José Beltrán, director de Vida Nueva
Director de Vida Nueva

Requiem por Patricio Alfredo


SÁBADO

Fernando Murga tiene enchufe. No se lleven las manos a la cabeza. No ha comprado su mitra. Ni tiene pase vip en Nunciatura o en el Dicasterio vaticano del ramo. Es literal. A primera hora de la mañana, toca dejar todo listo en la cancha de fútbol del Seminario de Madrid para recibir a los chavales del tren misionero. Y ahí está.

No lleva ni un día de obispo auxiliar y se ha pegado el madrugón para salir ‘al auxilio’ de quienes preparan la iniciativa vinculada al Domund, apañando lo mejor posible el alargador para dar energía a los que montan el escenario. Si buscaban un pastor a pie de barro, se llama Fernando. Arquitecto para todo.



Por la tarde, del Seminario de Madrid al Encuentro de Rectores y Formadores de Seminarios Mayores organizado por la Conferencia Episcopal. Toma la palabra Emilio Lavaniegos para hablar de los centros de formación para los futuros sacerdotes como “escuela de los afectos”. De inmediato, mi cabeza se va a la sexualidad. Y sí, es clave. Pero no afrontándola como un ámbito desgajado. Sobre la mesa se ponen las renuncias afectivas que hay detrás (a tener pareja y a los hijos), el efecto de la muerte de los padres… y la aceptación de la soledad. La madurez del yo que sabe abrazar la soledad, que no es enjaularse en el aislamiento.

DOMINGO

Cien años del Domund. Y pienso en Rosa Porta. Compañía Misionera del Sagrado Corazón. Se despidió solo unos días antes. Más de treinta años al frente de una leprosería en la India. Y, a su vuelta, no se jubiló. Nos zarandeó a unos cuantos con su sonrisa y su dulzura para reavivar la animación misionera. Esa que escasea o que se ha quedado en un segundo plano ante la urgencia reevangelizadora y la falta de relevo tanto aquí como allá. Ella no se enredaba en esas cuitas. Simplemente anunciaba buenas noticias. Y la Buena Noticia.

El sacerdote redentorista Patricio Alfredo Sánchez Molinari celebrando la misa

El sacerdote redentorista Patricio Alfredo Sánchez Molinari celebrando la misa. Foto: Facebook

LUNES

Se hace viral. Un sacerdote redentorista de Guayaquil fallece en plena eucaristía por el golpe recibido por la cruz que preside su parroquia. Patricio Alfredo. De 53 años. Pocos minutos antes había predicado la homilía. “Un día todos los que estamos aquí vamos a morir y, a veces, el tiempo que utilizamos en tantas cosas no tiene tanto sentido como el tiempo de calidad que damos a Dios, a los hermanos, al esposo, a la esposa, a los hijos, a la familia. Ese tiempo es el mejor gastado”. Me temo que, más allá del impacto de la escena y de cierto morbo en una alocución premonitoria, no se repare en sus palabras. Tiempo de calidad.