La plataforma Laudato si’ vuelve a crecer, pero la mayoría de las diócesis sigue fuera

La iniciativa vaticana suma 13.652 cuentas y rompe tres años de caída, mientras prepara una nueva fase para llegar a más Iglesias locales y comprobar si la conversión ecológica está cambiando realmente sus decisiones

Borgo Laudato Si
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La Plataforma de Acción Laudato si’ ha vuelto a crecer en 2026 después de tres años consecutivos de descenso. Pero cinco años después de su lanzamiento todavía tiene una asignatura pendiente: llegar a las diócesis. La mayoría continúa fuera de la plataforma y acercarse a ellas será una de las prioridades de la nueva etapa que el Vaticano quiere abrir hasta 2031.



A 30 de septiembre de 2026, la iniciativa impulsada por el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral reunía 13.652 cuentas: 6.238 correspondientes a instituciones y 7.414 a familias y personas. La participación, sin embargo, no avanza de la misma manera en toda la Iglesia. La vida religiosa es uno de los ámbitos donde la plataforma ha conseguido una mayor implantación, mientras que la mayoría de las diócesis aún no están inscritas.

Ese desequilibrio llega precisamente cuando sus responsables quieren dejar atrás una primera etapa centrada en extender la iniciativa para preguntarse qué está cambiando realmente detrás de esas cifras. “Hemos pasado cinco años demostrando que la Iglesia está dispuesta a responder. Los próximos cinco años deben demostrar qué está dispuesta a cambiar”, ha resumido este miércoles Lorna Gold, directora ejecutiva del Movimiento Laudato si’.

2026 rompe tres años de caída

El crecimiento de este año supone un cambio de tendencia. La plataforma registró 3.224 nuevas inscripciones en 2021 y 3.468 en 2022, coincidiendo con el impulso inicial del proyecto. Después comenzó el descenso: 1.834 en 2023, 1.741 en 2024 y 1.341 en 2025. En 2026, con datos todavía parciales hasta septiembre, la cifra ha vuelto a subir hasta 2.081 nuevas cuentas, superando ya el total alcanzado durante cada uno de los tres años completos anteriores.

El repunte procede especialmente de individuos y familias, mientras que la incorporación de instituciones avanza de forma más gradual. El informe lo relaciona con un nuevo ciclo de campañas, la Semana Laudato si’, diferentes seminarios web, el Bootcamp de Misioneros Digitales y mejoras introducidas en la propia web.

“Una inscripción es un comienzo, no un logro”

Alonso de Llanes, director del programa de la Plataforma de Acción Laudato si’, ha puesto precisamente el límite sobre las cifras. “Una inscripción es un comienzo, no un logro. Un plan es un compromiso, todavía no un resultado. Y una acción declarada como completada no necesariamente nos dice qué ha cambiado”, ha reconocido.

La propia documentación metodológica advierte de que una inscripción únicamente refleja la intención de elaborar un plan y la conexión con la plataforma. No acredita que ese plan haya sido ejecutado ni permite conocer por sí sola la actividad ecológica real de una institución.

Lo mismo ocurre con las acciones. Son los propios participantes quienes las declaran como realizadas y no existe una comprobación independiente de sus resultados. Por eso, el informe lo formula con claridad: los datos “describen participación, no impacto”.

Reciclar sigue siendo la acción más repetida

Desde mayo de 2025, los participantes pueden marcar como completadas las iniciativas que propone la plataforma. Las más frecuentes son también algunas de las más sencillas de poner en marcha. Reciclar ocupa el primer puesto, con un 7,4% de las acciones declaradas en 2025 y un 7,5% en 2026. Le siguen comprar alimentos a productores locales, compostar e instalar iluminación eficiente.

Nueve de las diez acciones más repetidas durante 2025 siguen entre las diez primeras este año. Su ventaja es que, en muchos casos, pueden iniciarse sin grandes inversiones, nuevas políticas institucionales o procesos complejos de autorización. Pero esa accesibilidad es también una de las preguntas que plantea la siguiente fase: cómo conseguir que un gesto concreto termine convirtiéndose en un cambio estable.

Uno de los ejemplos más claros aparece en la plantación de árboles. Desde mayo de 2025, “plantar árboles nativos” se ha marcado como completado 126 veces. El problema es que ese dato no permite saber cuántos árboles sobrevivieron, si fueron regados durante la estación seca o si existía un plan para garantizar su mantenimiento.

