Mary T. Barron: “Romper un techo de cristal en la Iglesia es ampliar el espacio para otras”

Mary T. Barron. OMP
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León XIV ha puesto en manos de Mary T. Barron las Obras Misionales Pontificias. La misionera irlandesa reconoce, en conversación con ‘Vida Nueva’, que se quedó “muy sorprendida” cuando le propusieron asumir la presidencia de OMP. También que el reto le daba miedo. Y es que se convierte ahora en la primera mujer que ocupa esta posición, tras años de misionera en Tanzania y de presidir la Unión Internacional de Superioras Generales (UISG).



PREGUNTA.- Tanto Francisco como León XIV han mostrado su confianza en usted. ¿Qué significa ese apoyo?

RESPUESTA.- Estoy profundamente agradecida por la confianza que ambos han depositado en mí. Francisco me honró nombrándome miembro del Dicasterio para la Evangelización. León XIV realmente me ha honrado a mí y a nuestra congregación con este nombramiento, pero no veo su confianza en mí como un privilegio personal.

Es más bien un reconocimiento, por parte de ambos, de la vitalidad misionera de las religiosas en todo el mundo. Personalmente, ellos me muestran con su ejemplo que los cargos “importantes” son llamadas a servir con humildad, valentía y fidelidad al Evangelio. El liderazgo en la Vida Religiosa y en la Iglesia debe estar siempre al servicio.

Maestras africanas

P.- Pasó muchos años como misionera en Tanzania, trabajando especialmente con mujeres y jóvenes. ¿Qué le enseñó aquella experiencia y cómo influirán esas lecciones en la forma en que afrontará su nuevo servicio?

R.- Era una misionera muy joven cuando fui por primera vez a Tanzania, con muchísimo que aprender. Quizá mi primera lección fue de fe, ya que esta ha estado profundamente marcada por las mujeres con las que trabajé en África. No eran simplemente beneficiarias de la misión: fueron mis maestras.

Su manera de vivir la fe –silenciosamente, con valentía y con una profunda confianza en Dios– influyó en mí más de lo que cualquier formación formal podría haberlo hecho. Vi a mujeres que soportaban cargas inmensas y, sin embargo, rezaban con una alegría que nacía de saber que Dios las sostenía. Vi a madres que, a pesar de la pobreza o la inseguridad, compartían lo poco que tenían porque creían que la generosidad forma parte del Evangelio.

Su ejemplo me enseñó que la fe crece a través de la comunidad, de la solidaridad, de los gestos cotidianos de cuidado y compasión. Me ayudaron a comprender que la misión es mutua: nos evangelizamos unos a otros. Su valentía, su perseverancia, su capacidad para encontrar a Dios en los momentos ordinarios y difíciles de la vida profundizaron mi propia confianza en la presencia de Dios.

Mary T. Barron. OMP

Mary T. Barron, presidenta de las Obras Misionales Pontificias. Foto: Daniel Ibáñez

En muchos sentidos, las mujeres a las que acompañé se convirtieron para mí en el rostro del Evangelio. Su testimonio, que continúa guiándome hoy, me condujo a una fe más profunda, que por supuesto fortalece la esperanza. Caminar con ellas me enseñó a amar con mayor generosidad.

De manera práctica, mi experiencia misionera me enseñó a escuchar antes de actuar y a dejar que la comunidad dé forma a la misión. En muchas ocasiones no tenía ninguna respuesta; ¡ni siquiera sabía qué preguntas hacer! La vida misionera me enseñó que el camino que recorremos juntos es tan importante, si no más, que nuestro destino.

Imagino que estas lecciones me ayudarán a dar forma a la manera en que afronte este servicio, en el que espero que lo que somos y todo lo que hacemos esté siempre centrado en Cristo y en dar testimonio de Cristo. Espero construir relaciones y tener un estilo sinodal de trabajo conjunto con las muchas personas, tanto dentro del Dicasterio como en todo el mundo, que están comprometidas con las OMP.

Hacia la corresponsabilidad

P.- ¿Qué siente al romper este particular “techo de cristal” en la Iglesia?

R.- Este nombramiento ofrece otra señal de que, como Iglesia, estamos comprometidos en caminar verdaderamente hacia la corresponsabilidad. También es especialmente significativo porque reconoce el compromiso misionero de larga trayectoria de las religiosas y los papeles de liderazgo que desempeñan en muchas comunidades de todo el mundo.

Romper un “techo de cristal” es siempre un momento importante, pero tiene menos que ver con un logro personal y más con ampliar el espacio para otras. No hace tanto tiempo que no había ninguna mujer en este nivel de liderazgo de la Iglesia y en los últimos años han cambiado muchísimas cosas. Me siento muy feliz de representar a todas estas mujeres y de llevar su voz al Dicasterio para la Evangelización.

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