos centros educativos del país, el Papa habló sobre el rol de la educación católica, definiéndola como la vía formal para que “el Evangelio se convierte en gesto educativo, relación, cultura”.
“La preciosa misión de educar”
En el encuentro con el mundo de la educación, el rector de la Universidad Católica del Uruguay (UCU), el Rector le dio la bienvenida, y dijo que el país vive “un tiempo de gozo” con su visita. Los 360 presentes en el Aula Magna y los casi mil que siguieron el acto desde la Terraza, expresó, están felices de recibir al Sucesor de Pedro “para ser confirmados en su fe y en su quehacer educativo”.
El rector recordó que cómo la Iglesia participa de la enseñanza en el país desde 1680, cuando, tras la fundación de Colonia del Sacramento por los portugueses, un grupo de religiosos de la Compañía de Jesús abrió el primer centro educativo de la Banda Oriental.
Hoy, detalló, la Iglesia cuenta con 160 colegios, 170 centros de educación no formal, la Facultad de Teología, dos universidades y otras obras surgidas de grupos católicos. Subrayó que son miles los educadores cristianos que, en centros de la Iglesia, en la educación pública y en otras instituciones privadas, se dedican a educar, guiar y “nutrir las mentes”, y a anunciar la Buena Nueva a niños, adolescentes y jóvenes. Todos, dijo, esperan del Papa palabras de fe, aliento y sabiduría.
Como anfitrión, se refirió a lo que significa a aquella ocasión en la que, hace 38 años, San Juan Pablo II habló al mundo de la cultura en esa misma casa de estudios. En aquel momento la universidad tenía tres años y ningún graduado. Hoy, afianzada en la sociedad uruguaya, cuenta con 8 mil estudiantes y casi 30 mil graduados. Finalmente, le pidió la bendición para que la UCU “siga siendo fiel a su misión y fecunda en su servicio”.
Paseo por los cinco sentidos
Seguidamente, el Pontífice tomó la palabra y en su mensaje, frente a la actual coyuntura global, remarcó la urgencia de “superar las visiones dualistas” que reducen el cuerpo humano a un mero objeto, y propuso un reflexivo “paseo” a través de los cinco sentidos para redescubrir la dignidad humana:
- La vista y la contemplación: Inspirado en los doce edificios del campus que se integran armoniosamente al barrio, el Papa abogó por devolverle un lugar privilegiado a la contemplación para fomentar la atención, el silencio y el discernimiento en los jóvenes frente a la dispersión actual.
- El tacto y las manos por la paz: En alusión a los dedos humanos, lamentó que hoy en día estos produzcan la más terrible de las obras: la guerra. Ante esto, convocó a la educación a revalorizar el tacto, asegurando que “quien se siente abrazado por el Padre es, inevitablemente, un constructor de paz”.
- El gusto y el discernimiento tecnológico: El Papa diferenció la acumulación de datos de la verdadera sabiduría. En este eje, planteó que es urgente que la educación escolar y universitaria contribuya al “uso sabio de las tecnologías y la IA, colocando a la persona antes que el algoritmo y armonizando las inteligencias técnica, emocional, social, espiritual y ecológica”.
- El olfato contra la deshumanización y el descarte: Aludiendo al “buen olor del Mesías”, León XIV denunció la paradoja contemporánea de atribuir inteligencia a los sistemas computacionales mientras se descarta a las personas cuando ya no se consideran productivas. “Necesitamos proclamar de nuevo que la vida humana se respeta en todas sus fases y estados. Nadie puede ser rechazado”, enfatizó.
- La escucha abierta: Para concluir, instó a afinar el oído para escuchar la voz interior y de la verdad, remarcando que la educación católica no debe ser un circuito cerrado, sino que debe acostumbrarse a escuchar a las familias, a la sociedad civil, a las autoridades políticas y a los sectores laborales.
El Santo Padre concluyó su alocución animando a toda la comunidad educativa de Uruguay a persistir en su labor evangelizadora, asegurando que el Evangelio nunca envejece y que el auténtico maestro es aquel que, emulando la tradición de san Agustín, logra despertar en sus alumnos el deseo profundo de la verdad y educa su libertad.