En Nigeria, la Conferencia Episcopal ha impulsado una campaña para que cada diócesis plante 20.000 árboles al año durante cinco años. La meta todavía no se ha alcanzado y sus responsables reconocen que hace falta cambiar de enfoque. “Debería haber un cambio de paradigma, de la expresión ‘plantar árboles’ a ‘hacer crecer árboles'”, resume Onu Pascal. “A veces, la decisión ecológica más responsable no es plantar otro árbol. Es garantizar que los que ya se han plantado sobrevivan”, ha insistido De Llanes.

Las congregaciones avanzan más que las diócesis

La implantación de la plataforma tampoco es homogénea dentro de la propia Iglesia. La vida religiosa aparece como uno de los sectores donde más ha avanzado. La plataforma estima que alrededor del 53% de las congregaciones religiosas del mundo están inscritas.

La cifra debe manejarse con cautela: el propio Vaticano señala que se trata de una estimación provisional, todavía pendiente de confirmar el número global de congregaciones utilizado como referencia y de depurar posibles duplicados. Aun así, los responsables consideran que las redes propias de la vida religiosa ayudan a que las iniciativas circulen entre provincias, comunidades, colegios, hospitales y otras obras vinculadas a una misma congregación.

Además, muchas trabajan precisamente en ámbitos donde se cruzan las preocupaciones de Laudato si’: educación, salud, pobreza, migraciones, agricultura, espiritualidad y justicia. En las diócesis la realidad es distinta. “Las diócesis podrían conectar la acción de parroquias, escuelas y comunidades de todo un territorio, pero la mayoría aún no están inscritas”, reconoce la documentación difundida por la plataforma.

“No basta una invitación”

La prefecta del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, Alessandra Smerilli, ha situado este cambio de etapa en el décimo aniversario de la encíclica Laudato si’. “No es un texto nacido para ser solamente leído o citado”, ha afirmado sobre el documento de Francisco.

La cuestión, diez años después, es comprobar si esa llamada a la conversión ecológica ha llegado “no solo a las palabras”, sino también “a la tierra que cultivamos, a los jóvenes que educamos, a las decisiones de nuestras instituciones”. Smerilli ha recuperado además una expresión de León XIV sobre la necesidad de pasar “de los discursos ambientalistas a una conversión ecológica que transforme el estilo de vida personal y comunitario”.

Asimismo, ha recordado que el cuidado de la creación “no constituye algo opcional ni un aspecto secundario de la experiencia cristiana”. Los primeros cinco años han dejado además una lección práctica: “Hemos aprendido que una invitación no basta: quien pide un compromiso debe también acompañar a quien lo asume”.

ALESSANDRA SMERILLI Scaled

¿Está cambiando la forma en que decide la Iglesia?

Para Smerilli, el verdadero examen de la plataforma no consiste simplemente en sumar actividades. Durante estos años han aparecido huertos escolares, proyectos de reforestación, cambios en el consumo energético de instituciones eclesiales o programas universitarios inspirados en la ecología integral.

Pero la prefecta del dicasterio plantea otro criterio: “La medida más verdadera del camino es si la encíclica está cambiando el modo en que nuestras instituciones deciden y se renuevan”. “¿Estamos educando a los jóvenes en la responsabilidad hacia la creación? ¿Utilizamos los bienes con sobriedad? ¿Sabemos acercarnos a los pobres, los primeros que sufren cuando la creación es herida?”, ha preguntado.

“La emergencia climática no esperará”

“La emergencia climática se está intensificando. Las comunidades ya están afrontando fenómenos meteorológicos extremos, degradación ambiental, desplazamientos y amenazas a sus medios de vida”, ha advertido Lorna Gold. Para la directora del Movimiento Laudato si’, el próximo quinquenio necesitará “mayor valentía institucional”, lo que significa que la conversión ecológica llegue a “las decisiones sobre inversiones, energía, educación, propiedad, compras y gobernanza”, en lugar de quedar reducida a actividades medioambientales puntuales.

“La voluntad de actuar y la capacidad de actuar no son lo mismo”, ha añadido. Una parroquia, diócesis o congregación puede querer participar y carecer de financiación, conocimientos técnicos, personal o incluso una conexión estable a internet. “No podemos llamar verdaderamente global a nuestra respuesta si las comunidades que afrontan los mayores obstáculos son las que tienen menos recursos para participar”, ha señalado.

