Fernando Vidal
Director de la Cátedra Amoris Laetitia

La dignidad política de James Talarico


De los peores tiempos brotan los mejores. En medio de la densa noche estadounidense, brilla la fe de un joven político texano. James Talarico, de 38 años, es un maestro de Primaria y graduado en Teología que ha ganado por primera vez en un distrito que nunca había votado a un representante demócrata. Obtuvo más del 78% del voto.



Este joven presbiteriano, de una intensa religiosidad, critica abiertamente la perversa manipulación que el nacionalcristianismo está haciendo del mensaje evangélico. A la vez, muestra la fecundidad de lo religioso para su creatividad política, como es el caso de la oración: “La oración, durante unos minutos por la mañana o a lo largo del día, es intentar tocar la eternidad incluso estando atrapado en un mundo finito”, comparte (‘The New York Times’, 13 de enero de 2026).

James Talarico, candidato demócrata al Senado por Texas

James Talarico, candidato demócrata al Senado por Texas, durante el cierre de campaña el pasado 26 de octubre. Foto: EFE

En el centro de su propuesta está lo que denomina una política ‘encarnacional’. Se refiere a que la Encarnación de Jesucristo culmina la revelación de la sacralidad de la dignidad humana y que, por su vida, descubrimos plenamente que “en el rostro del prójimo vislumbramos el rostro de Dios”.

Cada persona es sagrada

En conclusión, “incluso si no eres formalmente religioso, si crees que cada persona es sagrada, que cada persona es santa, que cada persona lleva la imagen divina, eso debería cambiar fundamentalmente la forma en que participamos en la política, cómo tratamos a nuestros vecinos y cómo tratamos a nuestros enemigos”.

La refundamentación de la civilización de los Derechos Humanos y la democracia debe poner como piedra angular no solamente la dignidad de cada persona humana como principio jurídico y ético, sino como un hecho sagrado. Debemos recuperar las categorías de santidad y sacralidad para acometer la reconstrucción de la laica vida pública. La dignidad humana es la medida de todas las cosas.