‘Venite ad me’ (‘Vengan a mí’), es el título de las ‘Consideraciones sobre la transmisión de la fe en el cambio de época’, del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, publicadas el pasado 22 de octubre. De entrada, llama la atención que el subtítulo retome la frecuente expresión del papa Francisco, quien afirmaba que la humanidad estaba viviendo no una época de cambios, sino un cambio de época, con transformaciones profundas y aceleradas. A reserva de que le invito a la lectura y reflexión del texto completo -no es muy largo, pues consta de 144 numerales-, ofrezco siete elementos que me llamaron la atención.
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- La fe nace del encuentro personal con Cristo. El documento recupera lo dicho por Benedicto XVI (#24): “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida…”.
- La familia es el primer lugar de transmisión de la fe. El Dicasterio nos recuerda que, sobre cualquier catequesis parroquial o escolar, es en la familia en donde se siembran las primeras semillas de la fe, pues ella es el primer ‘tabernáculo’ en donde los niños aprenden a ser discípulos de Jesús de Nazaret (#37).
- La sociedad actual plantea nuevos desafíos: adaptar el lenguaje y los métodos de evangelización. Se reconoce que estamos ante una crisis de la transmisión generacional de la fe cristiana (#47), y se constata que uno de los signos más evidentes del cambio de época es la difusión de las tecnologías digitales (# 59).
- El centro de la evangelización es el kerygma. El capítulo IV (#s72-86) parece redactado por un obispo que participó en la reunión de Aparecida (2007), en la que se insistió en compartir la experiencia de la propia fe. Y no se trata solo de un lenguaje diferente, sino de una relación interpersonal, en la que se da y se recibe.
- La fe se transmite mediante el testimonio, no solo con palabras. Y el texto habla de tres dimensiones fundamentales en el ejemplo de los creyentes: el de la santidad, el de la cercanía y el de la opción preferencial por los pobres (#95). La relación con ellos no puede reducirse “a una actividad o a una oficina” (#97).
- La fe debe conducir a una transformación de las culturas. La transmisión de la fe no se da en el aire, e impacta de manera decisiva en tradiciones y costumbres (#102). No se trata de imponer nuevos moldes de comportamiento, sino de ofrecerlos. La inculturación de la fe es diversificada, de acuerdo a los diferentes contextos (#106).
- La comunidad cristiana debe ser acogedora. Concluye el documento afirmando que la sencillez de la caridad, manifestada en la amabilidad y la acogida, es la que muchas veces abre las puertas de la fe (#137), de acuerdo a diversos testimonios enviados por las Conferencias Episcopales y recogidos por el Dicasterio.
Celebro que en la propuesta vaticana esté ausente la catequesis moralista y dogmática, muchas veces condenatoria, y se ofrezca más bien una dialógica e incluyente: salvífica.
Pro-vocación
Vaya contundencia profética la de Santiago Agrelo, arzobispo emérito de Tánger, y con 84 años a cuestas. Hace años afirmó: “Tenemos alergia a los pobres, y eso se convierte en alergia a los inmigrantes”. Pues acabo de leer en su página de Facebook: “El mundo de la Iglesia apesta a clero y no a oveja; a paternalismo y no a fraternidad; a señores y no a siervos; a dueños y no a hermanos”. Órale.