Por ello, ha reclamado reconocer a las comunidades de África, Asia, América Latina y Oceanía “no solo como participantes o beneficiarias, sino como líderes cuyo conocimiento necesita el conjunto de la Iglesia”. “La emergencia climática no esperará a que nuestras instituciones se sientan cómodas con el cambio”, ha concluido.

Un atlas para conectar diócesis y experiencias

Entre las principales novedades está el nuevo Atlas Digital Laudato si’, que combinará información sobre las instituciones católicas participantes con datos geográficos y climáticos. Será posible seleccionar un país o una diócesis, localizar instituciones inscritas y, siempre que estas lo autoricen, consultar sus planes y experiencias. La herramienta incorporará también datos sobre deforestación, emisiones o exposición a huracanes.

“No son simplemente puntos en un mapa. Son instituciones que sirven a comunidades reales en entornos sometidos a presiones reales”, ha explicado De Llanes. El objetivo es “ayudar a las instituciones a tomar decisiones mejor informadas y aprender del trabajo que ya está en marcha”.

La plataforma estudiará, además, la incorporación de herramientas de inteligencia artificial capaces de ayudar a las instituciones a localizar recursos e identificar posibles respuestas según su realidad ambiental y pastoral. También se utilizarán para intentar mejorar la evaluación de los resultados. Pero sus responsables marcan un límite.

“La inteligencia artificial puede ayudarnos a encontrar posibles respuestas. No puede decidir qué respuestas son las adecuadas para una comunidad”, ha afirmado De Llanes. Por ello, la plataforma dedicará además un taller específico a inteligencia artificial, creatividad humana y ecología integral, incluyendo cuestiones como el coste ambiental de estas tecnologías y la necesidad de mantener el juicio humano.

Que participar no dependa del ancho de banda

La nueva etapa intentará también eliminar algunas barreras de entrada. Por primera vez, el itinerario principal de la plataforma podrá realizarse sin conexión a internet. Las comunidades podrán utilizar materiales impresos para reflexionar, elaborar planes, establecer acciones y revisar posteriormente sus progresos.

“La participación en la conversión ecológica de la Iglesia no debería depender del ancho de banda”, ha defendido De Llanes. “Una comunidad no debería quedar excluida de este camino simplemente porque no pueda conectarse de manera fiable a una página web”. “El conocimiento que necesitamos ya existe en muchos lugares. Pero con demasiada frecuencia las personas que lo poseen no pueden encontrarse entre sí”, ha explicado.

El objetivo: 1.000 diócesis en 2031

La hoja de ruta de los próximos cinco años pone cifras a esa expansión. La plataforma quiere alcanzar en 2031 50.000 participantes, 20.000 instituciones católicas y 1.000 diócesis representadas. Para ello prevé formar embajadores entre obispos, sacerdotes y seminaristas, desarrollar el Atlas Digital, ampliar la red de misioneros digitales y mejorar el acompañamiento a las comunidades.

Pero el reto será también pasar progresivamente de contabilizar actividad a comprender qué transformaciones provoca. Como resume Robert J. Vitillo, asesor principal de la Plataforma de Acción Laudato si’ en el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, “una plataforma puede ayudarnos a encontrarnos, pero el trabajo lo llevan adelante las personas”.

De cuarenta días a cuarenta años

La presentación ha incluido también la experiencia de Allwyn D’Silva, obispo auxiliar emérito de Bombay, que ha relatado cómo la preocupación ecológica fue incorporándose progresivamente a la vida de su archidiócesis. Una de las iniciativas fue el llamado “ayuno de carbono”, que durante la Cuaresma invitaba a revisar decisiones cotidianas relacionadas con el consumo de electricidad, agua o plásticos.

“Pueden parecer cosas pequeñas. Pero nos recuerdan que la fe puede cambiar incluso los hábitos que apenas percibimos”, ha señalado. Varias parroquias han desarrollado también sistemas de recogida de agua de lluvia, energía solar, reducción de plásticos y protección de la biodiversidad.

El problema, ha reconocido D’Silva, es conseguir que estas iniciativas sobrevivan a las personas concretas que las pusieron en marcha: los párrocos cambian, los voluntarios se marchan y aparecen nuevas prioridades. Por eso, el cuidado de la creación necesita incorporarse de manera estable a la planificación pastoral. “Si nuestra fe puede cambiar lo que elegimos durante cuarenta días, ¿por qué no debería cambiar lo que nuestras instituciones eligen para los próximos cuarenta años?”, ha resumido D’Silva.

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